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10.2.16

MIÉRCOLES DE CENIZA

Hoy, 10 de febrero de 2016, es Miércoles de Ceniza. El Miércoles de Ceniza es un día privilegiado litúrgicamente hablando, ya que en la tabla de los días litúrgicos según la precedencia aparece en el segundo grupo, al mismo nivel que los domingos de Adviento o la octava de Pascua por ejemplo. En este día comienza uno de los llamados «tiempos fuertes»: la Cuaresma. Es día de ayuno y abstinencia (como el Viernes Santo) y la Liturgia nos presenta el rito, característico, de la imposición de la ceniza.
En la Misa de hoy día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente.
Tras la Antífona de entrada se omite el acto penitencial y se pasa directamente a la Oración Colecta y a la Liturgia de la Palabra.
Acabada la homilía, el sacerdote procede a la bendición de la ceniza y pronuncia una oración. Tras rociar con agua bendita la ceniza, el sacerdote procede a imponerla en la cabeza o en la frente a los presentes con cualquiera de las dos fórmulas que propone el Misal: «Convertios y creed en el Evangelio» o bien «Acuérdate de que polvo eres y al polvo volverás». Es conveniente que el sacerdote presidente también se la imponga o le sea impuesta por algún fiel. Debe ser el primero en dar ejemplo de que se suma también a ese camino de conversión. Se debe tener preparada una toallita y agua o limón para que el sacerdote se lave las manos tras el rito de la imposición.
Después sigue la Oración de los fieles y continua normalmente la Liturgia eucarística. No se dice el Credo.
También existe la posibilidad de imponer la ceniza fuera de la misa. En este caso debe ir acompañado el rito con una Liturgia de la Palabra.
Los días posteriores a este miércoles, hasta el primer domingo de Cuaresma, se llaman jueves, viernes y sábado después de Ceniza. El color morado de las vestiduras sagradas es el propio de este tiempo.
Haciendo un poco de historia de este rito al principio se limitaba a los penitentes públicos, o sea, al grupo de pecadores que recibirían la reconciliación el Jueves santo. Desde el siglo XI comenzó a aplicarse este rito a todos los cristianos. Toda la comunidad se reconocía pecadora y se convirtió en un gesto de conversión cuaresmal.
La ceniza nos recuerda nuestra condición débil y caduca. Además, somos pecadores.
En el Antiguo Testamento hay numerosos ejemplos del uso de la ceniza como elemento penitencial y de arrepentimiento, Baste esta cita: «Josué desgarró sus vestidos, se postró rostro en tierra y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas y oraban a Yahve» (Jos7,6).
Terminamos recordando lo dispuesto sobre el ayuno y la abstinencia.
* La abstinencia de carne o de otro alimento dispuesto por la Conferencia Episcopal se debe guardar todos los viernes de año, que tienen siempre carácter penitencial y no sólo los viernes de Cuaresma, como suele creerse. Ayuno y abstinencia serán solamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
La ley de la abstinencia obliga a los mayores de 14 años y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida al día, y algo de alimento por la mañana y por la noche. La abstinencia se refiere a productos de carne u otros. El sentido es de renuncia voluntaria a algo que nos agrada y ofrecerlo para los necesitados además de un sentido penitencial. No se trata pues de un acto «masoquista» ni de renunciar o hacer sacrificio por el hecho de hacerlo. El ayuno y la abstinencia no son un fin en sí mismo, más bien deben ser un reflejo de la actitud interior de conversión. Como la ley del ayuno es única e indivisible, una vez quebrantada, culpable o inculpablemente, se podría seguir comiendo sin que por ello se cometiera una nueva falta. No sucede lo mismo con el precepto de la abstinencia, ya que se faltaría a ella cuantas veces se quebrantara ese día.

Las respectivas Conferencias Episcopales pueden determinar la manera en que se cumple el ayuno y la abstinencia, y sustituirlo en todo o en parte por obras de caridad y prácticas piadosas. (CDC nº 1251 y siguientes). Por ese motivo, en la diócesis de Sevilla, el arzobispo considera que acudir o participar en las procesiones que efectúan las cofradías es un acto piadoso, que sustituye al ayuno y a la abstinencia y por ese motivo dispensa a los fieles de esa práctica, pero entendiendo que se refiere a aquellos que participen devotamente en los actos de religiosidad popular.

7.2.16

LAS INDULGENCIAS Y EL AÑO DE LA MISERICORDIA (y II)

En el anterior artículo dedicado al tema de las indulgencias ya hablamos de en qué consistían y como se ganaban. Queda por decir, para el lector curioso, que en el Enchiridion Indulgentiarum se detallan las oraciones y actos que tienen concedidas indulgencias parciales.
También añadir que, de entre todas las.ciudades del mundo que han celebrado jubileos alguna vez, la Santa Sede ha concedido solamente a seis la autorización para poder celebrar jubileos in perpetuum. Esas ciudades son: Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela (cuando el 25 de julio cae en domingo), Santo Toribio de Liébana, en Cantabria (cuando el 16 de abril cae en domingo), Caravaca de la Cruz, en Murcia  (cada 7 años) y Urda en Toledo (cuando el 29 de septiembre cae en domingo).
También hay jubileos particulares para templos que celebran algún aniversario o similar, como los celebrados en la ciudad de Sevilla concedidos a la Hermandad de la Macarena o a la del Museo por cumplir aniversario concretos. A la Real Parroquia de Santa Ana, en Triana, con motivo de su 750 aniversario, también le ha sido concedió un Año Jubilar, que irá de junio de 2016 hasta julio de 2017.
Menos conocido es el hecho de que en todas las iglesias, oratorios públicos o —por parte de quienes los empleen legítimamente— semipúblicos, puede ganarse una indulgencia plenaria aplicable y solamente en favor de los difuntos, el día 2 de noviembre. Pero en las iglesias parroquiales se puede, además, ganar una indulgencia plenaria dos veces al año: el día de la fiesta del titular y el 2 de agosto, que se celebra la indulgencia de la «Porciúncula», o en otro día más oportuno  que establezca el Ordinario.
Una de las características del Año de la Misericordia consiste, precisamente en la posibilidad de ganar indulgencias plenarias. Los templos jubilares en Sevilla capital son, además de la catedral, las cuatro basílicas menores de la ciudad. Todos los templos jubilares estará abiertos diariamente de 10 a 13:30 y de 17:00 a 21:00 h. Se recomienda que el grupo o persona que quiera ganar el jubileo vaya andando durante un cierto tiempo, peregrinando, hasta el templo elegido.  
Durante este Año Jubilar, todos los sacerdotes podrán perdonar el pecado de aborto, reservado habitualmente al obispo por su especial gravedad. Cometen ese pecado no solo la mujer embarazada, sino también todas las personas –médicos, asistentes, gestores de clínicas especializadas, etc.– que llevan a cabo materialmente ese procedimiento o lo provocan.

ACTOS PREVISTOS EN LA DIOCESIS DE SEVILLA
Los actos previstos en Sevilla por el Año de la Misericordia incluyen acogida a los Misioneros de la Misericordia el próximo Miércoles de Ceniza. Estos sacerdotes, propuestos por sus obispos al Santo Padre, podrán perdonar pecados reservados al Papa, dado que los que los cometen recurren en «excomunion latae sententiae», pecados tales como atentar contra el Santo Padre, la profanación de formas eucarísticas, la absolución a cómplices en pecados sexuales, la ordenación de obispos sin permiso, la ordenación sacerdotal inválida de mujeres o la rotura del secreto de confesión. Además tendrá lugar la iniciativa 24 horas para el Señor, «una apuesta innovadora» que se celebrará del 4 al 5 de marzo con la Exposición del Santísimo en todos los templos jubilares de la Archidiócesis. Igualmente se celebrarán más de una docena de jornadas jubilares con las que se pretende implicar a todos los sectores de la Iglesia diocesana.
Este año de gracia tendrá un gesto especial con los más necesitados como ha pedido el Santo Padre. En el caso de Sevilla se traducirá en la creación de un centro diocesano de empleo encaminado a trabajar por la inserción socio-laboral de los colectivos más vulnerables. El objetivo será la orientación laboral, la formación a través de talleres y la intermediación con las empresas para facilitar la contratación de esta mano de obra que se ha cualificado. El acceso a este centro, que permanecerá en el tiempo más allá del Año Jubilar, se hará exclusivamente a través de las Cáritas parroquiales.
UNA EXPOSICIÓN PARA EVANGELIZAR
Otra de las actividades previstas será la organización de una exposición en la Catedral de Sevilla que será «una catequesis textual y visual» a través de las obras de arte del templo metropolitano y del Palacio Arzobispal. Se inaugurará el 12 de febrero y buscará recuperar el carácter didáctico y evangelizador de estos bienes muebles para «acercar la figura de Jesucristo como rostro de la Misericordia divina para todos los hombres», según ha apuntado el comisario de la muestra, Joaquín de la Peña.
Para terminar, unas palabras de la homilía del Papa en el día de la apertura del Año Santo: 
«¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto? La Iglesia necesita de este momento extraordinario. No digo: es bueno para la Iglesia este tiempo extraordinario, no, no. Digo la Iglesia necesita de este momento extraordinario. En nuestra época de profundos cambios, la Iglesia está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable para todos nosotros, porque contemplando la Divina Misericordia, que supera cada límite humano y resplandece sobre la obscuridad del pecado, podamos transformarnos en testigos más convencidos y eficaces.
Un Año Santo, por lo tanto, para vivir la misericordia. Si, queridos hermanos y hermanas, este Año Santo nos es ofrecido para experimentar en nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia al lado de nosotros y su cercanía, sobre todo en los momentos de mayor necesidad».


9.1.16

LAS INDULGENCIAS (I)

El papa Francisco ha proclamado el Año de la Misericordia, en el que nos hallamos inmersos. Es un año de gracia para recordarnos que debemos ser misericordiosos, como el Padre lo es con nosotros. Eso es lo importante. Pero vamos a destacar uno de los  aspecto más llamativos de este Año Santo, que es un muestra de la misericordia del Padre. Me refiero al tema de las indulgencias, concretamente a la llamada «plenaria» que se puede ganar este año, cumpliendo los requisitos precisos.
Y para desarrollarlo lo haremos en dos artículos. En este primero comenzaremos explicando el asunto de las indulgencias: qué son, qué sentido tienen, en qué consisten, como se ganan, para qué sirven. Ante todo hay que decir que las indulgencias no son restos de una religiosidad ñoña ni pasada de moda, aunque en algunas épocas se haya abusado de su uso y tergiversado, incluso por motivos económicos.
También hay que señalar que la palabra indulgencia se usa en la vida civil, con el sentido de ser poco severo, condescendiente, de perdonar. Ser indulgente o tener indulgencia con una persona o asunto es tratarlo con benevolencia, sinónimo de clemencia. 
La actual doctrina de la Iglesia sobre las indulgencias está recogida en la Constitución Apostólica Indulgentiarum doctrina del papa Pablo VI, publicada el 1 de enero de 1967. Asimismo, la doctrina de la Iglesia nos enseña que existe otra vida tras la muerte. «Espero la resurrección de los muertos  y la vida del mundo futuro» decimos en el CredoAsí pues, nuestra fe nos dice que el alma, al fallecer el ser humano, tiene tres destinos: gloria, separación o Purgatorio. Los sufragios por los difuntos se ofrecen por las almas de los que están o suponemos que están en el Purgatorio. Las demás situaciones no tienen sufragios. Así, no se ofrecen sufragios ni por los santos, a los que se le supone en el cielo, ni por los niños inocentes que aún no han tenido la posibilidad de pecar. Si un alma goza ya de la gloria no necesita sufragios, al igual que si su pecado le ha excluido de la presencia del Padre. Sólo las almas en tránsito pueden ser redimidas. Son las que están en el Purgatorio. La teología actual no habla del cielo, infierno y purgatorio como de lugares, sino más bien como de situaciones en las que se hallan las almas.
La doctrina del Purgatorio nos dice que las penas que hay que pagar o las reliquias del pecado que hay que purificar pueden permanecer, y de hecho frecuentemente permanecen, después de la remisión de la culpa; pues en el purgatorio se purifican, después de la muerte, las almas de los difuntos que hayan muerto verdaderamente arrepentidos en la caridad de Dios; sin haber satisfecho con dignos frutos de penitencia por las faltas cometidas o por las faltas de omisión.
El «Código de derecho canónico» (c. 992) y el «Catecismo de la Iglesia católica» (n. 1471), definen así la indulgencia: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos». Así pues: la indulgencia perdona la pena, no el pecado, del que hay que recibir la absolución sacramental mediante la confesión. A continuación se prescribe que para ser capaz de lucrar indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado, y hallarse en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas. Además, para que el sujeto capaz las lucre debe tener al menos intención general de conseguirlas, y cumplir las obras prescritas dentro del tiempo determinado y de la manera debida, según el tenor de la concesión.
Hay dos tipos de indulgencias: la plenaria y la parcial, de la cual actualmente no se debe especificar tiempo ninguno. El CDC, en su canon 993 dice que «La indulgencia es parcial o plenaria, según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente».
Así pues, la indulgencia plenaria es la que deja libre de toda pena. Se puede aplicar por los difuntos pero no es aplicable a otras personas vivas en la tierra salvo para la que la gana. Sólo  puede lucrarse una cada día. Significa que la persona que muera con esa indulgencia ganada y no haya vuelto a caer en pecado iría directamente a la gloria, al cielo en sentido clásico, sin pasar por el purgatorio.  
La indulgencia parcial se puede ganar varias veces al día y no se puede poner cantidad de tiempo. Se gana de muy diversas maneras: con oraciones, obras de caridad, llevando medallas, visitando lugares. «Puesto que el fiel, mediante su acción —además del mérito, que es el principal fruto de su acción—, puede conseguir también una remisión de la pena temporal, tanto mayor cuanto mayor es la caridad de quien la realiza y la excelencia de la obra, se ha creído oportuno que esta misma remisión de la pena, ganada por el fiel mediante su acción, sea la medida de la remisión de la pena que la autoridad eclesiástica liberalmente añade por la indulgencia parcial»[1].
Los requisitos para ganar la indulgencia plenaria son: confesar sacramentalmente, comulgar, peregrinar al templo elegido atravesando la puerta señalada y rezar por el Papa. Es conveniente, pero no necesario, que la confesión sacramental, y especialmente la sagrada comunión y la oración por las intenciones del Papa, se hagan el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada; pero es suficiente que estos sagrados ritos y oraciones se realicen dentro de algunos días (unos veinte) antes o después del acto indulgenciado. Con una sola confesión sacramental se pueden ganar muchas indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y con una sola oración por las intenciones del Sumo Pontífice solamente se puede ganar una indulgencia plenaria. La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple plenamente recitando un Padrenuestro y un Ave María por sus intenciones; aunque cada fiel puede rezar otra oración, según su devoción y piedad por el Romano Pontífice. Se requiere además, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial.
En un próximo artículo especificaremos algo más sobre este tema y sobre las iglesias de la diócesis en las que se puede ganar la indulgencia plenaria.

 [1] Indulgentiarum doctrina nº 12

26.12.15

CALENDARIO LITÜRGICO 2016

El domingo 29 de noviembre de 2015 comenzó el Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.
Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés apóstol.
El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea reunido el año 325 que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su remate en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del domingo pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año que comienza es Ciclo C, año par.

En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:
I Domingo de Adviento: 29 de noviembre de 2015.
La Sagrada Familia: Domingo, 27  de diciembre de 2015. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 10 de enero de 2016. Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Miércoles de Ceniza: 10 de febrero de 2016. Comienza la Cuaresma.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 20 de marzo de 2016.
Domingo de Resurrección: 27 de marzo de 2016. Comienza el Tiempo Pascual.
La Anunciación del Señor: Lunes 4 de abril de 2016. Solemnidad. Se pasa a este día ya que el 25 de marzo es Viernes Santo.
Ascensión del Señor: Domingo, 8 de mayo de 2016. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 15 de mayo de 2016. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual. 
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Jueves 19 de mayo. Fiesta.
Santísima Trinidad: Domingo, 22 de mayo de 2016. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 29 de mayo de 2016. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 26 de mayo. Solemnidad.
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 3 de junio de 2016. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 20 de noviembre de 2016. Solemnidad
Navidad (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Natividad de María (8 de septiembre), Maternidad Divina (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto).
En el año 2016, el Tiempo Ordinario comprende 33 semanas, de las cuales las cinco primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 11de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 9 de febrero, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la VII semana, el día 16 de mayo, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 26 de noviembre, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico. Este año se omite la VI semana del Tiempo Ordinario.
Otras fechas importantes en la diócesis de Sevilla son las referidas al Año de la Misericordia. Se abrió el 13 de diciembre de 2015 y se cerrará el 13 de noviembre de 2016, en la catedral.
El Miércoles de Ceniza tendrá lugar el envío de los «misioneros de la misericordia», sacerdotes que tendrán la facultad de perdonar los pecados reservados a la Santa Sede.
El 12 de febrero de 2016 se inaugurará una exposición en la catedral de Sevilla que será «una catequesis textual y visual» a través de las obras de arte del templo metropolitano y del Palacio Arzobispal, cuyo comisario será Joaquín de la Peña.
Del 4 al 5 de marzo de 2016 tendrá lugar la iniciativa «24 horas para el Señor» con la Exposición del Santísimo en todos los templos jubilares de la Archidiócesis
El 5 de noviembre la imagen de Jesús del Gran Poder presidirá en la catedral el Jubileo de las hermandades de la archidiócesis de Sevilla.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero: Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo: San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio: Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre: Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre: La Natividad del Señor. Solemnidad

Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo.
Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no solo los de Cuaresma y ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1251 y siguientes).

LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Este año litúrgico nos ofrece la novedad de la renovación de los leccionarios, aunque hasta el 8 de septiembre de 2016 se pueden seguir usando los anteriores.

Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV y Diurnal
Misa
Misal Romano.
Leccionario III: ciclo C (domingos) o bien Leccionario I C.
Leccionario VII: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua o bien Leccionario II.
Leccionario IV: Ferias del Tiempo Ordinario o bien Leccionario III Año par.
Leccionario V: Santoral.
Leccionario VI, cuando se precise (misas votivas y por diversas necesidades)
Leccionario VIII: Rituales.
Leccionario IX: Misas con niños.
Oración de los fieles
Libro de la Sede



27.11.15

LA SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO [1]

El pasado domingo 22 de noviembre de 2015, la Iglesia celebró la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, último domingo del Tiempo Ordinario.
Esta solemnidad fue instituida por Pío XI mediante la Encíclica Quas primas, publicada el 11 de diciembre de 1925, con el fin de afirmar en una sociedad, cada vez más secularizada, la soberanía de Cristo.
En la encíclica, el Papa fijaba la fiesta para el último domingo de octubre, con estas palabras: Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos[2].
Sin embargo, desde la reforma litúrgica del Vaticano II, con la publicación del Motu Proprio que aprobaba la NUAL[3] y el Calendario, en 1969,  la solemnidad se trasladó al último domingo del Tiempo Ordinario, como colofón al Año Litúrgico.
Pero no sólo se cambió de fecha, sino que también se le dio un aire nuevo: del cierto carácter militar, de soberanía y victoria se ha pasado a celebrar un reino de paz y de amor, de un reinado en el corazón del hombre. Jesucristo ha venido a instaurar un reino de justicia, paz y santidad.
Y podemos preguntarnos ¿por qué la Iglesia instituyó esta solemnidad? El momento histórico en el que se creó fue dentro de un año jubilar y en el XVI Centenario del Concilio de Nicea. El Papa manda que Cristo Rey sea  honrado por todos los católicos del mundo, para poner un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos[4]. La institución de la fiesta tiene, pues, una finalidad pedagógica espiritual: ante el avance del ateísmo y de la secularización, el Papa  quería afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y sus instituciones.
Como respuesta a ese laicismo que ya comenzaba a ser llamativo, el Papa respondió con la afirmación de la supremacía de Cristo Rey. Cristo reina ahora y siempre. La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, sintetiza el misterio de la salvación. Cristo es el Rey del universo y de la historia. La fiesta invita a ver a Cristo como el centro de la vida cristiana y como Señor del mundo. Es, pues, una fiesta de hondo contenido teológico.
Y tuvo sus detractores, que la consideraban innecesaria, dado que la fiesta se celebraba ya, implícitamente, en Epifanía, Pascua y Ascensión, que son también fiestas de Cristo Rey.
Como adelantamos,  la fiesta, en la nueva liturgia renovada del Vaticano II ha sido reinterpretada, dándole un sentido más cósmico y escatológico, y se ha ampliado y enriquecido el sentido de rey, incluyendo todo el universo y cambiando el título original y oscuro ─Fiesta de Cristo Rey─ , alumbrando de este modo a toda la creación[5]. Es un Reino de misericordia para un mundo cada vez más inmisericorde, y de amor hacia todos los hombres por encima de ópticas particularistas. Es el Reino que merece la pena desear.
En los aspectos litúrgicos, el leccionario nos proporciona la teología bíblica de la solemnidad. Con el triple ciclo de lecturas dominicales ─ciclos  A, B o C─, nueve en total, se profundiza en el sentido de la realeza de Cristo.
Los Evangelios son muy apropiados: en el ciclo A se nos presenta a Cristo como pastor de la humanidad y juez de vivos y muertos[6]; en el ciclo B Jesús, ante Pilatos, afirma que su reino no es de este mundo[7]; en el ciclo C Jesús se nos muestra en la Cruz, con la inscripción de Rey de los Judíos[8].  
El color que la liturgia dispone para la solemnidad es el blanco.
La misa tiene antífonas y oraciones propias, incluido su prefacio, que se atribuye al papa Pío XI[9]. La oración colecta denota claramente el cambio de orientación en la fiesta: de pedir que todos los pueblos se sometan al suavísimo imperio del reino de Cristo, ahora se pide a Dios que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin[10].




[1] Artículo publicado en el Boletín de las Cofradías de Sevilla de noviembre de 2015.
[2] Quas Primas, 30.
[3] Normas Universales sobre el Año Litúrgico
[4] Quas Primas, 23.
[5] FLORES, Juan Javier, Las fiestas del Señor, Editorial San Pablo, Madrid 1994, Pág. 59.
[6] Mt 25, 31-46
[7] Jn 18, 33b-37
[8] Lc 23, 35-43
[9] Misal Romano, Pág. 403.
[10] Oración Colecta de la misa.

12.11.15

LOS SUFRAGIOS POR LOS DIFUNTOS


       Antes de comenzar habría que preguntarse ¿qué sentido                  tienen los sufragios que se ofrecen por los difuntos?
Nadie puede ser recibido en la amistad e intimidad de Dios si antes no se ha purificado de las consecuencias personales de todas sus culpas. Así, la Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos.
De aquí viene la piadosa costumbre de ofrecer sufragios por las almas de los difuntos, que son una súplica insistente a Dios para que tenga misericordia de ellos, los purifique con el fuego de su caridad y los introduzca en el Reino de la luz y de la vida.
Los sufragios más frecuentes son el ofrecimiento de Misas, pero también pueden consistir en oraciones, limosnas, obras de misericordia e indulgencias aplicadas en favor de las almas de los difuntos. Sufragios son, en lenguaje litúrgico, los actos piadosos que se realizan para ayudar a los difuntos.
La OGMR[1] trata, en sus apartados del 335 al 341 sobre la Misas de difuntos. Dice así: El sacrificio eucarístico de la Pascua de Cristo lo ofrece la Iglesia por los difuntos, a fin de que, por la intercomunión de todos los miembros de Cristo, lo que a unos consigue ayuda espiritual, a otros acarrea  el consuelo de la esperanza.
También hay que distinguir entre una Misa de difuntos en sentido estricto y en aplicar la Misa ordinaria del día por un difunto.
Las Misas de difuntos tienen sus formularios propios en el Misal y sus lecturas propias en el Leccionario VIII. El color de las vestiduras es el morado. No todos los días se pueden celebrar Misas de difuntos: el calendario litúrgico-pastoral pone cuando pueden o no pueden celebrarse, extremo que no vamos a dilucidar ahora por ser un poco engorroso.
También, el Misal aconseja que el sacerdote sea moderado en  preferir las Misas de difuntos, ya que cualquier Misa se ofrece de igual modo por los vivos y por lo difuntos, y en cualquier formulario de la Plegaria eucarística se contiene el recuerdo de los difuntos[2].
Entre las Misas de difuntos, la más importante es la Misa exequial, que se puede celebrar todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el Jueves Santo, el Triduo pascual y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua. Se entiende por Misa exequial ─del latín exsequi, exsequia que significa seguir, acompañar─ aquella en la que la comunidad cristiana acompaña a sus difuntos y los encomienda a la bondad de Dios. En sentido estricto sería aquella Misa en la que está presente el difunto recién fallecido o también la primera Misa ofrecida por él.
En esa Misa debe hacerse una pequeña homilía, excluyendo los elogios fúnebres. Si la Misa exequial está directamente unida con el rito de las exequias, una vez dicha la oración después de la sagrada Comunión, se omite todo el rito conclusivo y en su lugar se reza la última recomendación o despedida; este rito solamente se hace cuando está presente el cadáver. También la Misa del primer aniversario del fallecimiento tiene una especial consideración litúrgica.
Las otras Misas de difuntos, o Misas cotidianas, son en las que solamente se hace mención del difunto  en las oraciones.
El Misal exhorta a los fieles, sobre todo a los familiares del difunto, a que participen en el sacrificio eucarístico ofrecido por él, también acercándose a la Comunión. También han de tenerse en cuenta al ordenar y seleccionar las partes de la Misa de difun­tos, sobre todo la Misa exequial, los motivos pastorales respecto al difunto, a su familia, a los presentes.
Finaliza lo dispuesto sobre las Misas de difuntos exhortando a los sacerdotes a que pongan especial cuidado con aquellas personas que asisten a las celebra­ciones litúrgicas y oyen el Evangelio, personas que pueden no ser católicas o que son católicos que nunca o casi nunca participan en la Eucaristía, o que incluso pueden haber perdido la fe. Se recuerda a los sacer­dotes que son ministros del Evangelio de Cristo para todos.
Terminamos añadiendo que la llamada Misa de Réquiem ─palabra latina que significa descanso─, y que tantas composiciones musicales de calidad ha tenido a lo largo de la historia, no es ni más ni menos que la Misa de difuntos, que es la primera palabra del canto de entrada clásico en las Misas de difuntos  ─réquiem aeternam dona eis Domine ─dales, Señor, el descanso eterno─ y de ahí ha tomado ese nombre. 





[1] Ordenación General del Misal Romano
[2] OGMR 316


31.10.15

LOS RENOVADOS LIBROS LITÚRGICOS: EL NUEVO LECCIONARIO

Antes de comenzar a leer este artículo sepa el lector que lo relatado se refiere a las disposiciones de la Conferencia Episcopal Española, no es por tanto de aplicación al resto de paises. 
Como ya ha trascendido, la Iglesia española va a proceder a sustituir, poco a poco, todos los libros litúrgicos que tienen lecturas y referencias bíblicas: leccionarios, rituales, Liturgia de las Horas y el propio Misal. Antes de seguir habría que preguntarse: ¿por qué hay que cambiarlos, con el lío y el gasto que esa sustitución supone?
Es evidente que no obedece a ningún capricho. Los nuevos leccionarios responden a la versión oficial de la Biblia, que fue aprobada el  25 de noviembre de 2008 en la  CCXI Asamblea Plenaria del episcopado español.   Posteriormente, el  29 de junio de 2010 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos dio su conformidad a esta traducción bíblica, que tras algunos cambios introducidos, reconoció con el decreto del 22 de agosto de 2014 como la versión definitiva a esta Biblia como texto litúrgico oficial.
Consecuencia: todas las citas y lecturas bíblicas que se hagan a partir de ahora tienen que tener su referencia a la nueva Biblia oficial.  Por primera vez, la Iglesia en España cuenta con una traducción de la Biblia al español reconocida como la oficial para ser utilizada en las actividades propias de su obra evangelizadora, Biblia publicada por la BAC.
La editorial Libros Litúrgicos, del servicio de Publicaciones de la Conferencia Episcopal Española, será la encargada de ir publicando los libros litúrgicos, comenzando por tres nuevos leccionarios oficiales en español para la celebración de la Misa. Se trata del Leccionario I (C) para las misas de los domingos y fiestas del Señor, del ciclo C;  el Leccionario II para las celebraciones de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua y el Leccionario III, para las misas del Tiempo ordinario de los años pares. ¿Por qué salen primero esos tres leccionarios? Pues porque son los que van a necesitarse para el nuevo Año Litúrgico que comienza el próximo 29 de noviembre de 2015. Se espera que estén a la venta antes del comienzo del nuevo Año Litúrgico, o sea, durante el mes de noviembre de 2015
Estos leccionarios, que han sido elaborados por la Comisión Episcopal de Liturgia a partir de los textos de la Sagrada Biblia en su versión oficial, se convierten en los libros oficiales en castellano para todas las diócesis de España .
Y ahora algunas preguntas.
¿Cuándo entran en vigor? Pues desde el momento de su publicación. Y hay un periodo de transición, en el que se pueden seguir usando los actuales, periodo que termina el 8 de septiembre de 2016, fecha en la que su uso será obligatorio. La fecha no es caprichosa tampoco: es la que hace un año del decreto del 8 de septiembre de 2015 en el que se dispone que los nuevos leccionarios deben ser considerados oficiales para su uso litúrgico en todas las diócesis de España y da un año para implantarlos.
¿Dónde se pueden adquirir? Podrán adquirirse en las librerías especializadas en temas religiosos..
¿Cuándo se publicarán el resto de los libros? Pues está previsto que sea a lo largo del próximo año 2016, en el que se publicarán el resto de los leccionarios y la tercera edición oficial para España del Misal Romano. Más tarde, tendrá lugar la progresiva publicación de los diferentes rituales y de la Liturgia de las Horas, de acuerdo con los nuevos textos bíblicos y eucológicos.
Y ¿qué pasa con el calendario litúrgico-pastoral para 2015-2016? Pues las referencias a las lecturas de cada día vienen, en primer lugar, para los leccionarios actuales y, además, con las referencias a los nuevos leccionarios en segundo lugar ─o bien─. Así pues, que no cunda el pánico. En algunos casos, sólo viene la referencia al leccionario actual ya que todavía no hay otro alternativo, como el caso del Leccionario V.
Pero no sólo hay cambios en el contenido; también los cambios afectan a  forma. Así, lo más llamativo es la nueva numeración de los leccionarios,  que quedará de la siguiente manera:
I (A) – (antes I A): domingos y fiestas del Señor año A
I (B) – (antes II B): domingos y fiestas del Señor año B
I (C) – (antes III C): domingos y fiestas del Señor año C
II – (antes VII): ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Tiempo pascual
III (par) – (antes IV): ferias del Tiempo ordinario de los años pares
III (impar) – (antes IV): ferias del Tiempo ordinario de los años impares
IV – (antes V): Propio de los santos y Misas comunes
V – (antes VIII): Misas rituales y Misas de difuntos
VI – (antes VI): Misas por diversas necesidades y Misas votivas
VII – (antes IX): Misas con niños
Una novedad de la nueva distribución de los leccionarios es que el volumen IV, que hasta ahora incluía las lecturas de la misa del Tiempo Ordinario para años pares e impares, se transforma en dos volúmenes, con el número III, uno para el año par y otro para el año impar.
También habrá novedades en su edición en cuanto al formato, la maquetación y la encuadernación, incluido un estuche para cada libro para su mejor cuidado y conservación...y en el precio, que estará unificado a 40 euros cada ejemplar.




12.10.15

LOS CANTOS DE LA MISA

El canto tiene el deseo de hacer participar al pueblo en los actos litúrgicos. La función de un coro en la celebración litúrgica, al igual que el resto de la música, tiene varias vertientes:
*Función ornamental y artística
*Función dinámica, ya que sirve para unir los corazones.
*Favorece la participación, como consecuencia de lo anterior.
* Función ministerial, ya que se encuentra al servicio de la acción litúrgica.
El canto del coro debe tener un principio rector: que no excluya  el canto del pueblo, ya que los fieles no vamos a la celebración eucarística para oír conciertos que otros interpretan sino a participar y vivir. No se debe confiar al coro el canto de toda la Misa, excluyendo al pueblo de la participación activa. Lo anterior no excluye que, en ocasiones muy solemnes como una Función Principal de Instituto, pueda y deba cantar una coral o capilla e incluso algún solista. También, el celebrante y el diputado de cultos deben estar coordinados con los cantores, para que no se produzcan interferencias mutuas.
Hay partes de la Misa que siempre deberían ser cantadas: me refiero a la antífona de respuesta al salmo y el propio salmo, así como el Santo. Recitar el salmo equivale a recitar un villancico en vez de cantarlo. No obstante, la falta de salmistas y, en general, de cantores adecuados hace de esta parte de la Liturgia una asignatura pendiente y sin visos de solución.
En la Misa el pueblo puede cantar: el canto de entrada, la respuesta al saludo inicial, el canto de aspersión cuando lo hay, los Kyries, el Gloria, el Amen conclusivo de la oración Colecta, el salmo responsorial, el Aleluya, el Credo, la respuesta a la Oración de los fieles, durante la presentación de las ofrendas, el diálogo del Prefacio, el Sanctus, las aclamaciones a la Plegaria eucarística con el Amen conclusivo, el Padrenuestro, su aclamación al Cordero de Dios, durante la comunión y en la bendición.
Hay cantos que son un rito por sí mismos, como el Gloria, el Salmo Responsorial, el Aleluya o el Sanctus. Otros, en cambio, sirven para acompañar a un rito, como el Canto de Entrada, el del Ofertorio o el Cordero de Dios.
Puntualizamos algunos detalles. El canto de entrada se comienza mientras entra el sacerdote y los ministros. Es bueno coordinarse de manera que, cuando el sacerdote entre, ya esté comenzado para que el pueblo reciba cantando la procesión del sacerdote y sus ministros.
Tras el acto penitencial, los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia cantando, todos, el Señor ten piedad. Cada aclamación se repite dos veces como norma.
El Gloria lo entona el sacerdote o un cantor o el coro y lo cantan todos juntos o el pueblo alternando con los cantores, o sólo el coro. Si no se canta, se recita.
El Salmo se ha de procurar que se cante íntegramente o, al menos, la respuesta que corresponde al pueblo.
El Aleluya es un rito en sí mismo, y lo canta todo el pueblo en pie;  el verso lo canta un cantor o el coro. Si no se canta, puede omitirse.
El Credo lo ha de cantar o recitar el sacerdote junto con el pueblo.
En la Oración de los Fieles, el pueblo en pie puede responder a las peticiones cantando la invocación.
Al comienzo de la liturgia eucarística se pueden llevan al altar los dones en procesión, pudiéndose aportar otras donaciones para los pobres o para la Iglesia. Esta procesión se acompaña con el canto del Ofertorio. Este rito del ofertorio siempre puede acompañarse de canto, aunque no haya procesión de los dones. Y añado, las frases que a veces pronuncia un lector, explicando la intención o el significado de los dones que se aportan mientras se llevan al altar, sobran.
 El Santo lo canta todo el pueblo con el sacerdote.
El Padrenuestro se canta por el pueblo junto al sacerdote, mientras que la invitación a orar ─Fieles a la recomendación del Salvador...─ y el embolismo ─Líbranos de todos los males...─ lo canta el sacerdote. El pueblo le responde cantando la doxología ─Tuyo es el Reino... ─.
A continuación sigue el rito de la paz, rito para el que la Liturgia no contempla ningún canto, aunque se ha puesto de moda un canto de la paz.
A la fracción del pan se canta el Cordero de Dios por el coro o un cantor, respondiendo el pueblo. Se puede repetir cuantas veces sea necesario, concluyendo siempre con el danos la paz.   
El canto de comunión comienza mientras el sacerdote comulga el Sacramento, prolongándose mientras comulgan los fieles. Lo canta el coro, o también el coro o un cantor con el pueblo.
Tras la bendición, a la que el pueblo responde con un Amen, se nos da la despedida por el diácono o el sacerdote, al que se responde cantando el Demos gracias a Dios  y se comienza la procesión de salida, en la que no se contempla ningún canto, aunque también sea costumbre generalizada despedir al cortejo con un canto.
También hay que hacer notar que, en igualdad de circunstancias, el canto gregoriano tiene un puesto de honor entre todos los demás, seguido de la polifonía, sin que se excluyan otros géneros musicales. El instrumento musical por excelencia de la Liturgia es el órgano.
Los principales documentos sobre la música litúrgica que el siglo XX nos ha dejado son varios. Podemos citar:
* el motu propio Tra le Sollecitudini de san Pío X (22-11-1903)
* la encíclica Musicae Sacrae disciplina de Pío XII (25-12-1955)
* la Instrucción sobre la Música sagrada de la Sagrada Congregación de Ritos (3-9-1958)
* la Constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, la cual dedica su capítulo VI a la música.
* Como documento postconciliar destacaremos la instrucción Musicam Sacram (5-3-1967).

Para terminar podemos citar también las orientaciones que sobre música litúrgica nos da el Misal Romano (OGMR), el Orden de las Lecturas de la Misa (OLM), la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (OGLH), el Ceremonial de los Obispos y la Instrucción sobre La Liturgia romana y la Inculturación (25-1-1994) así como el Cantoral Litúrgico Nacional, que recoge los principales cantos de la Misa para los diferentes tiempos litúrgicos y otros temas.

7.7.15

SOBRE EL RITO DE LA PAZ EN LA MISA

Recientemente, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, ha escrito una carta pastoral dedicada a comentar y glosar la Carta Circular sobre El significado ritual del don de la paz en la Misa, publicada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que preside el cardenal Antonio Canizares Llovera como Prefecto
La carta en realidad lleva más de un año de vigencia, ya que se aprobó el 8 de junio de 2014, en la solemnidad de Pentecostés. Comienza así:
«La paz os dejo, mi paz os doy», son las palabras con las que Jesús promete a sus discípulos reunidos en el cenáculo, antes de afrontar la pasión, el don de la paz, para infundirles la gozosa certeza de su presencia permanente. Después de su resurrección, el Señor lleva a cabo su promesa presentándose en medio de ellos, en el lugar en el que se encontraban por temor a los Judíos, diciendo: «¡Paz a vosotros!». La paz, fruto de la Redención que Cristo ha traído al mundo con su muerte y resurrección, es el don que el Resucitado sigue ofreciendo hoy a su Iglesia, reunida para la celebración de la Eucaristía, de modo que pueda testimoniarla en la vida de cada día.
La carta justifica sobradamente el rito en el momento en que ahora se realiza, entre el Padre Nuestro, al cual se une mediante el embolismo que prepara al gesto de la paz, y la fracción del pan, durante la cual se implora al Cordero de Dios que nos dé su paz, dado que esa es la tradición litúrgica romana y tiene un significado teológico propio. Con este gesto, que «significa la paz, la comunión y la caridad», la Iglesia «implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles se expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de la comunión sacramental», es decir, la Comunión en el Cuerpo de Cristo Señor.
Pero, dado que el rito está alcanzando, en algunas celebraciones, una exageración desmesurada, se ve oportuno recordar el sentido primitivo del mismo, dado que el Sínodo de los Obispos ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede provocar cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la Comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos.
Así pues, en resumen, se recuerda que:
* El rito debe cuidarse y hacerse con sentido religioso y sobriedad.
* Debe mantenerse en el lugar que ocupa actualmente en la Misa, o sea, antes de la Comunión.
* Es totalmente legítimo afirmar que no es necesario invitar rutinariamente a darse la paz, tal como dispone la OGMR (154): Luego, según las circunstancias, el sacerdote añade: Dense fraternalmente la paz. Es más, si prevé que tal intercambio no se llevara a cabo adecuadamente por circunstancias concretas, o se piensa que pedagógicamente es más conveniente no realizarlo, el signo no sólo se puede omitir sino que, en ocasiones, debe omitirse.
* Deben evitarse los siguientes abusos:
- La introducción de un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano.
- Los desplazamientos de los fieles para intercambiarse la paz, con el consiguiente desorden que se organiza. Se debe dar la paz a los más cercanos.
- El que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos fieles. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, pero permaneciendo siempre dentro del presbiterio para que la celebración no se perturbe. Haga del mismo modo si por alguna causa razonable desea dar la paz a unos pocos fieles (OGMR 154)..
- Que en algunas circunstancias, como la solemnidad de Pascua o de Navidad, o durante las celebraciones rituales, como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, el Matrimonio, las sagradas Ordenes, las Profesiones religiosas o las Exequias, el darse la paz sea ocasión para felicitar o expresar condolencias entre los presentes.
Finalmente, la carta invita a todas la Conferencias de los Obispos a preparar catequesis litúrgicas sobre el significado del rito de la paz en la liturgia romana y sobre su correcto desarrollo en la celebración de la Santa Misa.
Conseguir hoy un compromiso serio de los católicos de cara a la construcción de un mundo más justo y pacifico implica una comprensión más profunda del significado cristiano de la paz y de su expresión en la celebración litúrgica. La carta invita con insistencia a dar pasos eficaces en tal materia, ya que de ello depende la calidad de nuestra participación eucarística y el que nos veamos incluidos entre los que merecen la gracia prometida en las bienaventuranzas a los que trabajan y construyen la paz.
Los interesados pueden consultar la Carta completa y la del nuestro arzobispo en:

http://www.vidasacerdotal.org/index.php/otros-documentos/congr-para-el-culto-divino/483-carta-circular-el-significado-ritual-del-don-de-la-paz-en-la-misa.html


http://www.archisevilla.org/daos-fraternalmente-la-paz/