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8.5.13

SOBRE LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA EL JUEVES SANTO


Aunque ya nos hemos alejado algo de la pasada Semana Santa y del Triduo Pascual, vamos a relatar la normativa que el Misal dispone sobre la celebración de la Eucaristía el Jueves Santo.
El Misal dice que Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíben todas las misas sin asistencia del pueblo. 
Por la tarde, en la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, en la que participa plenamente toda la comunidad local y en la que todos los sacerdotes y ministros ejercen su propio oficio.
Los sacerdotes que ya han celebrado en la misa crismal[1] para el bien de los fieles pueden concelebrar de nuevo la misa vespertina. Los fieles que han comulgado en la misa crismal pueden también comulgar de nuevo en esta misa.
Donde lo exija el bien pastoral, el Ordinario del lugar puede permitir la celebración de otra misa, por la tarde, en las iglesias u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo puedan participar en la misa vespertina. Cuídese que estas misas no se celebren solamente para bien de unos pocos y no perjudiquen en nada la misa vespertina, que es la principal. 
La sagrada comunión solamente se puede distribuir a los fieles dentro de la misa; a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día[2].
De lo anterior se deducen varias cosas:
1.     Que siempre se precisa permiso del obispo ordinario para celebrar misas en ese día (se entiende misas que no sean la de la Cena del Señor –Coena in Domini–).
2.     Que solamente se concederá dispensa para celebrar misa por la tarde si lo exige el bien pastoral.
3.     Que, para celebrar misa por la mañana,  sólo se dará dispensa en caso de verdadera necesidad y únicamente para los fieles que, de ninguna manera, puedan asistir a la misa vespertina de la cena del Señor.
4.     La Eucaristía que se celebre no debe ser para bien de unos pocos (comunidad, grupo, hermandad, etc)  y, además, que no ocasione perjuicio a la misa de la Cena del Señor (misma hora o situaciones similares similares).
Visto lo anterior, la pregunta es la siguiente ¿Puede una hermandad del Jueves Santo celebrar una misa matutina, como preparación de su estación de penitencia?
En principio, y siempre con permiso del obispo, sí, pero solo sería para los que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. En este grupo, entiendo que entrarían exclusivamente los componentes de la cofradía (nazarenos, músicos, costaleros, ayudantes) que, por razón de su horario de procesión, no podrían de ninguna manera acudir a la misa vespertina.
Añadir solamente que la rúbrica empleada para componer el artículo es la traducción española de la 2ª Edición típica del Misal y que la 3ª Edición típica del Misal, del año 2002, aún no se ha publicado en español, al igual que los nuevos Leccionarios.


[1]  Misa que debería celebrarse, de ordinario, el Jueves Santo, por la mañana, pero en nuestra diócesis se ha pasado al Martes Santo.
[2] Misal Romano marzo 1988, edición Coeditores litúrgicos 2007, pág. 252.

7.4.13

DIFERENCIA EN LA FECHA DE LA PASCUA ENTRE LAS DISTINTAS IGLESIAS


La fiesta de la Pascua es de origen judío. Los judíos la celebran cada año el 14 de Nisán, coincidiendo con la primera luna llena de primavera, sea el día de la semana que sea. Su celebración hace referencia a la intervención de Dios en su historia, al liberarlos de la esclavitud de Egipto en tiempos de Moisés (Ex 12, 1-14).
La pascua cristiana se convirtió en la conmemoración de la muerte y resurrección de Jesús, por medio de la cual liberó a la humanidad entera de la esclavitud del pecado y de la muerte.
Haciendo un poco de historia diremos que, en los primeros siglos del cristianismo, hubo dos tendencias respecto al día de celebración de la Pascua. En Asia Menor celebraban la Pasión del Señor el 14 de Nisán, igual que el pueblo judío, o sea, el mismo día de la luna llena. Esta tendencia se la conocía como los cuatordecimanos.
En las Iglesias occidentales, influenciadas por la costumbre romana, celebraban la Pascua de Resurrección el domingo tras la primera luna llena de primavera. Roma daba más importancia a la resurrección y las Iglesias asiáticas a la pasión.
Por otra parte, las Iglesias de Antioquía, Alejandría y Roma, que celebraban la Pascua en domingo, no coincidían en el domingo adoptado para tal fiesta. En Antioquía, aceptando el cómputo hebreo, escogían para la Pascua el domingo posterior al 14 de Nisán, por lo cual, en algunas ocasiones, la Pascua caía antes del equinoccio de primavera (21 de marzo). En cambio, en Alejandría y Roma, donde se deseaba marcar distancia con la religión judía, utilizaban cómputos propios para calcular la Pascua de forma que no cayese nunca antes del equinoccio. Pero tampoco en este cálculo había uniformidad, ya que los alejandrinos situaban el equinoccio el 21 de marzo y los romanos lo anticipaban al 18 de marzo.
Con el fin de solucionar estos problemas, en el Concilio de Nicea (325) se establecieron las normas para fijar la fecha de la Pascua:
- que la Pascua se celebrase siempre en domingo;
- que no coincidiese nunca con la Pascua judía, que se celebraba independientemente del día de la semana, para evitar paralelismos o confusiones entre ambas religiones;
- que los cristianos no antepusieran nunca la fiesta de Pascua al equinoccio de primavera.
Ahora, el problema consistía en saber qué día era el equinoccio, el 18 o el 21 de marzo, llegándose al acuerdo de fijarlo el 21 de marzo, por la intervención de Dionisio el Exiguo, monje erudito y matemático del siglo VI, el fundador del cálculo de la era cristiana o Anno Dómini ( †544), que consiguió que la Iglesia romana adoptase el sistema de cálculo de la Pascua seguido por la Iglesia alejandrina.
En aquellos años estaba en uso el calendario juliano,  así llamado porque lo había implantado Julio César en el año 46 a.C. y que fijaba el equinoccio de primavera el día 25 de marzo. Pero resultó que ese calendario no era exacto, ya que daba un desfase anual de 11 minutos al año, que con el paso del tiempo se convirtieron en días.
Para evitar este desfase, el Concilio de Trento (1545-1563) determinó corregir el calendario para que el equinoccio aconteciera el 21 de marzo, como en tiempos del Concilio de Nicea (325),  habiéndose alcanzado una diferencia de 10 días.
El papa Gregorio XIII (1572-1585) reformó el calendario, mediante la bula Inter gravissimas (24 de febrero de 1582), decretando dos cuestiones fundamentales:
*Que se restaran 10 días al calendario, de modo que del 4 de octubre se pasara al 15 de octubre (1582).
* Que fueran bisiestos aquellos años cuyas dos últimas cifras sean divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900...), de los que se exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 2000, 2400...).
Este calendario, llamado gregoriano por el papa Gregorio, tiene un pequeño error que se convierte en un día cada 3.300 años.
Lo que interesa para determinar la Pascua es que, a partir de este cambio gregoriano, dejó de haber uniformidad en la fecha pascual, ya que este cambio de calendario no fue asumido en los países donde no seguían el credo católico, tales como ortodoxos, protestantes y anglicanos, calendario que tardó años e incluso siglos, en ser implantado.  
La reforma gregoriana quebró la unidad de celebración del mundo cristiano. A partir de ese momento comenzó a determinarse el domingo pascual de manera separada. Hoy día, a nivel mundial,  el calendario gregoriano está implantado civilmente, pero las Iglesias ortodoxas, prácticamente en su totalidad, siguen utilizando el calendario juliano para fijar sus fiestas litúrgicas. Por esta razón, Oriente y Occidente no celebran la Pascua el mismo domingo dado que aplican los principios fijados por el concilio de Nicea 325 a calendarios distintos.
Los ortodoxos siguen computando la Pascua con el calendario juliano y los romanos con el gregoriano. De momento, el calendario juliano tiene 13 días de retraso respecto del gregoriano, y, en el año 2100, la diferencia será de 14 días. Es decir, la fecha del equinoccio de primaveral que se ha fijado, según el calendario juliano, el 21 de marzo, corresponde, según el calendario gregoriano, al 3 de abril. El domingo de Pascua puede coincidir en ambas Iglesias cuando la luna llena que sigue al equinoccio de primavera caiga tan tarde que corresponda también a la primera luna llena tras el 21 de marzo del calendario juliano (para nosotros sería el 3 de abril). Esto no ocurre con regularidad. Sin embargo, se ha producido en los últimos años: 2001, 2004, 2007, 2010 y 2011. Y se producirá nuevamente en los próximos años en 2014 y 2017, pero después será necesario esperar hasta 2034.  En definitiva, la Semana Santa ortodoxa puede ser posterior a la católica o coincidir, pero nunca anterior.
Los intentos de unificar las fechas del calendario litúrgico han fracasado hasta ahora, y aunque algunas Iglesias –Constantinopla, Grecia, Rumanía, Chipre, Alejandría, Antioquía y Bulgaria– han adoptado el calendario gregoriano para el Año Litúrgico, mantienen para determinar la fiesta de Pascua el calendario juliano, con el fin de mantener la unidad en las Iglesias ortodoxas.
La Iglesia católica trató el tema en el concilio Vaticano II y así quedó recogido en el número 20 del decreto sobre las Iglesias orientales católicas Orientalium Ecclesiarum (21 de noviembre de 1964): Mientras llega el deseado acuerdo de todos los cristianos de celebrar el mismo día la festividad de la Pascua, y para fomentar entre tanto esa unidad entre los cristianos de la misma región o país, se concede a los patriarcas o a las supremas autoridades locales la facultad de proceder unánimemente y de acuerdo con todos aquellos a quienes interesa celebrar la Pascua en una mismo domingo. Incluso los padres conciliares manifestaron no ser contrarios a que se adoptase un domingo fijo para la Pascua, siempre y cuando estuvieran de acuerdo todos los que estén interesados, llegando a proponerse como día de la Pascua al domingo siguiente al segundo sábado del mes de abril, obteniendo el beneplácito del occidente cristiano pero no de las Iglesias orientales.
El Consejo Ecuménico de las Iglesias ha debatido el tema de la determinación de una misma fecha para la Pascua en todas las Iglesias cristianas sin obtener, de momento, resultado alguno.
Los interesados pueden ampliar esta cuestión visitando  http://www.lexorandi.es/TeologiaLiturgica/astronomialiturgia.html

25.3.13

SOBRE LA INDUMENTARIA DE LOS CLÉRIGOS.




En este artículo vamos a exponer la vestidura habitual o de calle que los ministros ordenados deben llevar, completando el que ya hemos dedicado a la vestimenta de los obispos, basándonos en el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, en su número 66, aprobado por Juan Pablo II el 31 de enero de 1994 y en el Apéndice I del Ceremonial de los obispos.
Este Directorio dice que, en una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero — hombre de Dios, dispensador de sus misterios — sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel—más aún, por todo hombre— su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.
Por esta razón, el clérigo debe llevar un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales.  El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal.
La vestidura básica de los clérigos, en su ropaje ordinario, debe ser, bien la sotana, bien el clerigman con alzacuellos. La sotana o hábito talar –así llamada por llegar hasta los talones– siempre será negra, salvo la del Papa, que la usa blanca. También se llama a la sotana traje o hábito piano en recuerdo del papa Pío IX que fue quien estableció su uso. La sotana de los sacerdotes lleva los botones negros, la de los obispos está ribeteada en morado, con  botones del mismo color y la de los cardenales tiene ribetes y botones en rojo. Los fajines son negros, morados o rojos para los sacerdotes, obispos o cardenales, respectivamente. También pueden llevar fajín morado los protonotarios apostólicos, los prelados de honor y otras dignidades. A veces, los seminaristas lo llevan azul.
Después del Vaticano II  la sotana acabó, en la mayoría de los casos, en el armario, por lo que el sacerdote se distingue cada vez menos. También es cierto que, desde hace algunos años, sobre todo entre los sacerdotes jóvenes, se registra una corriente a favor de recuperar su uso.
El clerigman es un traje, gris o negro, con alzacuellos blanco. Al comienzo de su uso hubo ciertas reticencias debido a que es una vestimenta que introdujeron los pastores protestantes. Si la vestidura clerical es obligatoria para todos, los clérigos que prestan servicio en la Curia, diocesana o romana están especialmente obligados a usarla.
El cardenal Tarcisio Bertone, actual Secretario de Estado Vaticano ya que ha sido ratificado por el papa Francisco, remitió una carta circular el 15 de octubre de 2012 a todos los responsable de los dicasterios, oficinas y tribunales de la Santa Sede, donde indicaba que  los cardenales, obispos y sacerdotes que prestan servicio en la Curia Romana deben acudir al trabajo con la vestimenta  adecuada, sotana o traje negro o gris con alzacuellos blanco (clergyman), y, cuando se presenten ante el Papa, todos han de llevar la sotana correspondiente al cargo. El cardenal resalta la importancia que tiene que el personal que presta servicio en el Vaticano vista adecuadamente. Literalmente dice que "en una época (la actual) en la que cada uno está llamado a renovar la conciencia y la coherencia de su propia identidad todo eclesiástico y religioso que trabaja en la Curia Romana debe vestir regularmente y con dignidad el hábito que le corresponde". Bertone agrega que han de ir con sotana o con clergyman  en cualquier época del año y que,  al igual que el personal que presta servicio en la Curia, también es conveniente  que los miembros de los episcopados de todo el mundo y otros religiosos que visiten la Curia Romana y la Ciudad del Vaticano vistan de esa manera.
Asimismo recordó, para evitar equivocaciones, que el uso de la sotana es obligatorio para asistir a cualquier acto que presida el Papa, como para acudir a las asambleas plenarias de los dicasterios vaticanos y a las visitas "ad limina apostolorum", la que están obligados a realizar al Papa todos los obispos del mundo cada cinco años.
Terminamos con la afirmación del Directorio citado, cuando dice que por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legitimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente,  y añade que, exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.
Solo añadir que la sotana también es prenda de vestir por los clérigos de la Iglesia ortodoxa, los anglicanos y otros credos cristianos y que, en siglos pasados, no era prenda exclusivamente clerical, ya que la usaban también los doctores, gentes de letras, profesores de universidades y similares.




21.3.13

BUSCADOR EN EL BLOG

A SUGERENCIA DE UN LECTOR Y GRACIAS A SUS ÚTILES INSTRUCCIONES HE AÑADIDO UN BUSCADOR EN LA CABECERA DEL BLOG. ASÍ, SERÁ MÁS FÁCIL ENCONTRAR CUALQUIER ARTÍCULO.
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14.3.13

EL MINISTERIO DE LECTOR: CONSEJOS ÚTILES



El ministerio de lector es uno de los dos ministerios instituidos propios de los laicos que la Carta Apostólica, en forma de Motu Proprio, MINISTERIA QUAEDA de Pablo VI estableció –el otro ministerio es el acolitado–. Pero, no cabe duda, de que el ministerio de lector se presta más a que lo ejerzan, si no de derecho, sí de hecho, muchos fieles laicos, hombres o mujeres, que colaboran en la Liturgia proclamando la Palabra de Dios. 
Teniendo en cuenta la cantidad de fieles que ejercen ese ministerio, que no siempre se hace bien y para el que no basta la buena voluntad o el ofrecimiento, la Delegación Diocesana de Liturgia del Arzobispado de Sevilla ha redactado un documento,    dirigido a quienes lo ejercen y válido para otras diócesis, recordando algunas pautas que se deben tener en cuenta.
El documento –letra en cursiva–  dice literalmente así:
- Recuerda que eres el altavoz de Dios en la asamblea, porque cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo.
- Utiliza siempre los Leccionarios. En ellos encontrarás siempre la seguridad de que la traducción de la Biblia cuenta con el apoyo de los Obispos que son garantes de la fe de la Iglesia. No cualquier traducción es apta para ser leída en la liturgia.
- Cuida bien los Leccionarios. Procura que se guarden en lugares dignos cuando no se utilizan. En la Liturgia  todo entra por los sentidos. Unos libros sucios y desencuadernados poco dicen de la dignidad e importancia de la Palabra de Dios.
- Prepara antes de la celebración la lectura de los textos, incluso leyéndolos en voz alta. Ello te dará luego seguridad y entonación adecuada a la naturaleza propia de lo que vas a proclamar.
- Si has de leer en una iglesia distinta de la que te es habitual, comprueba la situación acústica y la megafonía. No todas las instalaciones son iguales, no todos los micrófonos recogen igual la voz.
- No empieces a correr hacia el ambón cuando todavía el sacerdote está terminando de pronunciar la oración colecta. Espera a que termine y se siente en la sede. Empieza entonces a acercarte al ambón, despacio.
- Si para acercarte al ambón tienes que cruzar por delante del altar, haz una reverencia. Y si está el Santísimo en el sagrario,  haz una genuflexión.
- Algunos lectores parecen conductores novatos agarrados nerviosamente al volante por el modo en que se aferran al ambón. Las manos puedes colocarlas suavemente a los lados del libro. Nunca atrás ni en los bolsillos, que no son maneras dignas para la alta tarea que estás realizando.
- Antes de comenzar a leer, espera a que todo el mundo esté sentado y perfectamente acomodado. Aun así, espera un instante manteniendo la mirada hacia la asamblea. Ello  crea la expectación necesaria.
- Lo que en el leccionario aparece escrito en letras rojas está prohibido leerlo. ¡Acuérdate de los semáforos en luz roja! Por eso no digas: primera lectura, etc.
- No empieces a leer directamente el texto. La asamblea tiene derecho a saber de qué libro de la Biblia se va a hacer la proclamación. Por ello comienza, según te indique el Leccionario: Lectura de la carta, etc.
- Al final de la lectura no digas «Es» palabra de Dios. Sólo di: Palabra de Dios.
- Al leer, no olvides que te estás dirigiendo a una asamblea. Tienes que mirar de vez en cuando a los que te escuchan. Es  una forma elemental de mantener la calidad de la comunicación. Aprende de los buenos locutores de televisión que siempre miran a las cámaras. ¿Comprendes por qué hay que preparar la lectura con antelación?
- No lee mejor quien más corre leyendo, sino quien mejor vocaliza y mantiene el ritmo de la lectura, con sus correspondientes pausas.
- Y, sobre todo, asimila mediante la oración lo que vas a leer y sé el primero que testimonies con tu vida la verdad de lo que proclamas.
 A estos consejos, podemos añadir que la costumbre de leer de un papel o folio no es litúrgica y, al menos en apariencia, minusvalora la Palabra y le quita significación. También, señalar que hay textos de especial dificultad, con nombres bíblicos de difícil pronunciación y que no es lo mismo una lectura narrativa, histórica, que una con diálogos o poética, por lo que la costumbre de repasar antes la lectura antes es muy recomendable. No obstante, es frecuente “repartir” las lecturas en el momento mismo de comenzar la Eucaristía.
Tampoco está de más comprobar que el Leccionario esté abierto por la lectura del día que corresponde. Más de una vez hay despistes y situaciones incómodas por no cerciorarse antes. Para ello, es bueno tener a mano el Calendario Litúrgico-Pastoral del año en curso. 
Y, para finalizar, yo entiendo que, aunque no esté expresamente dispuesto, cuando deban subir dos lectores al ambón desde la nave, que lo hagan al mismo tiempo y se retiren de igual manera.

5.3.13

En breve, mi nuevo libro sobre "Liturgia, culto y cofradías".
Está prevista su presentación el día 14 de marzo.

http://abeceditores.blogspot.com.es/2013/02/liturgia-cultos-y-cofradias-manual-de.html



PECULIARIDADES LITÚRGICAS DURANTE LA SEDE VACANTE.


De todos es conocido que, hasta la elección de un nuevo Papa, estamos en un periodo denominado Sede Vacante. La normativa para la elección del nuevo Papa se rige, salvo algunas pequeñas modificaciones posteriores hechas por Benedicto XVI, por la Constitución Apostólica UNIVERSI DOMINICI GREGIS de Juan Pablo II, publicada el 22 de febrero de 1996.
Esta Constitución establece, como única forma de elección del Romano Pontífice, la denominada  per scrutinium, o sea, por votación, aboliendo los otros modos existentes, que eran de per acclamationem y per compromissum.
No pueden ser electores, o sea, votar, los cardenales que antes del día de la muerte del Sumo Pontífice o del día en el cual la Sede Apostólica quede vacante, hayan cumplido 80 años de edad. El número máximo de cardenales electores no debe superar los ciento veinte.
Tras la modificaciones hechas por Benedicto XVI en su CARTA APOSTÓLICA Motu Proprio sobre  Algunos cambios en la norma para la elección del Romano pontífice siempre se exigirá los dos tercios de los votos para que el votado sea elegido Papa, aunque si las votaciones se prolongan demasiado se deberá votar solo a los dos nombres que hayan obtenido más apoyos en la última votación efectuada.
Actualmente, el gobierno de la Iglesia descansa en el Colegio de Cardenales, que mientras está vacante la Sede Apostólica, solamente pueden disponer el despacho de los asuntos ordinarios o de los inaplazables y para la preparación de todo lo necesario para la elección del nuevo Pontífice.
Mientras se elige un nuevo Papa, en todas las diócesis se están dando instrucciones sobre la repercusión que, en la Liturgia, tiene el periodo de Sede Vacante. 
Nos hacemos eco en este blog de las que el Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla ha hecho públicas, en una Carta, con fecha de 1 de marzo de 2013, en la cual indica una serie de cuestiones, algunas de las cuales tienen relevancia litúrgica, indicaciones que son similares y trasladables a otras diócesis.
Así, en primer lugar, se exhorta a todos los fieles de nuestra Archidiócesis a permanecer en oración personal y comunitaria durante el período de “Sede Vacante”, hasta la elección del nuevo Sucesor de Pedro.
Además, dispone que:
>No se nombrará a Benedicto XVI en la liturgia –Plegaria Eucarística de la Misa, Liturgia de las Horas– ni en las demás oraciones.
>Tanto en las Misas, como en la Liturgia de las Horas y otras oraciones cristianas –santo Rosario, adoración Eucarística, etc.– se pedirá por el Colegio de los Cardenales que elegirá al nuevo Papa, así como por el que será elegido en su momento, para que el Espíritu Santo les ilumine en la búsqueda creyente del querer de Dios.
>Exceptuados los domingos y solemnidades, se dirá la Misa del día, con la oración colecta de la Misa para elegir un Papa o un Obispo (Misal Romano, Misas y oraciones por diversas necesidades. I Misas por la Santa Iglesia, 4, pág 910).
​>Durante la celebración del Cónclave, fuera de los domingos y solemnidades, se celebrará la Misa del día con las tres oraciones que contiene el Misal Romano y, en el día en que comience dicho acontecimiento, si no es domingo o solemnidad, se dirá la misa completa para la elección de un Papa, con lecturas tomadas del Común de Pastores (Leccionario V).
​>Al tener noticia de la elección del nuevo Sumo Pontífice, se harán sonar todas las campanas de la Archidiócesis como gesto de acogida y adhesión filial del nuevo Papa, uniéndonos a la alegría y oración de toda la Iglesia Universal. A partir de ese momento se nombrará al nuevo Papa en la liturgia –Plegaria Eucarística de la Misa, Liturgia de las Horas– y en las demás oraciones.
Además, se pueden organizar actos especiales –santo Rosario, adoración Eucarística, etc.– y pedir la intercesión de la Santísima Virgen de los Reyes, con el fin de que Dios conceda a su Iglesia el Pastor que necesita. 

Oración colecta de la Misa para elegir un papa o un obispo
Oh Dios, Pastor eterno,
que  gobiernas a tu grey con protección constante,
te rogamos que, por tu misericordia infinita
concedas  a la Iglesia
un pastor que te agrade por su santidad
y sea útil a tu pueblo
por su vigilante dedicación pastoral.
Por nuestro Señor Jesucristo.

21.2.13

LA INDUMENTARIA DE LOS OBISPOS


En primer lugar hay que decir que la indumentaria de los ministros depende, en primer lugar, bien de si van a realizar alguna acción litúrgica o bien en el resto de los casos. No es lo mismo oficiar alguna ceremonia litúrgica que estar presente en ella, como uno más del pueblo. Cualquier ministro ordenado puede estar presente en una eucaristía, por ejemplo,  sin presidirla ni concelebrar.  
Así, los ministros participantes en una celebración litúrgica, se revisten para ejercer su ministerio con las vestiduras sagradas, que es como hay que llamarlas y reservar el nombre de ornamentos para los elementos que adornan el altar y el presbiterio. Las vestiduras sagradas juegan un papel importante  en la celebración, con su propia pedagogía.
La vestidura litúrgica básica, desde el presidente de la celebración a los acólitos, es el alba –túnica blanca–, que debe ir con cíngulo si no queda de por sí suficientemente ceñida al cuerpo, y con el complemento del amito si se precisa, ya que su función es cubrir el cuello. Los presbíteros llevan sobre el alba la estola –tira de tela de uso común para todos los ministros ordenados– colgada al cuello con el color litúrgico que corresponda. Los diáconos llevan la estola atravesada, desde el hombro izquierdo, pasando sobre el pecho, hacia el lado derecho, donde se sujeta a la altura de la cintura
La casulla es propia de los presbíteros y la debe llevar, obligatoriamente, el ministro ordenado que preside la celebración. A los sacerdotes concelebrantes les está permito prescindir de la casulla, pudiendo vestir solo alba con estola. El diácono llevara dalmática sobre el alba y la estola. 
Tanto la estola como la casulla tienen su color litúrgico propio del tiempo.
Además, existen otras vestiduras litúrgicas, que no son objeto de este artículo.
Así pues, cuando el obispo celebra, se reviste litúrgicamente como los presbíteros, aunque en ocasiones más solemnes puede llevar la dalmática, blanca, debajo de la casulla, además de sus insignias pontificales (anillo, mitra, báculo, cruz pectoral y palio, si le corresponde).  
El hábito coral del obispo[1] lo usará cuantas veces sale para dirigirse públicamente a la Iglesia o cuando regresa de ella, cuando esté presente sin que presida la liturgia o las acciones sagradas, y en otros casos previstos en el Ceremonial, tanto en su diócesis como fuera de ella.
Este hábito coral consta de sotana de color violáceo, una banda de seda del mismo color con flecos también de seda como adorno en ambos extremos –sin borlas–, roquete de lino o de otro tejido semejante, muceta de color violáceo –sin cogulla, o sea, sin capucha–, cruz pectoral sostenida sobre la muceta por un cordón de color verde entretejido con oro, solideo y bonete de color violáceo, con borla. Cuando el obispo lleva la sotana violácea, también usa medias de ese color. Puede usar capa magna, sin armiño, en su diócesis para las grandes solemnidades; los zapatos serán negros y sin hebillas.
Fuera de los actos litúrgicos los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar –CDC 284–. 
El Directorio para el Ministerio y la vida de los presbíteros, dado por Juan Pablo II, el 31 de enero de 1994, indica en su número 66 sobre la obligación del traje eclesiástico que El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel—más aún, por todo hombre, su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia… El traje, cuando es distinto del talar –sotana–, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones de derecho universal. Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.
Para presidir una acto de piedad popular, como por ejemplo un Vía Crucis, que no es un acto litúrgico, sino que es un ejercicio de piedad, llevan el llamado hábito piano episcopal, que consta de una sotana negra con cordoncillo, ribetes, costuras, ojales y botones de seda color rubí, sin sobremangas; sobre esta se puede colocar una esclavina; fajín con flecos, cruz pectoral con cadenilla y solideo; las medias violáceas son opcionales. Es la indumentaria adecuada para la asistencia a actos públicos, pero no litúrgicos.
Con este hábito se permite el uso de sombrero: de paño grueso de color negro el cual puede ser adornado con cordoncillos y borlas de color verde. En circunstancias más solemnes se podrá usar un amplio manteo de seda, color violáceo – los italianos le llaman ferraiolo–, que llegue hasta los pies.
Por otro lado, el vestido común, o de uso cotidiano, puede ser la sotana negra.  Con la sotana, usan medias negras; también pueden llevar alzacuello, el solideo y la faja de color morado. La cruz pectoral se sostiene con la cadenilla. Siempre debe llevarse el anillo, independientemente de la vestidura que,  en cada momento, lleve.  Si el obispo es religioso puede llevar el hábito de su Instituto. También puede vestir el clerigman. 
Finalizamos remitiendo al lector interesado al Apéndice I del Ceremonial de los Obispos, donde se describen detalladamente las vestiduras de los obispos.


[1] Ceremonial de los Obispos, 63.

16.2.13

LA CUARESMA: TIEMPO BAUTISMAL Y PENITENCIAL


El pasado Miércoles de Ceniza hemos comenzado un tiempo litúrgico nuevo: la Cuaresma. En la actualidad “el tiempo de Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo exclusive” (NUAL 28). El computo matemático total en la actualidad suma cuarenta y cuatro días, incluidos el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo. 
El Vaticano II nos dice que “prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia”. La Constitución Litúrgica (SC 109) recuerda el carácter bautismal y penitencial de la Cuaresma e insiste en la escucha asidua de la palabra y en la dedicación a la oración. Es la época del "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15).
En Cuaresma, la liturgia se hace muy patente con signos claros. Si alguna solemnidad, como san José, cae en domingo, se debe celebrar el sábado anterior.
En cuanto a normas litúrgicas y orientaciones pastorales propias podemos apuntar algunas:
* Se debe buscar la mayor austeridad posible, tanto para el altar como para los demás lugares y elementos celebrativos.
* El contraste entre esta austeridad cuaresmal y las maneras festivas que se ofrecerán al llegar la Pascua (Pascua=paso) ayudarán a captar este concepto de "paso".
* En este tiempo hay que suprimir las flores, la música instrumental, salvo si es imprescindible para acompañar el canto,  y los adornos.
* Una celebración comunitaria de la Penitencia es muy recomendable, con confesión personal como preparación inmediata al Triduo Pascual, así como el ejercicio del Vía Crucis.
* En la Misa se omite siempre el Aleluya, que volverá a resonar gozoso en la Vigila Pascual. Puede sustituirse por una aclamación cristológica.
* Se dicen los prefacios de Cuaresma, excepto las fiestas que los tengan propios.
* Los domingos se omite el Gloria.
* El acto penitencial de la misa debe destacarse.
* Las vestiduras de los ministros serán moradas. Lo anterior no excluye otros colores, como el blanco, en las fiestas de San Cirilo y San Metodio, patronos de Europa, así como en la fiesta de la Cátedra del Apóstol San Pedro, en la  solemnidad de San José y el Jueves Santo; el rojo para el  Domingo de Ramos y el Viernes Santo o el rosa del Domingo de Laetere.
* Se recomienda hacer homilía diaria, si hay suficientes fieles.
El Leccionario nos ofrece lecturas centradas en la conversión, penitencia y en la contemplación de la Pasión del Señor que se intensifica en la Semana Santa.
El Miércoles de Ceniza, día privilegiado litúrgicamente hablando, es día de ayuno y abstinencia –como el Viernes Santo– y la liturgia nos presenta el rito, característico, de la imposición de la ceniza.
En la misa de ese día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente. Se omite el acto penitencial, que se sustituye por la imposición de la ceniza, después de la homilía. Tras una oración impone en la cabeza o la frente la ceniza a los presentes con cualquiera de las dos fórmulas que propone el Misal: “Convertios y creed en el Evangelio” o bien “Acuérdate de que polvo eres y al polvo volverás”. Es conveniente que el sacerdote también se la imponga o le sea impuesta por algún fiel. Después sigue la Oración de los Fieles y prosigue la misa con la Liturgia Eucarística. No se dice el Credo.
También existe la posibilidad de imponer la ceniza fuera de la misa. Los días posteriores a este miércoles, hasta el primer domingo de Cuaresma, se llaman jueves, viernes y sábado después de Ceniza.
Los domingos de Cuaresma se denominan domingo I, II, III, IV y V de Cuaresma, aunque continúa la errónea costumbre de denominar al V Domingo de Cuaresma como Domingo de Pasión, nombre que ha pasado actualmente al domingo que abre la Semana Santa llamado “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”.
El domingo IV de Cuaresma tiene un carácter especial: se le llama “Laetere” (Alégrate) por su antífona de entrada, que comienza con esas palabras tomadas de Isaías (Is 66,10).  Este domingo está situado en la mitad de la Cuaresma y tiene un tono de alegría, pues ya está cerca el fin del ayuno y más cercana la alegría de la Pascua. Ese día está autorizado el color rosa en las vestiduras de los ministros, tal como sucede en el III Domingo de Adviento – Gaudete–.
Teológicamente, el protagonista de la Cuaresma es Cristo, que se retira a orar al desierto, que cura al ciego, que se encuentra con la samaritana y la salva. Cristo es el dueño de la historia y avanza hacia la Pascua sembrando la Salvación. En definitiva, la Iglesia nos propone una trilogía cuaresmal: oración, ayuno y limosna. 
El ayuno y la abstinencia
Finalizamos recordando las normas actuales sobre el ayuno y la abstinencia
* La abstinencia de carne o de otro alimento dispuesto por la Conferencia Episcopal se debe guardar todos los viernes del año, que tienen siempre carácter penitencial y no solo los viernes de Cuaresma, como suele creerse. Ayuno y abstinencia serán solamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a los mayores de 14 años y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida al día, y algo de alimento por la mañana y por la noche. La abstinencia se refiere a productos de carne u otros. El sentido es de renuncia voluntaria a algo que nos agrada y ofrecerlo para los necesitados además de un sentido penitencial. No se trata pues de renunciar o hacer sacrificio por el hecho de hacerlo. El ayuno y la abstinencia no son un fin en sí mismo, más bien deben ser un reflejo de la actitud interior de conversión. Como la ley del ayuno es única e indivisible, una vez quebrantada –culpable o inculpablemente–, se podría seguir comiendo sin que por ello se cometiera una nueva falta. No sucede lo mismo con el precepto de la abstinencia, ya que se faltaría a ella cuantas veces se quebrantara ese día.
Las respectivas Conferencias Episcopales pueden determinar la manera en que se cumple el ayuno y la abstinencia, y sustituirlo en todo o en parte por obras de caridad y prácticas piadosas. –CDC nº 1251 y siguientes–. Así, en España, excepto los viernes de Cuaresma, los demás viernes del año puede sustituirse la abstinencia por limosna, obras o lecturas piadosas.

SIGLAS EMPLEADAS:
NUAL: Normas Universales sobre el Año Litúrgico
SC.: Sacrosanctum Concilium
CDC: Código de Derecho Canónico. 


20.1.13

LA SEPARACIÓN MATRIMONIAL

Terminamos con este artículo el delicado tema del matrimonio canónico, al que hemos dedicamos varios artículos en el pasado año, analizando ahora el tema de la separación matrimonial. El CDC dedica los cánones del 1152 al 1155 a analizar la situación de lo que puede calificarse como un matrimonio fallido. Está dentro del sentido común la realidad de que, a veces, la convivencia matrimonial no es viable. Causas varias hacen imposible la convivencia y la Iglesia las entiende y hasta recomienda el cese de la convivencia si es por el bien de los propios cónyuges, de sus hijos o del cuidado del patrimonio común. La Iglesia no obliga a un matrimonio a vivir juntos de por vida, sabe que la naturaleza humana del matrimonio puede derivar en situaciones injustas para una o ambas partes. 
Los cónyuges tienen el deber y el derecho de mantener la convivencia conyugal, a no ser que les excuse una causa legítima” (C. 1151). 
El adulterio es una de las causas a las que el Código dedica más espacio, recomendando encarecidamente que el cónyuge no niegue el perdón a la parte adúltera ni interrumpa la vida matrimonial. Si a pesar de todo no perdonase expresa o tácitamente esa culpa, tiene derecho a romper la convivencia conyugal, salvo que hubiera consentido en el adulterio, o hubiera sido causa del mismo, o él también hubiera cometido adulterio. El Código entiende que hay condonación tácita si el cónyuge inocente, después de haberse cerciorado del adulterio, prosigue espontáneamente en el trato marital con el otro cónyuge durante seis meses y continúa la convivencia conyugal, sin haber recurrido a la autoridad eclesiástica o civil. Si el cónyuge inocente  interrumpe por su propia voluntad la convivencia conyugal, debe proponer en el plazo de seis meses causa de separación ante la autoridad eclesiástica competente, la cual, ponderando todas las circunstancias, ha de considerar si es posible mover al cónyuge inocente a que perdone la culpa y no se separe para siempre. 
También, es motivo de separación si uno de los cónyuges pone en grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole. El grave peligro espiritual se refiere a cuando uno de los cónyuges abandona la fe católica para unirse a una secta y obliga al otro y/o a los hijos a hacer lo mismo, o no permite que su cónyuge practique su fe, o les obliga a cometer algún acto inmoral. También, si un cónyuge hace demasiado dura la vida en común, proporciona al otro un motivo legítimo para separarse, con autorización del Ordinario del lugar y, si la demora implica un peligro, también por autoridad propia.
Podrían relacionarse como posibles causas de separación actos tales como alcoholismo, adicción a las drogas, violencia doméstica, ludopatía que pone en peligro la viabilidad económica de la familia, delincuencia, irresponsabilidad clara y derroche en la administración de los bienes comunes, falta clara de cumplimiento de los deberes como padre o madre y circunstancias parecidas, que hacen, no solo necesario sino recomendable, la separación de los cónyuges. Siempre hay que atender a la debida sustentación de la prole. Si cesa la causa de la separación, el otro cónyuge debe admitir al separado. La Iglesia siempre busca que los cónyuges se reconcilien, cuando sea posible. Así, por ejemplo, si la causa de la separación es el alcoholismo, la toxicomanía o la ludopatía y, tras un tratamiento adecuado, el cónyuge afectado se rehabilita, la otra parte debe recibirle de nuevo. En el caso de adulterio frecuente o continuado la otra parte no está obligada, si no quiere, a recibirle de nuevo. 
En cualquier caso, la separación matrimonial mantiene el vínculo, o sea, los cónyuges permanecen casados, no están divorciados ni su matrimonio es nulo, aunque vivan en domicilios diferentes y no hagan vida marital y administren independientemente su patrimonio. Para la Iglesia siguen siendo marido y mujer, por lo que los cónyuges no pueden contraer nuevo matrimonio y es reversible.
Añadir que la legislación civil también contempla la separación como uno de los supuestos en las relaciones matrimoniales, solamente que no hay necesidad de alegar ningún motivo, aunque tiene que tramitarse judicialmente para salvaguardar, sobre todo, los derechos de la prole, mediante un convenio regulador. También es reversible y el estado civil de los esposos no varía. 

2.12.12

CALENDARIO LITÚRGICO-PASTORAL 2012-2013


Hoy, dos de diciembre de 2012, es primer domingo de Adviento, comenzando un nuevo Año Litúrgico. Con la fijación cada año del primer domingo de Adviento y del domingo pascual se puede confeccionar el resto del calendario.
Cada año litúrgico comienza siempre el domingo más próximo al treinta de noviembre, fiesta de San Andrés apóstol. El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea reunido el año 325 que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su remate en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del domingo pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año es Ciclo C, año impar.

Este año, las festividades móviles quedan establecidas así:
I Domingo de Adviento: 2 de diciembre de 2012.
Sagrada Familia: Domingo, 30 de diciembre de 2012. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 13 de enero de 2013. Fiesta.
Miércoles de Ceniza: 13 de febrero de 2013. Comienza la Cuaresma.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 24 de marzo de 2013.
Domingo de Resurrección: 31 de marzo de 2013. Comienza el Tiempo Pascual.
La Anunciación del Señor: Lunes, 8 de abril (trasladada). Solemnidad.
Ascensión del Señor: Domingo, 12 de mayo de 2013. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 19 de mayo de 2013. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual.
Santísima Trinidad: Domingo, 26 de mayo de 2013. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 2 de junio de 2013. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior. Solemnidad,
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 7 de junio de 2013. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 24 de noviembre de 2013. Solemnidad
 En el año 2013, el Tiempo Ordinario comprende 34 semanas, de las cuales cinco se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 14 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 12 de febrero, día anterior al Miércoles de Ceniza. Comienza de nuevo el tiempo ordinario con la VII semana, el día 20 de mayo, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 30 de noviembre, víspera del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico.
Se omite la VI semana del Tiempo ordinario.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre La Natividad del Señor. Solemnidad

Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo.
Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no solo los de Cuaresma y ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1251 y siguientes).

LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV y Diurnal
Misa
Misal Romano.
Leccionario III: ciclo C (domingos).
Leccionario VII: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario IV: Ferias del Tiempo Ordinario.
Leccionario V: Santoral.
Leccionario VIII: Rituales
Oración de los fieles
Libro de la Sede