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9.4.18

LOS LIENZOS LITÚRGICOS II


Siguiendo con el artículo anterior, existen otros dos lienzos, menos usados, Me refiero al empleado para cubrir el copón llamado capillo o cubrecopón y al que cubre el cáliz. El  capillo suele ser un lienzo circular de tela dorada o seda blanca, que se usa para cubrir el copón solamente cuando contiene formas consagradas. Su objeto es hacer notar que dentro está el Cuerpo de Cristo, y con ello evitar accidentes derivados del desconocimiento de si las hostias han sido o no consagradas. Su uso no es obligatorio, pero es recomendable por la razón antes señalada. Dado que solo debe cubrirse cuando hay forma consagradas en su interior, al inicio de la misa debe de estar descubierto y se le coloca el velo justo antes de colocarlo en el sagrario, tras la comunión, cuando se va a reservar.
El otro lienzo es el velo del cáliz, que puede ser del color litúrgico del tiempo o bien blanco. Sirve para cubrir todo el cáliz desde el comienzo de la misa hasta el ofertorio; y luego, después las abluciones. No es obligatorio usarlo, pero su uso es loable (OGMR 118).
El conopeo es un velo que cubre el sagrario donde se reserva la Eucaristía. Debe ser de color blanco o del color litúrgico propio del día, nunca de color negro. En algunos casos es de tul y en otros es de una tela más pesada. No debe ser transparente. Si el Santísimo se retira, se quita el conopeo o se levanta. Su uso es opcional, pero en las misas papales siempre se usa,
El gremial (del latín gremium, regazo) es un paño cuadrado del mismo color que los ornamentos a modo de delantal que se pone sobre las rodillas del obispo en las ordenaciones, durante la dedicación de los templos, y durante el lavatorio de los pies en la misa in Coena Domini, la tarde del Jueves Santo. Su uso tiene un sentido práctico: no manchar los ornamentos (casulla o dalmática) con el Santo Crisma que se emplea en las ordenaciones y en las dedicaciones de los templos, ni mojar la dalmática en el lavatorio de los pies.   
La palia es una pieza de tela cuadrada, reforzada de cartón o madera en su interior, que se coloca sobre el cáliz. La parte superior de la palia se puede adornar ricamente. Si tiene forma redonda se llama hijuela. Su uso es optativo. Sin embargo, es muy conveniente usarla para evitar que caiga polvo o algún insecto dentro del cáliz.
Antes de la misa se coloca sobre la patena con la hostia que, a su vez, se coloca sobre el purificador puesto sobre el cáliz. En el Ofertorio se quita para la presentación de los dones y, tras la presentación del vino, se coloca directamente sobre el cáliz. Se vuelve a quitar en el momento de la epíclesis, y se vuelve a colocar tapando el cáliz tras la consagración del vino. Nuevamente,  se quita en el momento de la fracción del pan. Si un diácono asiste a la misa él sería el encargado de ponerla y quitarla; de lo contrario lo hace el sacerdote. Cuando se descubre el cáliz, la palia suele colocarse sobre el purificador para que el sacerdote pueda tomarla con mayor facilidad. 
La bolsa de los corporales es una funda en la cual se guardan los corporales cuando no están extendidos en las celebraciones litúrgicas. Está formada de dos piezas de cartón de forma cuadrada forradas del mismo material y color que los ornamentos, que se unen por la tela por solo uno de sus cuatro bordes. En la forma romana, en cambio, las piezas de cartón se unen por tres de los cuatro bordes.  Su uso es optativo y ha caído en desuso.
Y terminamos con el manutergio. Consiste en un paño con el que el celebrante se seca las manos cuando se las lava en la misa. Hace, pues, oficio de toalla. Debe ser de un material que sea absorbente. Puede llevar bordada una cruz u otro signo litúrgico en un borde, para distinguirlo del purificador, que la lleva en el centro. En algunos lugares se le llama cornijal.

17.3.18

LOS LIENZOS LITÚRGICOS I


Vamos a tratar en un par de artículos  sobre los lienzos, paños y velos que tienen un uso litúrgico.
En primer lugar habría que decir que el uso de cortinas y velos en la Liturgia es una costumbre de tradición del culto judío. Así, por ejemplo, en la entrada del santuario en el templo de Jerusalén se ponía un velo, como señal de reverencia ante el misterio de la la presencia divina. El velo es un signo que nace de la necesidad de no tocar con las manos impuras, cosas sagradas: un símbolo de la pureza espiritual de la necesidad de estar más cerca de Dios. 
Comenzamos por aquellos que son necesarios para la celebración eucarística. El más importante de todos puede considerarse al corporal, porque sobre ese lienzo se coloca el cuerpo y la sangre de Cristo. El corporal es un paño cuadrado, que se extiende durante la misa encima del altar para colocar encima el cáliz, el copón y la patena, que a su vez sostiene la hostia. Su nombre viene del latín corpus, que significa Cuerpo, pues sobre ella va a reposar el Cuerpo del Señor. Debe ser de lienzo de color blanco y es preferible que no lleve decoración (se asimila al sudario), aunque se suele poner una cruz en el centro del lado que estará más próximo al celebrante. También esa cruz se puede usar como referencia a otra que pudiera haber en el mantel, a la mitad, para colocarlo en el centro del altar.
El uso del corporal en la misa es obligatorio (CDC 932§2). Además, se debe usar en la exposición del Santísimo, para colocar encima la custodia o copón. También se coloca sobre una mesita cuando se lleva la comunión a los enfermos. En las concelebraciones se puede usar un corporal más grande.
El corporal se dobla tradicionalmente en nueve secciones iguales. En la misa se extiende sobre el altar en el momento del Ofertorio y se retira tras la Comunión. El modo normal de extender el corporal es el siguiente: Se coge el corporal con la mano derecha y se coloca plano en el centro del altar, aún doblado; se desdobla primero a la izquierda y luego a la derecha, conformándose tres cuadrados; se desdobla la sección más alejada del celebrante, hacia fuera, de modo que queden seis cuadrados; finalmente, se desdobla el pliegue más próximo al celebrante, quedando visibles los nueve cuadrados, y se ajusta el corporal a unos tres centímetros del borde del altar.
Para doblar el corporal se siguen los mismos pasos pero a la inversa: se doblan los tres cuadrados más próximos al celebrante hacia dentro; después los tres más lejanos hacia sí, y finalmente los cuadrados derecho e izquierdo hacia el central. 
También es importante el mantel del altar, que será de color blanco y que puede llevar alguna decoración.  
Su uso es obligatorio para la misa (CDC 932§2 y OGMR 117).
El purificador es un paño rectangular que se suele plegar longitudinalmente y puede adornarse con una cruz u otro símbolo litúrgico estampado en el centro. Su uso es similar al de una toalla y se usa para la limpieza de los vasos sagra­dos, del borde superior del cáliz cuando bebe de él más de un celebrante o de la cruz cuando se besa. Antes de la misa se coloca sobre el cáliz, y encima del purificador se dispone la patena con la hostia de mayor tamaño. En el Ofertorio, antes de preparar el cáliz, se coloca a la derecha del corporal, y de ahí es tomado para ser usado por el sacerdote. Tras las abluciones, se vuelve a colocar encima del cáliz, como al inicio de la misa.

11.3.18

Domingo de Laetare


LITURGIA. EL DOMINGO DE LAETARE. JESÚS LUENGO MENA
La Iglesia celebra cada año, en tiempo cuaresmal, el cuarto domingo de Cuaresma, denominado de «Laetare». Recibe ese nombre por la antífona de entrada de la misa
«Laetare, Ierusalem, et conventum facite omnes qui diligites eam; gaudete cum laetitia, qui in tristitia fuistis; ut exsultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestrae»
(¡Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos!) Son frases tomadas del Cántico de Isaias[1]
Este domingo tiene un carácter especial dentro de la Cuaresma: es un domingo de alegría porque se acercan ya las fiestas pascuales. Veremos la alegría que sintió el pueblo de Israel cuando fue liberado de la cautividad de Babilonia en la primera lectura y celebraremos nuestra salvación por pura gracia de Dios, que, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, como oiremos en la segunda lectura. El Evangelio de Juan nos hará ver la alegría de saber el amor que Dios nos tiene, que envió a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Este don requiere por nuestra parte recibirlo con fe: todo el que cree en Él tendrá la vida eterna, no será condenado. Pero el que no cree en el nombre del Hijo único de Dios, ya está condenado. Los textos, pues, nos hablan también de la alegría.
Los ornamentos para este domingo son de color rosa o morado, el rosa es opcional. El color rosa (que no deja de ser un morado más claro) simboliza alegría, aunque sea una alegría pasajera y efímera.
Este domingo se celebra el segundo escrutinio preparatorio al bautismo para los catecúmenos que en la Vigilia pascual serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias. Otras peculiaridades de este domingo es que puede utilizarse la música instrumental y se puede adornar el altar con flores.
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
Los ornamentos de color rosado surgieron en la Baja Edad Media en el sur de Italia. Se asignan a los domingos Gaudete, III de Adviento, y Laetare, IV de Cuaresma, por ser los penúltimos de cada tiempo señalado: es un respiro en el camino de la austeridad al divisar en el horizonte la gloria que se va a alcanzar.
El color rosa pasó al Caeremoniale Episcoporum y de ahí se extendió su uso, aunque nunca ha sido preceptivo, sino «ad libitum», es decir, a consideración o discreción del celebrante o presidente de la celebración litúrgica.
Este domingo fue llamado también como «Domingo de las Rosas» pues, en la antigüedad, los cristianos acostumbraban obsequiarse rosas. Y de esa costumbre derivó la «Rosa de Oro», allá por el siglo X.
Consiste en que el Santo Padre, en el IV Domingo de la Cuaresma, iba del Palacio de Letrán a la Basílica Estacional de Santa Cruz de Jerusalén, llevando en la mano izquierda una rosa de oro que significaba la alegría por la proximidad de la Pascua. Con la mano derecha, el Papa bendecía a la multitud. Regresando procesionalmente a caballo, el Papa veía su montura conducida por el prefecto de Roma. Al llegar, obsequiaba al prefecto la rosa, en reconocimiento por sus actos de respeto y homenaje. De ahí procede la costumbre de ofrecer la «Rosa de Oro» a personalidades y autoridades que mantenían una buena relación con la Santa Sede, como príncipes, emperadores, reyes. Fue creada por  el papa León IX  en 1049 y consiste en un rosal de oro con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de plata renacentista en un estuche de oropel con el escudo papal. La rosa es bendecida el cuarto domingo de Cuaresma, ungida con el Santo Crisma y se la inciensa, de modo que es un sacramental.
En la actualidad, los papas acostumbran a remitir este símbolo de afecto personal únicamente a santuarios marianos destacados. Por ejemplo, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, (Portugal), recibió una Rosa de Oro de Pablo VI, en 1965, y la Basílica de Nuestra Señora Aparecida (Brasil)  recibió otra concedida por Pablo VI, en 1967 y otra de Benedicto XVI, en 2007. Desde 1956 no se hace entrega de la rosa a ninguna persona.  
Lla «Rosa de Oro» tiene consideración de condecoración  otorgada por el Papa.




[1] Is 66,10-11

6.12.17

Calendario litúrgico-pastoral 2018

El pasado domingo 3 de diciembre de 2017 fue el primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.
Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés apóstol
El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del domingo pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año que comienza es Ciclo B, año par.

En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:
I Domingo de Adviento: 3 de diciembre de 2017.
La Sagrada Familia: Domingo 31 de diciembre de 2017. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo 7 de enero de 2018 Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Miércoles de Ceniza: 14 de febrero de 2018. Comienza la Cuaresma.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor:25 de marzo de 2018.
Domingo de Resurrección: 1 de abril de 2018. Comienza el Tiempo Pascual.
La Anunciación del Señor: Lunes 9 de abril de 2018. Solemnidad.
Ascensión del Señor: Domingo 13 de mayo de 2018. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 20 de mayo de 2018. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual. 
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote:  Jueves, 24 de mayo. Fiesta.
Santísima Trinidad: Domingo, 27 de mayo de 2018. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 3 de junio de 2018. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 31 de mayo de 2018. Solemnidad.
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 8 de junio de 2018. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 25 de noviembre de 2018. Solemnidad
La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Natividad de María (8 de septiembre), Maternidad Divina (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto). Lo mismo sucede con las cuatro fiestas de santos que se celebran como solemnidad: San José (19 de marzo); Santos Pedro y Pablo (29 de junio); Natividad de San Juan Bautista (24 de junio); Todos los Santos (1 de noviembre).
Este año la solemnidad de la Anunciación del Señor se pasa al lunes 9 de abril, ya que su fecha habitual, 25 de marzo, es Domingo de Ramos.
En el año 2018, el Tiempo Ordinario comprende 34 semanas, de las cuales las seis primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 8 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 13 de febrero, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la VII semana, el día 21 de mayo, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 1 de diciembre, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico. No se omite ninguna semana del Tiempo Ordinario.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero: Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo: San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio: Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre: Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre: La Natividad del Señor. Solemnidad

Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo.
Recordamos que son días de abstinencia todos los viernes del año, no sólo los de Cuaresma. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes y Sábado Santos. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1.251 y siguientes).
En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma. La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.
LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.
Misa
Misal Romano.
Leccionario I-B.
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-par: Ferias del Tiempo Ordinario.
Leccionario IV: Propio de los santos.
Oración de los fieles.
Libro de la Sede.
El resto de Leccionarios, cuando se precisen. 


31.7.17

POSTURAS Y GESTOS DE LOS FIELES LAICOS DURANTE LA EUCARISTÍA

Vamos en este artículo a recordar las posturas y los gestos que el pueblo debe realizar durante la Eucaristía.
En primer lugar no está de más recordar las posturas a tener durante la misa. La Ordenación General del Misal Romano (OGMR) dispone al respecto:  Los fieles estén de pie: desde el principio del canto de entrada, o mientras el sacerdote se acerca al altar, hasta el final de la oración colecta; al canto del Aleluya que precede al Evangelio; durante la proclamación del mismo Evangelio; durante la profesión de fe y la oración de los Fieles; y también desde la invitación Orad hermanos que precede a la oración sobre las ofrendas hasta el final de la Misa, excepto en los momentos que luego se enumeran.
En cambio, estarán sentados durante las lecturas y el salmo responsorial que preceden al Evangelio; durante la homilía, y mientras se hace la preparación de los dones en el ofertorio; también, según la oportunidad, a lo largo del sagrado silencio que se observa después de la Comunión.
Estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella[1]. Obsérvese que la inclinación profunda la harán solamente los que no hayan podido arrodillarse.
Sobre lo anterior hay dos costumbres bastante generalizadas, que no cumplen lo dispuesto. Así, son pocos los fieles que nos ponemos de pie al Orad hermanos, la mayoría lo hace al oír el «Levantemos el corazón».
Otra costumbre generalizada es permanecer en pie durante la consagración, salvo en los casos que la propia OGMR cita. Desde la epíclesis, que a veces se anuncia con un toque de campanillas, hay que estar de rodillas, hasta  «Este es el sacramento de nuestra Fe». También la OGMR dispone que  allí donde sea costumbre que el pueblo permanezca de rodillas desde que termina la aclamación del Santo hasta el final de la plegaria eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice: Este es el Cordero de Dios, es loable que dicha costumbre se mantenga.
Los fieles que no puedan arrodillarse durante la consagración por motivos de salud, incomodidad u otras causas justificadas, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión posterior a la consagración del Pan y del Vino. Los fieles que han permanecido de rodillas no tienen que hacerla.
Ahora vamos con los gestos que el pueblo debe realizar en algunos momentos de la misa. 
Así, en el Yo confieso del acto penitencial se  golpea el pecho mientras se dice las palabras Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Suelen darse tres golpes de pecho, pero la OGMR no indica cómo ni cuántos golpes hay que darse.
Otro gesto, en este caso inclinación de cabeza, se hace en el Credo, El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre (si es el Credo Nicenoconstantinopolitano) , o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen (si es el Credo apostólico).  todos se inclinan profundamente; pero en las solemnidades de la Anunciación y de la Natividad del Señor, se arrodillan[2]. Muy pocos fieles hacen esta reverencia. El Credo no es en sentido estricto una oración, ya que no se dirige a Dios en cualquiera de sus tres personas sino que es una declaración de nuestra fe, una relación de nuestras creencias, aunque se diga rezar el credo.
Otro gesto que el pueblo debe hacer es antes de comulgar, en este caso una inclinación de cabeza.
La bendición con qué concluye la misa debe, asimismo, recibirse con la cabeza inclinada.
No olvidemos que por medio de la inclinación se expresa la  reverencia y el honor que se tributa a las personas o a sus signos y que hay dos clases de inclinación: de cabeza y de cuerpo.
a) La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran las tres Personas Divinas a la vez, a los nombres de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa;
b) La inclinación de cuerpo, o inclinación profunda, se hace: al altar; a las oraciones: Purifica mi corazón, y Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en el Símbolo, a las palabras Y por obra del Espíritu Santo, o que fue concebido; en el Canon romano, al decir la oración Te pedimos humildemente. La misma inclinación hace el diácono cuando pide la bendición antes de proclamar el Evangelio. El sacerdote se inclina además un poco cuando, durante la consagración, pronuncia las palabras del Señor[3].
Gesto significativo se produce también al momento de darse la paz, con un beso, abrazo o apretón de manos, aunque en cada cultura puede variar. Eso sí, está dispuesto que debe saludarse a las personas más cercanas, sin formar barullo ni abandonar el sitio que se ocupa en la nave. 
Y al Evangelio, en las palabras «Lectura del Santo Evangelio según ...» tanto el sacerdote como el pueblo hacen la señal de la cruz en la frente, boca y pecho. Santiguarse (hacer una gran cruz de la frente al pecho y del hombro izquierdo al derecho) sobra en ese momento, pero sí se hace al comenzar la misa y en la bendición final.
Terminamos refiriendo algunos gestos que no están dispuestos y que gran número de fieles realizan. Es costumbre devolver la reverencia al turiferario cuando inciensa al pueblo. No hay que hacerlo. En cambio, el turiferario sí que hace reverencia profunda antes y después de incensar al objeto o persona oportuno. Otro gesto que no indica la OGMR es al rezar el Padrenuestro, que muchos fieles lo hacen elevando algo las manos o dándosela. Y la genuflexión al entrar en la iglesia sólo se hace ante el Sagrario, si está Jesús Sacramentado presente, no a las imágenes.




[1] OGMR 43
[2] OGMR 137
[3] OGMR 275

11.6.17


LA DOCTRINA

Llamamos doctrina a toda verdad enseñada por la Iglesia como necesaria de creer. La doctrina se puede clasificar en las siguientes categorías: como revelación divina; como conclusión teológica de la verdad revelada  o como parte de la ley natural
         Llamamos pues doctrinas de fe a las verdades que la Iglesia enseña sobre las que se tiene la certeza de que son infalibles. o sea, sin posibilidad de error. Y no son infalibles por capricho ni arbitrariedad de la Iglesia: esas verdades están amparadas por las promesas de Cristo. Así pues, estas verdades requieren de los católicos el asentimiento de la fe, o sea, obligan a los católicos bajo pena de romper nuestra comunión con la fe verdadera.
         El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario[1].
         Una doctrina es de fe, o sea, infalible y obligatoria de creer, si se da alguno de estos requisitos: cuando ha sido una definición infalible del Papa; cuando los obispos enseñan verdades definitivas de la fe y moral en comunión con el Papa, de manera especial, cuando se reúnen en Concilio o, en tercer lugar, cuando el magisterio ordinario del Papa expresa un juicio definitivo en materia de fe o moral que era antes debatida.
         Al ejercicio explícito de infalibilidad papal se le conoce como ex-cathedra  cuando el Sumo Pontífice habla desde su silla –cathedra– de autoridad, como cabeza visible de todos los cristianos, sus enseñanzas no dependen del consentimiento de la Iglesia y son irreformables. No es menos cierto que la mayoría de las proclamaciones infalibles del Papa han sido tomadas en colegialidad, o sea, consultando a los obispos, aunque no sea preciso. El Papa puede definir un dogma sin los obispos.
         Los dogmas, tal como el Catecismo indica, son luces que iluminan el camino de nuestra fe y lo hacen seguro.





[1] Catecismo de la Iglesia católica, nº 88.

26.2.17

EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA: GENERALIDADES


Vamos en un par de artículos a comentar un asunto no litúrgico en sí mismo, pero con repercusión en la Liturgia. Se trata del Magisterio de la Iglesia. 
El Magisterio de la Iglesia –Magisterium Ecclesiae– es un término que hace referencia a la función y autoridad de la Iglesia de enseñar. Lo ejercen el Papa y los obispos, aunque las enseñanzas de la Iglesia están jerarquizadas, de modo que el Papa y los obispos no ejercen el mismo grado de autoridad en todas las enseñanzas. El Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma[1].
         A su vez, el CDC afirma: Se ha de creer con fe divina y católica todo aquello que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida por tradición, es decir, en el único depósito de la fe encomendado a la Iglesia, y que además es propuesto como revelado por Dios, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia, ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la común adhesión de los fieles bajo la guía del sagrado magisterio; por tanto, todos están obligados a evitar cualquier doctrina contraria[2] . 
         La Iglesia no toma exclusivamente de las Sagradas Escrituras la certeza de todo lo revelado sino que  también lo completa con la Tradición, o sea, por todas aquellas verdades reveladas por Dios, que han sido reconocidas por la Iglesia y que no están incluidas en la Biblia.
         La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Una y otra hacen presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo que ha prometido estar con los suyos "para siempre hasta el fin del mundo" (Mt 28,20)[3]. 
         Se entiende por Tradición la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo.
         Hay que distinguir entre la Tradición y las tradiciones teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales, nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia[4].
         Dentro del Magisterio de la Iglesia podemos distinguir entre el Magisterio Solemne o extraordinario, que es infalible y el Magisterio Ordinario. Lo contenido en el Magisterio Solemne es irrevocable, es decir, no puede contradecirse ni aún por el Papa o los concilios, quedando fijado para siempre.  El Magisterio Ordinario consiste en las enseñanzas no infalibles. Por orden de importancia tenemos en primer lugar la enseñanza de los papas, en segundo lugar la de los concilios y en tercer lugar las de los obispos y las de las conferencias episcopales. Estas enseñanzas pueden ser posteriormente alteradas.





[1] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 85.
[2] CDC canon 750
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 80.
4 Catecismo de la Iglesia Católica, nº 83.

6.12.16

LAS ELEVACIONES DE LA HOSTIA Y EL VINO Y LAS GENUFLEXIONES DURANTE LA MISA

Siguiendo con los gestos y posturas que se adoptan durante la misa, vamos a ocuparnos de dos gestos muy significativos: la elevación de la hostia y el cáliz y las genuflexiones que el sacerdote realiza durante la misa.
La elevación es el gesto simbólico propio del que ofrece alguna cosa. En la misa son tres las elevaciones propiamente dichas: 
* La de la hostia y el cáliz en el ofertorio, con la que el celebrante presenta a Dios las oblatas del sacrificio. La hostia se eleva sobre la patena, colocándola después sobre el corporal, al igual que el cáliz tras su elevación. Este rito se introdujo en la misa en el siglo XIII, en relación con las dos oraciones del ofertorio que la acompañan[1].
* Otra elevación es la que sigue inmediatamente a la consagración del pan y del vino. La primera, fue instituida a principios del siglo XIII en París por el obispo Eudes de Sully, a causa de la disputa teológica provocada por el monje y teólogo herético francés Berengario de Tours, que afirmaba que la presencia de Cristo en las Sagradas especies era sólo simbólica, no real. La elevación del cáliz le siguió poco tiempo después. Son elevaciones que no tienen carácter simbólico, sino que sirven solamente para mostrar a los fieles las especies consagradas, con el fin de excitar en ellos un acto de fe y de adoración.
* La que se encuentra al final de la Plegaria Eucarística, en la doxología final[2]. Es la más importante, y antiguamente era la única.
La doxología final de la Plegaria eucarística la pronuncia solamente el sacerdote principal y, si parece bien, juntamente con los demás concelebrantes, pero no los fieles”. (OGMR, 236). El pueblo cristiano hace suya la plegaria eucarística, y completa la gran doxología trinitaria diciendo: Amén. Añadimos que la costumbre observada en algunas comunidades de que el pueblo acompañe al sacerdote recitando la doxología no es litúrgica, ya que entonces ¿quién responde con el Amen? Es el Amén más solemne de la misa, un amen de ratificación de toda la plegaria.
En la reforma litúrgica de 1969 se apostó por un gesto de tradición oriental: elevar las especies, cada una con una mano y sin ostensión de la hostia, que permanece en su patena. En la misa con diácono es éste quien eleva el cáliz.
También hay otras dos elevaciones menores que el sacerdote lleva a cabo durante la misa. La primera cuando toma entre sus manos la hostia y el cáliz antes de consagrarlos: es un gesto imitativo de aquel hecho por Cristo  que debió ser más acentuado en la Edad Media que hoy en día.
La segunda, que de hecho es más bien una ostensión (muestra) tiene lugar cuando, mirando al pueblo antes de distribuir la comunión y de comulgar el sacerdote, se muestra la hostia alzada sobre la patena o sobre el cáliz diciendo: «Este es el Cordero de Dios». Se trata de una rúbrica introducida en el siglo XVI.
La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración. Por eso se reserva exclusivamente para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz solamente desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual.
En la misa, el sacerdote que celebra hace tres genuflexiones: después de la elevación de la hostia recién consagrada, después de la elevación del cáliz con el vino recién consagrado y antes de comulgar el sacerdote─ después del Cordero de Dios─. Es costumbre tocar las campanillas mientras duran las dos elevaciones de la consagración.
Ahora bien, si el sagrario con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y los otros ministros hacen genuflexión cuando llegan al altar y cuando se retiran de él, pero no durante la celebración de la misa. Los acólitos que llevan la cruz procesional o los cirios, en vez de la genuflexión, hacen inclinación de cabeza.





[1] Una es la oración que, en latín, dice  Suscipe, sancte Pater, omnipotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam... para la hostia y la Offerimus tibi calicem para el cáliz. 
[2] «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».

27.11.16

CALENDARIO LITÚRGICO 2017

El domingo 27 de noviembre de 2016 es primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.
Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés apóstol.
El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del domingo pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año que comienza es Ciclo A, año impar.
La novedad más significativa de este nuevo Año Litúrgico será la implantación, a partir del 4 de marzo de 2017, primer domingo de Cuaresma, de la III edición del Misal Romano, que sustituye al actual, además del empleo de los nuevos Leccionarios que se van publicando.

En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:
I Domingo de Adviento: 27 de noviembre de 2016.
La Sagrada Familia: Viernes, 30  de diciembre de 2016. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 8 de enero de 2017 Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Miércoles de Ceniza: 1 de marzo de 2017. Comienza la Cuaresma.
La Anunciación del Señor: Sábado 25 de marzo de 2017. Solemnidad.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 9 de abril de 2017.
Domingo de Resurrección: 16 de abril de 2017. Comienza el Tiempo Pascual.
Ascensión del Señor: Domingo, 28 de mayo de 2017. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 4 de junio de 2017. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual. 
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote:  Jueves, 8 de junio. Fiesta.
Santísima Trinidad: Domingo, 11 de junio de 2017. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 18 de junio de 2017. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 15 de junio de 2017. Solemnidad.
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 23 de junio de 2017. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 26 de noviembre de 2017. Solemnidad
La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Natividad de María (8 de septiembre), Maternidad Divina (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto). Lo mismo sucede con las cuatro fiestas de santos que se celebran como solemnidad: San José (19 de marzo), que este año se traslada al lunes 20 de marzo, por ser el día 19 III Domingo de Cuaresma; Santos Pedro y Pablo (29 de junio); Natividad de San Juan Bautista (24 de junio); Todos los santos (1 de noviembre).
En el año 2017, el Tiempo Ordinario comprende 34 semanas, de las cuales las ocho primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 9 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 28 de febrero, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la IX semana, el día 5 de junio, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 2 de diciembre, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico. No se omite ninguna semana del Tiempo Ordinario.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero: Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo: San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio: Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre: Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre: La Natividad del Señor. Solemnidad

Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo.
Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no sólo los de Cuaresma. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes y Sábado Santos. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1251 y siguientes).

LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Este año litúrgico nos ofrece la novedad de la renovación de los leccionarios y el Misal Romano, III edición.

Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.
Misa
Misal Romano.
Leccionario I-A.
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-impar: Ferias del Tiempo Ordinario.
Leccionario IV: Propio de los santos y misas comunes.
Oración de los fieles.
Libro de la Sede.
El resto de Leccionarios, cuando se precisen. 




27.9.16

SOBRE LAS POSTURAS QUE ADOPTA EL SACERDOTE EN LA MISA (I).

Vamos a dedicar un par de artículos a analizar las distintas posturas y gestos que el sacerdote realiza durante la misa, refiriéndonos al que preside la celebración. La Liturgia no es exclusivamente verbalista, sino que también en la celebración hay aspectos importantes visuales y de expresión corporal. A esos nos referimos. No se olvide que la «actuación» del presidente es uno de los factores que más influyen en el clima de una celebración litúrgica. Actuando «in persona Christi», es el presidente quien transmite a la asamblea la Palabra, quien eleva a Dios la alabanza, la petición y la súplica, dándole a su comportamiento un sentido sagrado, tal como afirma Aldazábal[1]. Los gestos deben ser elegantes y sin precipitación.
Los gestos y posturas hablan. No es lo mismo estar de pie que sentado, que el sacerdote mire al pueblo o que salude mientras busca las páginas del Misal. En definitiva, los gestos tienen que transmitir sinceridad y autenticidad.
En la misa, en primer lugar, la procesión de entrada, si la hay, la hará con las palmas de las manos unidas, a la altura del pecho, como el resto de los ministros que no porten objetos. Es señal de respeto y de oración, gesto de humildad y vasallaje, de actitud orante y confiada. Es el gesto más acomodado a la celebración litúrgica cuando las manos no han de emplearse en otros ritos o no se prescribe que se tengan levantadas. El sacerdote, al llegar al altar hace inclinación profunda y, posteriormente, lo besa. Si hay concelebrantes también lo hacen. Si se usa incienso, el sacerdote inciensa a la Cruz y al altar, rodeándolo. Si el Sagrario estuviese en el retablo, a la vista, hará genuflexión..
Terminado el canto de entrada, si lo hubo, desde la sede, el sacerdote y los fieles se signan con la señal de la cruz. Después, el sacerdote vuelto hacia el pueblo y extendiendo las manos, lo saluda usando una de las fórmulas que propone el Misal. 
Tras el acto penitencial, el Kirie y el Gloria, si procede, el sacerdote, con las manos juntas, invita al pueblo a orar, diciendo: Oremos. Luego, el sacerdote con las manos extendidas, dice la Oración Colecta. Se entiende que extender las manos se refiere a abrir los brazos, a media altura[2]. Levantar y extender las manos al rezar expresa los sentimientos del alma que busca y espera el auxilio de lo alto. Hoy es un gesto reservado al ministro que celebra la santa misa. El simbolismo principal detrás de la posición orante de ser un gesto sacerdotal se basa en la indicación de que el sacerdote está orando en nombre de nosotros, actuando como «alter Christus», como pastor del rebaño, cabeza del cuerpo
Durante la Liturgia de la Palabra, excepto al Evangelio que está de pie,  el sacerdote permanece sentado, con las manos sobre las rodillas. Si hay incienso, en el momento del Aleluya permanecerá sentado mientras los acólitos le ofrecen el turíbulo y el incienso. Si no lo hay, se pone en pie, junto a toda la asamblea.
Si tiene que proclamar el Evangelio, por faltar el diácono o no haber concelebrantes, el sacerdote antes de leer el Evangelio se inclina ante el altar y dice: “Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio” y se dirige al ambón. Allí, con las manos juntas, saluda al pueblo: El Señor esté con vosotros; y el pueblo responde: Y con tu espíritu; y en seguida: Lectura del Santo Evangelio, signando con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás. Si se usa incienso, el sacerdote inciensa el libro. Al acabar, el sacerdote besa el libro, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
Si no hay un lector, el mismo sacerdote proclama todas las lecturas y el salmo, de pie desde el ambón. Posteriormente, el sacerdote, de pie en la sede o en el ambón mismo, o según las circunstancias, en otro lugar idóneo pronuncia la homilía, que es obligatoria los domingos y fiestas de precepto.
El Símbolo (Credo) se canta o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo estando todos de pie. A las palabras y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre o bien  que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen del Credo nicenoconstantinopolitano o del Credo apostólico respectivamente todos se inclinan profundamente; y en las solemnidades de la Anunciación y de Navidad, se arrodillan.
Dicho el Símbolo, en la sede, el sacerdote de pie y con las manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición. Después el cantor o el lector u otro  ministro, desde el ambón o desde otro sitio conveniente, vuelto hacia el pueblo, propone las intenciones; el pueblo, por su parte, responde suplicante. Finalmente, el sacerdote, con las manos extendidas, concluye la súplica con la oración.
Los gestos y posturas durante la Liturgia Eucarística y Ritos finales los veremos en el siguiente artículo.




[1] José Aldazábal, Gestos y Símbolos, Dossier CPL 40.
[2] El gesto de algunos sacerdotes de las manos enfrentadas al pueblo no parece  el más adecuado.