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18.5.22

EL RITO DE LA INCENSACIÓN II

 No es fácil precisar exactamente cuándo se introdujo el incienso en la Liturgia de la Iglesia. No hay pruebas disponibles que muestren su uso durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, aunque hay referencias de su empleo en el Nuevo Testamento. Lucas, al inicio de su Evangelio, habla sobre el nacimiento de Juan Bautista y escribe:

 En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. 7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. 8Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, 9según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. 

También los Reyes Magos ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra.

La primera referencia de su uso en el servicio de la Iglesia se encuentra en Seudo-Dionisio Areopagita, teólogo y místico bizantino del siglo V y VI. El uso tardío del incienso entre los cristianos tal vez se debió para que el pueblo no lo asimilara como un culto pagano.  

El incienso es un sacramental, utilizado para santificar, bendecir y venerar. El humo del incienso es símbolo del misterio de Dios.

El rito de incensación expresa reverencia y oración. La materia que se coloca en el incensario, debe ser incienso puro o si se le agrega algo, procúrese que la cantidad de incienso sea mucho mayor.

En la misa se usa en estos momentos:

a) durante la  procesión de entrada

b) al comienzo de la misa, para incensar el altar, la cruz y la imagen que esté expuesta de manera solemne

c) para la procesión y al Evangeliario en la proclamación del Evangelio

d) en la preparación de los dones, para incensar las ofrendas, cruz y altar, al obispo o presidente de la celebración,  a los concelebrantes y al pueblo

e) en el momento de la ostensión de la hostia y el cáliz, después de la consagración.

f) En la procesión de salida. Si se canta la Salve u otro himno a una imagen solemnemente expuesta también se la inciensa.

También se usa incienso, como se describe en los libros litúrgicos, a saber:

a) en la dedicación de una iglesia y de un altar

b) en la consagración del sagrado crisma, cuando se llevan los óleos benditos

c) en la exposición del Santísimo Sacramento con la custodia

d) en las exequias de los difuntos.

Además, el incienso se emplea de ordinario, en las procesiones de la Presentación del Señor, del Domingo de Ramos, en la Misa en la Cena del Señor, de la Vigilia pascual para incensar al cirio pascual (se colocan cinco granos de incienso en el Cirio Pascual).

e) en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; en la solemne traslación de las reliquias, y en general, en las procesiones que se hacen con solemnidad.

En Laudes y Vísperas solemnes se puede incensar el altar, al Obispo y al pueblo, mientras se canta el cántico evangélico.

El obispo,  si está en la cátedra, o en otra sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie; el diácono le presenta la naveta y el obispo o presidente toma, de ordinario, tres cucharaditas de incienso, lo coloca en el turíbulo y bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. Después, el diácono recibe el incensario de manos del acólito y lo entrega al obispo para que inciense las ofrendas, la cruz y el altar. Antes y después de incensar, se hace inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa; se exceptúan el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa.

Sobre la manera de incensar, se hace así: con tres movimientos dobles se inciensa al Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas solemnemente, también las ofrendas, la cruz, el Evangeliario el cirio pascual, el obispo o el presbítero celebrante, la autoridad civil que por oficio está presente en la sagrada celebración y el pueblo, sí como el cuerpo del difunto.

Con dos movimientos dobles se inciensan  las reliquias e imágenes de los santos expuestos para pública veneración.

El altar se inciensa con movimientos  sencillos de la siguiente manera

a) Si el altar está separado de la pared, el  obispo lo inciensa pasando alrededor del mismo

b) Si el altar está unido a la pared, el obispo,  mientras va pasando, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar. Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así,  el obispo la inciensa cuando pase ante ella. Las ofrendas  se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz. El Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas.

Las reliquias y las imágenes sagradas expuestas a la  veneración pública se inciensan después de la incensación del altar. En la misa, sin embargo, únicamente  al inicio de la celebración.

El obispo, tanto en el altar como en la cátedra, recibe la incensación estando de pie, sin mitra, a no ser que ya la tenga. El diácono o el acólito inciensa después a todos los concelebrantes al mismo tiempo. Por último, el diácono o el acólito inciensa al pueblo desde el sitio más conveniente. 

El que preside la Nación, y que viene por oficio a la sagrada celebración, donde existe la costumbre, es incensado después del obispo.

4.5.22

EL RITO DE LA INCENSACIÓN (I)

En una serie de tres artículos vamos a analizar el rito de la incensación. Comenzaremos diciendo que el incienso es una sustancia aromática que se obtiene de ciertos árboles resinosos y se emplea principalmente con fines de culto religioso. La palabra también se utiliza para señalar el humo o perfume que surge cuando se quema el incienso. Del latín «incendere» deriva incensario, y de la raíz griega «thus» proviene turíbulo y turiferario.

 SU USO EN LAS CIVILIZACIONES ANTIGUAS

Las religiones han empleado desde hace mucho tiempo el incienso en sus ceremonias litúrgicas. Heródoto ya da noticias de su uso entre los asirios y babilonios, mientras que en relieves egipcios se representa a los reyes y dioses recibiendo el incienso, como signo de honor y respeto.

 Estos incensarios, con forma de brazo humano, sostenían un cuenco lleno de carbón. El oficiante seleccionaba las bolitas de resina de un pequeño compartimento situado a lo largo y las echaba en el cuenco. Los faraones llegaban incluso a cultivar árboles de incienso, o se importaban las resinas para los templos y tumbas egipcias. Al incienso se le atribuían múltiples propiedades, como la fertilidad o la capacidad de dar la vida.

El incienso significa reverencia y oración, pero en un nivel más profundo evoca incluso la presencia real de la divinidad mediante la creación de la «fragancia de los dioses»[1].

 Los romanos también quemaban incienso y perfumes en sus ritos domésticos durante las celebraciones privadas como bodas y funerales, pero también para solicitar favores o dar las gracias a los dioses.

 EL INCIENSO EN EL PUEBLO JUDIO

El uso del incienso entró extensamente al ritual judío, en el cual se utilizaba especialmente en relación con las ofrendas eucarísticas de aceite, frutas y vino o los sacrificios incruentos. Por mandato de Dios, Moisés construyó un altar del incienso (Éx. 30), sobre el cual se quemaban las especies y gomas más dulces, y la función de la renovación diaria se le encomendó a una rama especial de la tribu levítica (1 Crón. 9,29). El incienso aparece en el Talmud y se menciona numerosas veces en la Biblia. La utilización del incienso en el culto judío continuó mucho después del comienzo del cristianismo y fue una influencia evidente en el uso de la Iglesia católica en las celebraciones litúrgicas.

 Así lo narra el libro del Éxodo: Harás un altar para quemar el incienso; lo harás de madera de acacia. 2Medirá medio metro de largo por medio metro de ancho; será cuadrado y tendrá un metro de alto. De él arrancarán unos salientes. 3Revestirás de oro puro la parte superior, sus lados y sus salientes, y le harás alrededor una cenefa de oro. 4Debajo de la moldura, a sus dos costados, le harás dos anillas, por las que se meterán los varales para transportarlo. 5Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro. 6Colocarás el altar delante del velo que tapa el Arca del Testimonio y delante del propiciatorio que cubre el Testimonio, donde me encontraré contigo. 7Aarón quemará sobre él incienso aromático; lo quemará cada mañana, cuando prepare las lámparas; 8también lo quemará al atardecer, cuando Aarón encienda las lámparas. Será un incienso perpetuo, de generación en generación, ante el Señor. 9No ofreceréis sobre él incienso profano, ni holocausto, ni ofrendas, ni derramaréis sobre él libación alguna. 10Una vez al año Aarón hará la expiación sobre los salientes del altar; con la sangre de la víctima expiatoria hará sobre él expiación una vez al año en vuestras sucesivas generaciones. Este altar será muy santo para el Señor».

 



[1] http://www.historiayarqueologia.com/2016/09/el-incienso-en-el-antiguo-egipto-algo.html

19.3.22

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

 

Estamos en tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua. La Iglesia nos propone la trilogía cuaresmal: ayuno, oración y limosna.

A los días penitenciales y sus normas específicas el Código de Derecho Canónico (CDC) les dedica los cánones del 1249 al 1253. Veamos que nos dice.

1249 Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

1250  En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.

1251  Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. (El Sábado Santo se recomienda).

1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

Así pues debemos considerar como penitenciales todos los viernes del año, no solo los de Cuaresma. La abstinencia y el ayuno pueden ser dispensados por el obispo y, a veces, por el párroco (CDC 1245).

La Iglesia define el ayuno como tomar una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Están excluidos del ayuno y la abstinencia, aparte de los ya excluidos por su edad, también aquellos que tienen problemas mentales, los enfermos, los frágiles, mujeres en estado o que alimentan a los bebés de acuerdo a la alimentación que necesitan para criar, trabajadores de acuerdo a su necesidad, invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente causando enemistad u otras situaciones morales o imposibilidad física de mantener el ayuno.

La abstinencia de comer carne a veces el pueblo la identifica con la palabra vigilia (hoy es vigilia, se oye decir), aunque en sentido estricto la vigila es una noche en vela pasada en oración que antecede a una fiesta. Recordamos que el viernes 25 de marzo de 2022 celebramos la Anunciación del Señor y, por ser solemnidad, no hay que guardar la abstinencia.  

Para finalizar puntualizamos que, dado que la ley del ayuno es única e indivisible, una vez quebrantada (culpable o inculpablemente), se podría seguir comiendo sin que por ello se cometiera una nueva falta. No sucede lo mismo con el precepto de la abstinencia, ya que se faltaría a ella cuantas veces se quebrantara ese día.

 

 

23.12.21

LA NAVIDAD

 Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera. (Antífona de entrada de la misa de la noche)

La iglesia considera a la Navidad como la fiesta más importante después de Pascua de Resurrección y ambas solemnidades celebran octavas. Tiene su tiempo propio, que dura desde Navidad hasta la festividad del Bautismo de Jesús –que celebramos al domingo siguiente a la Epifanía–.

En la Iglesia, la celebración más antigua después de la del Misterio Pascual es la memoria del Nacimiento del Señor y sus primeras manifestaciones, que se realiza en el tiempo de Navidad […] El tiempo de Navidad va desde las primeras vísperas de Navidad hasta el domingo después de Epifanía, o después del 6 de enero, inclusive[1].

En el día de Navidad los sacerdotes pueden celebrar la Eucaristía tres veces, siempre que sea en su hora propia –a medianoche, en la aurora y en el día, circunstancia que se volverá a repetir solamente el día de los difuntos.

En torno al Nacimiento, fiesta fija que celebramos el 25 de diciembre, se nuclea un tiempo fuerte, el tiempo de Navidad. La Iglesia la celebra desde el año 336, por disposición del papa san Julio I, aunque en realidad no se sabe con exactitud la fecha del Nacimiento –en cualquier caso parece ser que fue unos años antes de los que normalmente consideramos por determinados indicios– y ni siquiera sabemos con seguridad si fue o no en invierno. 

Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta santa Elena construyó la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el siglo IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que tenía su templo romano en el Campo Marzo, fiesta pagana que el emperador Adriano impuso al Imperio.

La elección de esta fecha –solsticio de invierno– tiene un simbolismo. Al terminar el otoño el sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y justamente al comenzar el invierno comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, sol naciente, que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar.  Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del sol –fiesta pagana– los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y sol que ilumina a todos los hombres. Posteriormente se introdujo y generalizó la costumbre romana de la misa de medianoche –la tradicional misa del Gallo–, que comenzó celebrándose en la basílica romana de Santa María la Mayor –basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén–.

El color litúrgico es el blanco.

La Navidad es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente la figura de san Francisco de Asís cuando en el año 1223 hizo representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular y que las familias en la intimidad de su hogar, las parroquias, entidades y cofradías sevillanas montan con gran cariño en época navideña.  La cena navideña en familia, la asistencia a la misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy queridos por el pueblo cristiano.

Hoy en día, sin embargo, se está dando justo el fenómeno contrario de lo que fue el origen de la Navidad. Si los primitivos cristianos tuvieron la valentía de cristianizar una fiesta pagana, –inculturación en términos antropológicos– hoy en día nuestra sociedad secularizada está paganizando una fiesta religiosa, convirtiendo los días navideños en época de consumo desenfrenado y vacación frívola, perdiendo el sentido de celebración religiosa. 

 [1] Normas Universales sobre el Año Litúrgico (NUAL) 32,33.

5.12.21

UNA BELLA TRADICIÓN DEL TIEMPO DE ADVIENTO EN EL OLVIDO: LAS MISAS RORATE

La misa Rorate es una misa votiva en honor a la Santísima Virgen, celebrada en el Adviento. Su nombre se refiere a las palabras del introito que empieza con las palabras: rorate caeli desuper (rocíen los cielos arriba) tomada de Isaías (45,8)[1]. Esta misa se caracteriza porque se celebra antes del amanecer y porque la iglesia permanece a oscuras, sólo iluminada por las velas del altar y por las que portan los fieles. La tradición era celebrarla durante los sábados de este tiempo litúrgico, tomando el formulario de la misa de sancta Maria in Sábato. En algunas partes incluso se solía celebrar no sólo los sábados, sino varios días de la semana o, incluso, todos los días de semana, también como misa votiva en honor de Nuestra Señora. El sacerdote lleva vestiduras blancas.

Durante la misa, junto al altar, se pone una vela adornada con una cinta blanca, que simboliza a María, mientras que los fieles llevan velas encendidas, que iluminan la oscuridad del templo y constituyen un símbolo de la esperanza a la llegada de Cristo.

Esas misas han caído en desuso en los últimos años en muchos lugares, pero en algunas naciones continúan celebrándose.

En la audiencia del 14 de diciembre de 2016, el papa Francisco se refirió a esas misas al señalar: El tiempo de Adviento es la ocasión particular para profundizar nuestra fe, para abrir nuestros corazones a las necesidades de los otros y para vivir mejor nuestra vocación cristiana. Para cumplir estos compromisos, los ayuden la oración cotidiana, la contemplación de la Palabra de Dios, la participación en la Misa matutina Rorate y los ejercicios espirituales de Adviento.

La particularidad de estas misas es que son celebradas poco antes del amanecer, porque el Adviento espiritualmente es la espera de la Luz que se hizo hombre y nació en Belén para dispersar las tinieblas. 

Los fieles portan las velas, no solo para iluminar el lugar, sino como símbolo de que la unión de muchas luces individuales repele la oscuridad y las tinieblas. La luz que recibieron en su bautismo no la esconden, como dice Jesús en el Evangelio de San Mateo, sino que sirve para iluminar.

Al final de la Misa se empieza a ver el sol, que ya sube. Amanece un nuevo día, en símbolo que al final del Adviento recordaremos el Nacimiento del Sol que nace de lo alto, como llamó Zacarías a Jesús.

El papa Benedicto XVI recordaba que en el tiempo de Adviento, por la mañana temprano, se celebraban con gran solemnidad las misas Rorate en la iglesia aún a oscuras, sólo iluminada por la luz de las velas. La espera gozosa de la Navidad daba a aquellos días melancólicos un sello muy especial.

¿Se pueden celebrar Misas Rorate en la forma ordinaria? Sí, desde luego. No hay ninguna norma que prohíba celebrar la misa al amanecer, y sin encender luces. Tampoco hay una norma que proscriba a los fieles sostener velas durante la Eucaristía.

¿Cómo se celebraría una Misa Rorate en la forma ordinaria? Programándola al amanecer; no encendiendo las luces del templo; y pidiendo a los fieles que lleven velas encendidas. Se usaría el formulario del Común de Santa María Virgen propio del Adviento (OGMR 376). Y se usarían vestiduras litúrgicas blancas o moradas (OGMR 347)[2].



[1] Rorate, caeli, desuper, et nubes pluant justum, aperiatur terra, et germinet Salvatorem ( Cielos, destilad desde lo alto la justicia, | las nubes la derramen, | se abra la tierra y brote la salvación, | y con ella germine la justicia. | Yo, el Señor, lo he creado).

[2] Fuente: https://liturgiapapal.org/index.php/manual-de-liturgia/ritos-durante-el-a%C3%B1o/574-las-misas-rorate.html

29.11.21

EL CALENDARIO LITÚRGICO 2022

 

El domingo 28 de noviembre de 2021 es primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.

Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta del apóstol San Andrés.

El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del Domingo Pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 

Este año que comienza es Ciclo C, año par.

En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:

Comienza el Adviento

I Domingo de Adviento: 28 de noviembre de 2021.
La Sagrada Familia: Domingo, 26 de diciembre de 2021. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 9  de enero de 2022.  Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Comienza la Cuaresma

Miércoles de Ceniza: 2 de marzo de 2022

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 10 de abril de 2022.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: 17 de abril de 2022. Comienza el Tiempo Pascual.

Ascensión del Señor: Domingo, 29 de mayo de 2022. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 5 de junio de 2022. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual y se reanuda el Tiempo Ordinario, segunda parte.
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Jueves 9 de junio de 2022. Fiesta.

Santísima Trinidad: Domingo, 12 de junio de 2022. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 19 de junio de 2022. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 16 de junio de 2022. Solemnidad.

Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 24 de junio de 2022. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: Domingo 20 de noviembre de 2022. Solemnidad

 

La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto).

En el año 2022 el Tiempo Ordinario comprende 34 semanas, de las cuales las ocho primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 10 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 1 de marzo, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la IX semana, el 6 de junio, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 26 de noviembre de 2022, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico.

Para 2022 el número áureo es el 9; Epacta: XXVII; Letra dominical: b; Letra del Martirologio: H.

 

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios.

- 6 enero: Epifanía del Señor.

- 19 marzo: San José, esposo de la bienaventurada Virgen María.

- 25 julio: Santiago, apóstol.

- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María.

- 1 noviembre: Todos los Santos.

- 8 diciembre: Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María.
- 25 diciembre: La Natividad del Señor.

Todos los días anteriores se celebran como solemnidad.

 Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo. La Iglesia considera como días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.

Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no sólo los de Cuaresma (excepto si coinciden con alguna solemnidad), que puede sustituirse por  cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1249 y siguientes).

 

LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO

Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.

Misa
Misal Romano.
Leccionario dominical I-Año C
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-Año par: Ferias del Tiempo Ordinario.

Leccionario IV: Propio de los santos y misas comunes.

Leccionario V: Para las misas rituales y de difuntos
Leccionario VI: Para las misas por diversas necesidades y votivas

Oración de los fieles.

Libro de la Sede.

16.10.21

EL SINODO DE LA SINODALIDAD (y II)

Como continuación de la anterior entrada analizamos ahora las distintas fases del Sínodo. El itinerario previsto se articula en tres fases. La primera comienza con una fase diocesana, que va desde el 17 de octubre 2021 hasta abril de 2022. En esos meses se trabajará el Documento Preparatorio. La consulta diocesana terminará con una reunión presinodal, que será el momento culminante del discernimiento diocesano. Las conclusiones se elevarán a la Conferencia Episcopal, la cual recopilará todas las aportaciones y redactará un solo informe que mandará a Roma. Cada obispo habrá nombrado, antes de octubre de 2021, un responsable o equipo diocesano para realizar la consulta sinodal, a través de órganos de participación que garanticen una consulta real y eficaz. 

Cuando la Conferencia Episcopal reciba las contribuciones de las diócesis, los obispos se reunirán en asamblea para conocerlas y se redactará una síntesis, que deberá enviarse a Roma antes de abril de 2022.

Posteriormente habrá una fase continental del Sínodo. Esta segunda fase, que se celebrará entre septiembre de 2022 y marzo de 2023, tiene como objetivo que la Iglesia, a nivel continental o regional, dialogue sobre las aportaciones realizadas por las Iglesias particulares. En total se celebrarán siete asambleas continentales: África, Oceanía, Asia, Oriente Medio, Europa, América Latina y América del Norte. En ellas participarán obispos y otros miembros del Pueblo de Dios, para llevar a cabo un discernimiento presinodal. Cada asamblea redactará un documento final que deben enviar a Roma en marzo de 2023. Al mismo tiempo, se estarán celebrando asambleas internacionales de especialistas, que también enviarán sus contribuciones a Roma. Con todo este material, la Secretaría General Permanente del Sínodo redacta el Instrumentum laboris, que publicará antes de junio de 2023.

Y en 2023, en el mes de octubre, se reunirán en el Vaticano los obispos y reflexionarán sobre las aportaciones y las conclusiones que han elaborado las diferentes Conferencias Episcopales y otros organismos. Una tarea ingente a la que estamos llamados a poner nuestro granito de arena.

Y ¿cómo podemos los laicos contribuir? Todos vamos a poder participar desde los distintos grupos eclesiales a los que pertenezcamos: parroquias, hermandades, movimientos juveniles o de familia, etc. En su momento recibiremos materiales de reflexión y cuestionarios. Desde estas líneas animamos a la participación, cada uno desde su ámbito y responsabilidad, ya que si el objetivo es la participación y no lo hacemos el Sínodo se quedará en papel mojado.

Para conocer todo lo relativo al Sínodo, sus avances y programación se puede consultar la web https://www.synod.va/es.html.

 

15.10.21

EL SINODO DE LA SINODALIDAD I

El domingo 17 de octubre todas las diócesis del mundo están llamadas a significar la puesta en marcha del Sínodo mediante una celebración en la que, como comunidad, invocaremos al Espíritu Santo para que nos siga acompañando y marcando el camino a seguir. 

Previamente, el domingo 10 de octubre el papa Francisco lo ha iniciado con una solemne Eucaristía en el Vaticano. 

En Sevilla será a las 19h con una Eucaristía en la catedral. De esta forma el arzobispo convoca a toda la Archidiócesis a participar de este proceso de crecimiento en la fe, sintiéndose comunidad orante, de modo que, como recomendaba San Pablo, no extingamos la acción del Espíritu, examinándolo todo y quedándonos con lo bueno.

El lema del Sínodo es: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión.

Pero ¿qué es un Sínodo?  Algunas personas pueden pensar que es como un Concilio, pero más reducido. Y no les falta razón. Y ¿qué es la sinodalidad? término nuevo que leeremos y oiremos muchas veces a partir de ahora.

El Sínodo de los Obispos es una institución permanente, creada por Pablo VI en 1965, como respuesta a los deseos de los padres conciliares del Vaticano II para mantener vivo ese espíritu de colegialidad que había nacido de la experiencia conciliar. El Sínodo puede ser definido, en términos generales, como una asamblea de obispos que tiene como tarea ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal dándole su consejo. Sus deliberaciones y conclusiones no son ejecutivas sino solo consultivas.

La novedad de este Sínodo consiste en que, previamente a la reunión de todos los obispos, que será en 2023 y, siguiendo la intención del papa Francisco, la Iglesia entera participará en la búsqueda de la sinodalidad, para propiciar que, de manera real y efectiva, todos los bautizados, comenzando por el Papa, los obispos, los sacerdotes, consagrados y laicos caminemos juntos en comunión y fraternidad. Así pues, hay un camino a recorrer en dos años hasta la culminación del Sínodo en el Vaticano. Esa asamblea será la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Así que podemos afirmar que el Sínodo de 2023 en realidad comienza este mes de octubre, en el que no participan solo los obispos, sino todo el Pueblo de Dios. La finalidad del Sínodo de 2023 es escuchar a toda la Iglesia y encontrar métodos que faciliten el llevar este concepto de sinodalidad a la práctica. En definitiva, la participación de todo el Pueblo de Dios.

La sinodalidad era la forma y el estilo de la Iglesia primitiva y consiste en caminar juntos, no solo la jerarquía. Sinodalidad es un término nuevo que expresa la identidad de la Iglesia como Pueblo de Dios en camino, en peregrinación hacia el Reino; subraya la dignidad común de todos los cristianos y afirma su corresponsabilidad en la misión evangelizadora.

1.8.21

EL PALIO ARZOBISPAL

 

El próximo 11 de septiembre de 2021, sábado, a las 11h tendrá lugar en la catedral de Sevilla la misa en la cual se le impondrá el palio al nuevo arzobispo José Ángel Saiz. La misa contará con la participación del nuncio apostólico en España, monseñor Bernardito Auza, que será quien se lo imponga como representante del Papa y de los obispos de las diócesis comprendidas en la Provincia Eclesiástica de Sevilla: Córdoba, Cádiz y Ceuta, Asidonia-Jerez, Huelva, Canarias y Tenerife.

 

Previamente, el pasado 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, había tenido lugar en la basílica del Vaticano el acto de bendición de los palios con los que el papa Francisco distingue a los prelados que han sido nombrados arzobispos en el año en curso, un total de 34 arzobispos procedentes de todos los continentes. Hasta hace poco eran los Papas quienes imponían el palio pero el papa Francisco, desde 2015, ha cambiado el rito.

 

Hasta aquí la información. Pero debemos preguntarnos ¿en qué consiste el palio arzobispal? ¿Tan importante es su imposición que se rodea de tantos ritos? En Sevilla, hablar de palio lleva inmediatamente a los pasos de palio de nuestras dolorosas. Nada tiene que ver este palio, salvo el nombre.

Los obispos llevan una serie de «insignias pontificales» que son de uso exclusivo del orden episcopal: el anillo, el báculo, la mitra, la cruz pectoral, y, además, el palio si le corresponde por derecho.

El palio, signo del  ministerio y del servicio que prestan en la Iglesia,  es una banda estrecha de lana blanca cosida en forma circular de la cual caen dos tiras cortas en sentido vertical, sobre el pecho y espalda. Va adornado con seis cruces negras, cuatro de ellas en la banda circular y las otras dos en los extremos. Se lleva sobre la casulla colgado de los hombros, a modo de escapulario. Lo usan los arzobispos metropolitanos (caso del de Sevilla) y algunos obispos como signo de autoridad y jurisdicción. Los Papas lo usaban hasta hace poco con cruces rojas pero el papa Francisco usa la misma que los obispos, con cruces negras, para así visualizar mejor su comunión con el ministerio del obispado.

El arzobispo residencial que haya recibido ya el palio lo lleva dentro del territorio de su jurisdicción cuando celebra Misa Estacional, o por lo menos con gran solemnidad, y también cuando hace las ordenaciones, la bendición de un abad, de una abadesa, la consagración de vírgenes y la dedicación de una iglesia y de un altar.

El palio fue inicialmente usado sólo por el Papa desde el siglo IV y, posteriormente, lo fue otorgando también a los arzobispos para expresar la fidelidad y la comunión de éstos con el obispo de Roma. El ceremonial de los obispos describe puntualmente el rito a seguir  (núms 1149 al 1155).

Benedicto XVI, al recordar el sentido del palio dijo: Recuerda los corderos y las ovejas de Cristo, que el Señor ha confiado a Pedro con la tarea de apacentarles. El palio también recuerda a Cristo mismo, que como Buen Pastor, ha tomado sobre sus hombros a la oveja perdida, la humanidad, para devolverla a casa.

 Como curiosidad terminamos añadiendo que la lana del palio procede de dos corderos bendecidos en la basílica de Santa Inés y que son presentados al Papa en la fiesta de Santa Inés, el 21 de enero. Los palios quedan depositados junto a la tumba del apóstol Pedro hasta el momento de ser bendecidos solemnemente por el Papa para los nuevos arzobispos nombrados durante el año, en la Eucaristía de la fiesta de San Pedro y San Pablo.

Los palios son confeccionados por las religiosas benedictinas del monasterio de Santa Cecilia, situado en el barrio romano de Trastevere, tomando la lana de los corderos que fueron bendecidos y criados en la abadía de las Tres Fontanas, lugar en que la tradición sitúa la decapitación de San Pablo.

 

 

14.3.21

LA VIGILIA

Vamos en este artículo a analizar el concepto de «vigilia» en su significado litúrgico, ya que también es un término que se usa en el lenguaje ordinario.

En primer lugar diremos que la palabra «vigilia» viene de velar y significa exactamente «noche de vela», o sea, noche que se permanece despierto para realizar alguna acción o espera vigilante. Los judíos lo hacen la noche del 14 de Nisán, en recuerdo de éxodo de Egipto. Los cristianos lo hacemos en la noche pascual.

En el tiempo de Cuaresma es, o más bien era, frecuente oír decir que «hoy es vigilia». Incluso algunos establecimientos de comida, bares y restaurantes lo ponían en un cartel. Ese sentido, que es el que consideramos que actualmente tiene el pueblo de la vigilia, se refiere en realidad a la abstinencia de comer carne en los viernes cuaresmales. Así, hay platos especialmente preparados para estas fechas, menús de vigilia, donde el bacalao, los potajes y la repostería propios de este tiempo (torrijas, pestiños, mantas doblás) son los reyes de la mesa los viernes cuaresmales.

En realidad, el término vigilia se utiliza como sinónimo de abstinencia de carne. Pero el auténtico concepto de vigilia poco tiene que ver con esa idea, salvo identificar abstinencia con penitencia.

La noción de vigila en épocas medievales y posteriores se refería a un día penitencial que precedía a un día festivo. Este concepto ha quedado abolido desde la reforma litúrgica del Vaticano II y ha evolucionado a otros significados.

La oración nocturna ha tenido siempre un lugar importante en la espiritualidad cristiana y en la Liturgia. Expresa y estimula la espera del Señor que vino, que resucitó y que volverá[1].

La Iglesia siempre observó intensamente la vigilia pascual, al principio con una vela de noche entera que culminaba con la celebración de los bautismos y de la eucaristía. A imitación de esta vigila, las Iglesias fueron inaugurando con una vigilia algunas solemnidades, tales como Navidad y Pentecostés. Incluso el aniversario de los santos, celebrados junto a sus tumbas, incluían unas vigilias.

Hoy día, la vigilia, salvo la pascual, se refiere a la «misa de la vigilia», misa que puede celebrarse en la tarde anterior a alguna solemnidad, con rito festivo y/o a algunas celebraciones de la Palabra de Dios.

Solo tienen misa de vigila las solemnidades de Pentecostés y Navidad (en el Propio del tiempo) y las del Nacimiento de san Juan Bautista, de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y de la Asunción de la Virgen María (en el Propio de los Santos)[2].

También pueden celebrarse vigilias en torno a la muerte de un cristiano, no necesariamente con carácter nocturno, con salmos, lecturas y oraciones.  Además, en las comunidades contemplativas, se mantienen los Maitines, como evolución del Oficio de Lecturas nocturno, que fue pasando a primera hora de la mañana, a la hora del canto del gallo, gallicinium,  aunque conserva el carácter de alabanza nocturna.

El Ceremonial de los Obispos (CO) recomienda realizar celebraciones de la Palabra en algunas vigilias.

Conviene, por lo tanto, que en las celebraciones de la Palabra de Dios,  sobre todo en las vigilias de las fiestas más solemnes, en algunas ferias de Adviento y Cuaresma y los domingos y día festivos se realicen este tipo de celebraciones, bajo la presidencia del obispo y, preferentemente, en la iglesia catedral[3]. Aquí se entiende que se refiere a la víspera.

Terminamos recordando las leyes sobre el ayuno y la abstinencia.

El CDC dedica los cánones 1249 al 1253 a esta cuestión.

1249 Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

1250  En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.

1251  Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. (El Sábado Santo se recomienda).

1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

 



[1] A-G. Mortimort, La Iglesia en Oración.

[2] NUAL Capítulo II- 1.

[3] CO 223