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6.5.20

SOBRE LA VALIDEZ DE LA MISA OÍDA O VISTA POR LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN



Estamos inmersos en estas semanas en las que, a causa de la pandemia del coronavirus, se ha suprimido en España la celebración pública de la Santa Misa con asistencia de fieles en todos los templos de las diócesis. 
En la archidiócesis de Sevilla, a la que referiré en este artículo pero que es similar a las demás, se hizo por decreto arzobispal de 14 de marzo de 2020, atendiendo al confinamiento obligado por las autoridades civiles para evitar la expansión de la pandemia del coronavirus. 
Muchas personas seguimos la misa dominical por alguno de los medios de redes sociales o por retransmisiones de televisión. Enseguida nos asalta una pregunta: ¿Sirven esas misas para cumplir el precepto dominical? ¿Da lo mismo estar presente en la iglesia que verla por TV? Nos vamos a referir, en este artículo, a la mayoría de los fieles que, habitualmente, acudimos a las iglesias a participamos de la eucaristía, dejando aparte los casos de enfermos, imposibilitados y sus cuidadores, falta de sacerdotes y situaciones similares, que están dispensados por imposiblidad física.
Veamos en primer lugar que dispone el Código de Derecho Canónico (CDC) al respecto. En su canon 1247 dice: El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo. Y en el canon siguiente aclara: Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde.
Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia Católica, al enumerar los mandamientos de la Iglesia, afirma, en su número 2042 lo siguiente: El primer mandamiento («oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles») exige a los fieles que santifiquen el día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas principales en honor de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos, en primer lugar participando en la celebración eucarística en la que se congrega la comunidad cristiana y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones que puedan impedir esa santificación de esos días.
En definitiva, para cumplir el precepto se exige la presencia física. El decreto arzobispal de 13 de marzo de 2020, previo al citado anteriormente, hace referencia al Catecismo, que indica que La vida y la salud física son bienes preciosos, confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.
Por otra parte, el CDC, en su canon 87 § 1 indica que  El Obispo diocesano, siempre que, a su juicio, ello redunde en bien espiritual de los fieles, puede dispensar a éstos de las leyes disciplinares tanto universales como particulares promulgadas para su territorio o para sus súbditos por la autoridad suprema de la Iglesia; pero no de las leyes procesales o penales, ni de aquellas cuya dispensa se reserva especialmente a la Sede Apostólica o a otra autoridad.
A la vista de lo anterior, el arzobispo nos ha dispensado de la asistencia a la celebración dominical a todos los fieles en la Archidiócesis y también nos recomienda seguir la santa Misa por radio, televisión o internet, haciendo la comunión espiritual, práctica tradicional de la Iglesia que exhortamos a recuperar como medio de santificación y de comunión eclesial.   
En definitiva, seguir la misa por algún medio de comunicación no sirve para cumplir el precepto, del cual estamos dispensados. La dispensa no procede del hecho de seguirla por los medios como sustitución alternativa sino por decreto arzobispal a la vista de la excepcionalidad del momento, ni significa que haya dos formas de seguir la misa ni se equiparan o convalidan ambas formas. Obsérvese que el arzobispo recomienda, no obliga, seguir la misa por medios de comunicación, por lo que si algunos fieles no la siguen no por eso no les alcanza la dispensa. En cuanto las circunstancias sean favorables decaerá el decreto y la dispensa.
Termino añadiendo que la intención al escribir este artículo es únicamente para advertir que solo hay una forma de participar en la misa, que es con la presencia física, no vayamos a pensar que, por acostumbrarnos a la comodidad de seguirla desde casa, vale tanto lo uno como lo otro.        





31.3.20

EL CÁLCULO DE LA FECHA DE LA PASCUA. LA EPACTA



Como continuación de un  anterior artículo, dedicado a la fecha de la Pascua, hoy nos detenemos en la forma de calcularlo. Es evidente que en nuestros tiempos no hay problema porque hay tablas establecidas y grandes  conocimientos. Pero, ¿cómo podían saber en siglos remotos cuándo era el domingo pascual?
Para conocer ese dato entran en juego dos conceptos, que se traducen en dos cifras: el número áureo y la epacta. Conociendo esos datos al uno de enero de cada año se puede saber en qué fase se encuentra la Luna cada día de ese año. Los cálculos son un poco enredosos y los pongo como curiosidad, ya que su relación con la Liturgia consiste en que determinar la fecha de la Pascua es algo crucial en el Año Litúrgico, para fijar las festividades móviles, tales como el tiempo de Cuaresma y el tiempo pascual. El lector más interesado podrá calcular la fecha de las fases de la Luna en cada momento de los años pasados, actuales y posteriores. También añadir que la Iglesia latina adoptó en 1582 el llamado «calendario gregoriano» decretado por Gregorio XIII, que adelantó el calendario en 10 días, mientras que las Iglesias orientales siguieron con el calendario juliano, instaurado por Julio Cesar en el 46 a.C. Actualmente, en la vida civil, han adoptado el calendario gregoriano pero en la Liturgia nuestros hermanos ortodoxos siguen empleando el calendario juliano para calcular la fecha pascual, por lo que las fechas de la Pascua no coinciden con la Iglesia latina. Pero ese tema da para otro artículo. 
Veamos el número áureo. El número áureo astronómico (no el matemático) es el número que corresponde a cada año en el ciclo metónico, que se repite cada 19 años. Hay 19 números áureos (del 1 al 19) y cada año tiene su número áureo asociado. Se llama áureo porque estaba grabado con letras de oro en el templo ateniense de Minerva, para indicar la importancia que se le daba a ese número para confeccionar los calendarios. Se calcula fácilmente: se toma el año que se quiera saber, se divide por 19 y al resto de esa división se le suma 1. O sea: año/19: el resto+1= número áureo. Así, en 2020 el número áureo es 7 (2020:19 = 106 y resto 6). 6+1=7.  Eso significa que 19 años más tarde, en 2039, el número áureo volverá a ser el 7 y, por consiguiente, las fases de la luna de 2039 coincidirán, día a día, con las de este año. Si el resto es 0 el número áureo será 19. Así es fácil establecer unas tablas de referencia.
La epacta es la edad de la luna al comenzar el año, o dicho de otra manera, es un número que expresa los días que hay entre el último novilunio del año (que habrá sucedido en algún día de diciembre) y el día 1 de enero del año siguiente. El ciclo lunar es de 29 días, no coincidente con el ciclo solar. Se entiende que el novilunio, luna nueva, es el primer día de la luna, cuarto creciente será el día 7, el día 14 será luna llena y el 22 será cuarto menguante, para comenzar, siete días más tarde, otro ciclo lunar. De hecho, parece que la división de la semana en siete días, conocida desde épocas muy remotas, corresponde a las fases lunares, aunque hay otras explicaciones bíblicas (seis días duró la Creación y el séptimo día descansó). Para 2020 la epacta es V.
El cálculo de la epacta es esencial ya que su conocimiento permite calcular, con una sencilla fórmula, las fechas en que se producen los novilunios de un año y por tanto la fase en que se encuentra la luna en cualquier fecha. Pero ¿Cómo se calcula epacta?
Para calcular la epacta se parte del número áureo del año y se multiplica por 11. El resultado obtenido se divide entre 30. Al resto de la división se le sustraen el número de unidades que le corresponde según la siguiente relación: de 1582 a 1699 se restan 10; de 1700 al 1899 se restan 11; de 1900 a 2099 se restan 12; de 2100 a 2299 se restan 13 y así sucesivamente. Si el resto fuera menor al número de unidades que se deben sustraer se le suma 30 antes de la resta de las unidades correspondientes. El resultado obtenido es la epacta del año.
Veamos el ejemplo de este año de 2020. Ya hemos visto que el número áureo de 2020 es el 7. Ahora calculamos la epacta de 2020. Hacemos lo que dijimos más arriba. Número áureo por 11 (7*11=77). Dividimos por 30 (77:30=2 y resto 17). A 17 le restamos 12 (17-12=5) y da 5. Ese número es la epacta de 2020.
Y para terminar ¿Cómo se calculan las lunaciones? La edad lunar se determina partiendo del número de la epacta correspondiente a ese año al que hay que sumarle una unidad por cada mes a partir de marzo y el día del mes que se quiere calcular. Si pasa de 30 restamos 30 y el número que dé nos indica la edad de la Luna en esa fecha concreta. Así, en 2020, vamos a averiguar la edad de la luna el 12 de abril. A la epacta le sumamos 2 y el número del día del mes. Así pues 5+2+12=19. 19 es la edad de la luna ese día, por lo que cuatro días antes corresponde la luna llena. Y así se calcula para cualquier fecha del año. Un poco complicado pero, con paciencia, lápiz y una hoja de papel, haciendo cálculos, se da con el dato.
Añadir que epacta también ha pasado a ser sinónimo de calendario eclesiástico, gallofa, añalejo u ordo y que los cálculos pueden variar algo porque al paso del tiempo se van acumulando horas.
Terminamos con una reflexión en el sentido de que tal vez habría que volver a reconsiderar el tema de la fecha de la Pascua, ya que divide a los cristianos debido al uso de dos calendarios diferentes –juliano y gregoriano– para su cálculo. Así se podría establecer la Pascua en un domingo fijo del año, como ya indicaron los padres conciliares en el apéndice de la Constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium y comentó el papa Francisco en junio de 2015 o bien fijarlo con criterios puramente astronómicos.

10.3.20

SOBRE EL RITO DEL LAVATORIO


Nos vamos acercando, en este tiempo de Cuaresma, hasta el ápice del Año Litúrgico, el triduo pascual. La iglesia reserva para esos días, de enorme densidad litúrgica, una serie de ritos que no se ven el resto del año. Hoy nos vamos a referir a uno muy concreto y característicos de la «MISSA IN CENA DOMINI», misa del Jueves Santo en la que conmemoramos la Santa Cena, la institución de la Eucaristía y del sacerdocio. Nos referimos al Lavatorio de los pies, rito que se realizará «donde lo aconsejen razones pastorales» (CO 301). Lo anterior significa que no es un rito obligatorio. 

Hasta hace poco, sólo eran seleccionados para cumplir este rito a 12 varones. Esto ha cambiado. Por un Decreto de la «Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos» fechada el 6 de enero de 2016 titulado IN MISSA IN CENA DOMINI el papa Francisco ha dispuesto que en el Misal, se sustituya la frase «Los varones designados, acompañados de los ministros…» por la de «Los que han sido designados de entre el pueblo de Dios son acompañados por los ministros…». Esta modificación ya viene en la actual edición del Misa Romano. Asimismo, el Ceremonial de los Obispos también lo recoge (nº 301). Además, el decreto dice que los pastores puedan designar un pequeño grupo de fieles que represente la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios. Este pequeño grupo puede estar compuesto de hombres y mujeres, y es conveniente que formen parte de él jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, clérigos, consagrados, laicos. Y sigue recordando a los pastores su deber de instruir adecuadamente tanto a los fieles designados como a los demás, para que participen en el rito consciente, activa y fructuosamente.
El citado decreto expone que la reforma de la Semana Santa, con el decreto Maxima Redemptionis nostrae mysteria (30 noviembre 1955), dio la facultad, si era pastoralmente aconsejable, de realizar el rito del lavatorio de los pies a doce varones durante la Misa en la Cena del Señor, tras la lectura del Evangelio de san Juan, manifestando así la humildad y el amor de Cristo hacia sus discípulos. En la liturgia romana, a este rito se le ha llamado Mandatum del Señor sobre la caridad fraterna, según las palabras de Jesús (Jn 13,34). Al realizar este rito, obispos y presbíteros son invitados a conformarse íntimamente a Cristo que «no vino a ser servido, sino a servir» (Mt 20,28) y, llevado por un amor «hasta el extremo» (Jn 13,1), a dar la vida por la salvación de todo el género humano.
En definitiva, que los designados no tienen por qué ser varones exclusivamente.
Y aunque no tenga nada que ver con lo anterior, y por causa de la epidemia del coronavirus que azota a muchos paises, vamos a recordar brevemente que acciones recomienda la Conferencia Episcopal española modificar temporalmente para ayudar a la no propagación del virus.
Básicamente son tres recomendaciones. La primera podría ser retirar el agua bendita de las pilas que hay a la entrada de nuestras iglesias. Esa agua se debe verter en una maceta, árbol o jardín, no al lavabo ni al baño. Otra medida puede ser recibir la comunión en la mano, para evitar que los dedos del sacerdote entren en contacto, accidentalmente, con los labios o lengua del comulgante.
Sobre el rito de la paz, en vez del tradicional apretón de manos se puede sustituir por un gesto amable. Además, debemos añadir que el rito de darse la paz es opcional. La OGMR dispone, en su número 154, que el sacerdote solo, con las manos extendidas, dice en voz alta la oración: Señor Jesucristo, que dijiste; y terminada ésta, extendiendo y juntando las manos, vuelto hacia el pueblo, anuncia la paz, diciendo: La paz del Señor esté siempre con vosotros. El pueblo responde: Y con tu espíritu. Luego, según las circunstancias o si se juzga oportuno, el diácono o el sacerdote añade: Daos  fraternalmente la paz. Por lo tanto, basta con que el sacerdote, si quiere, omita la frase que invita a darse la paz.



5.2.20

SOBRE LA ORACIÓN PÚBLICA QUE SE HA HACER EN CASO DE GRAVE PROFANACIÓN DE UNA IGLESIA

El CDC, en su Canon 1211 dice que Los lugares sagrados quedan violados cuando, con escándalo de los fieles, se cometen en ellos actos gravemente injuriosos que, a juicio del Ordinario del lugar, revisten tal gravedad y son tan contrarios a la santidad del lugar, que en ellos no se puede ejercer el culto hasta que se repare la injuria por un rito penitencial a tenor de los libros litúrgicos.
Cuando se produce un hecho de estas características, se puede decir, en lenguaje común, que la iglesia queda inutilizada para realizar actos de culto, es necesario realizar un rito penitencial, que es conveniente que sea presidido por el obispo. La ofensa debe repararse cuando antes posible.   
El Ceremonial de los Obispos es el libro en el cual se detalla el rito a seguir. En su número 1071 se indica que La injuria causada a la iglesia debe repararse cuanto antes mediante una celebración penitencial. Hasta que no se realice la celebración penitencial, no se celebre en esta iglesia ni la Eucaristía ni otros sacramentos o acciones litúrgicas [...]En signo de penitencia desnúdese el altar; quítense los signos que ordinariamente expresan alegría y gozo, como son las luces encendidas, las flores u otros signos parecidos.
La celebración penitencial puede realizarse cualquier día, excepto el Triduo Pascual, los domingos y las solemnidades y puede consistir, además del rito propio, en una Liturgia de la Palabra o una Eucaristía, siendo esta última opción la más adecuada. Conviene que el obispo concelebre con otros sacerdotes, especialmente con los que ejercen su misión pastoral en dicha iglesia. 
El rito comienza con una procesión, si es posible, desde otra iglesia o de un lugar adecuado hasta la iglesia que va a ser reparada. La procesión es como la de entrada para la misa, cantando la Letanía de los Santos. Al llegar al presbiterio se omite la reverencia al altar y el obispo bendice el agua, para asperjar al altar, al pueblo y a las paredes de la iglesia, si lo desea. Al terminar este acto, dice la oración colecta y sigue la Liturgia de la Palabra. La oración de los fieles se suprime, si se han cantado las Letanías de los Santos. Terminada la oración de los fieles, se cubre el altar con el mantel, se ponen las velas y la Cruz. Sigue la misa como de ordinario.
Si la profanación a las especies eucarística ha sido muy grave se pueden omitir los ritos finales y hacer un exposición y bendición con el Santísimo.
El autor o autores del hecho delictivo, a tenor del canon 1367 quedan sancionados automáticamente con excomunión.  Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica; el clérigo puede ser castigado además con otra pena, sin excluir la expulsión del estado clerical

23.12.19

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR


Un ciclo importante del año litúrgico se nuclea en torno a la festividad de la Natividad del Señor, fiesta fija, que celebramos el 25 de diciembre, Navidad.
La Iglesia celebra el Nacimiento desde el año 336, por disposición del papa san Julio I, aunque en realidad no se sabe con rigor histórico la fecha exacta del Nacimiento y ni siquiera si fue o no en invierno. Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta Santa Elena construyó la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el siglo IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos y que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que el emperador Adriano impuso y que tenía su templo romano en el Campo Marzo.
El hecho de elegir la Iglesia esta fecha (solsticio de invierno) tiene un simbolismo. El sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y, justamente al comenzar el invierno, comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, Sol naciente que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar. Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del Sol (fiesta pagana) los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y Sol que ilumina a todos los hombres. Posteriormente se introdujo y generalizó la costumbre romana de la Misa de medianoche (la tradicional Misa del Gallo), que se empezó celebrando en la basílica romana de Santa María la Mayor, basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén.
La Iglesia celebra estos días el misterio de la manifestación del Señor. La Navidad del Señor es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente san Francisco de Asís cuando, en el año 1223, hizo representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular. La cena navideña en familia, la asistencia a la Misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy entrañables y queridos por el pueblo cristiano.
La Liturgia de este día es muy especial, pues e
n el día de Navidad los sacerdotes pueden celebrar la Eucaristía tres veces, siempre que sea en su hora propia –medianoche, mañana y tarde–, circunstancia que se volverá a repetir solamente el día de los difuntos. El misal nos presenta cuatro formularios de misas propias: la misa vespertina de la vigilia, la misa de medianoche (la del gallo), la misa de la aurora y la misa del día, con una hermosa antífona de entrada (Un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado…).
Se usa el color blanco y al final de la misa se da a besar el Niño y se bendice el Belén que se haya compuesto en la iglesia. Las misas usan alguno de los prefacios de Navidad, vuelve el Gloria y en el Credo, a las palabras «Y por obra del Espíritu Santo…» todos se arrodillan. Los fieles que han comulgado en la misa de medianoche pueden volver a hacerlo en la misa del día.
Comienza un nuevo tiempo litúrgico, el tiempo de Navidad, que durará hasta el domingo posterior a la Epifanía, Fiesta del Bautismo del Señor, en este caso el domingo 12 de enero.     

1.12.19

CALENDARIO LITÚRGICO 2019-2020


El domingo 1 de diciembre de 2019 es primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.
Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta del apóstol San Andrés.
El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del Domingo Pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año que comienza es Ciclo A, año par.
En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:
Comienza el Adviento
I Domingo de Adviento: 1 de diciembre de 2019.
La Sagrada Familia: Domingo, 29  de diciembre de 2019. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 12 de enero de 2020.  Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Comienza la Cuaresma
Miércoles de Ceniza: 26 de febrero de 2020.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 5 de abril de 2020.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: 12 de abril de 2020. Comienza el Tiempo Pascual.
Ascensión del Señor: Domingo, 24 de mayo de 2020. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 31de mayo de 2020. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual. 
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Jueves 4 de junio de 2020. Fiesta.
Santísima Trinidad: Domingo, 7 de junio de 2020. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 14 de junio de 2020. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 11 de junio de 2020. Solemnidad.
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 19 de junio de 2020. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 22 de noviembre de 2020. Solemnidad
La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre, hasta la hora nona en 2020, ya que el día siguiente es II Domingo de Adviento); María, Madre de Dios (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto).
En el año 2020, el Tiempo Ordinario comprende 33 semanas, de las cuales las siete primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 13 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 25 de febrero, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la IX semana, el día 1 de  junio, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado  28 de noviembre, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico. Este año se omite la VIII semana del Tiempo Ordinario.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero: Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo: San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio: Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre: Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre: La Natividad del Señor. Solemnidad
Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo. La Iglesia considera como días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.
Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no sólo los de Cuaresma (excepto si coinciden con alguna solemnidad), que puede sustituirse por  cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1249 y siguientes).
LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.
Misa
Misal Romano.
Leccionario I-A
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-par: Ferias del Tiempo Ordinario.
Leccionario IV: Propio de los santos y misas comunes.
Oración de los fieles.
Libro de la Sede.
El resto de Leccionarios, cuando se precisen.

7.10.19

ALGUNOS DETALLES SOBRE LA INTERVENCIÓN DE LOS ACÓLITOS EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA.



Vamos en este artículo a relacionar algunos detalles sobre el comportamiento y actuación de los acólitos durante la celebración eucarística, unos más y otros menos conocidos. Los ejemplos están tomados del Ceremonial de los Obispos, libro lítúrgico que, además de ordenar la liturgia episcopal, entra en muchos pormenores que no se hallan en otros documentos.  
En primer lugar veamos algo tan frecuente como portar los ciriales en la procesión de entrada o salida. Según el modo romano, o sea, nuestra Liturgia, los acólitos tomarán los ciriales con la manos de tal forma que el que avanza por la parte derecha sujetara con su mano izquierda la base del cirial y con la derecha el nudo central del cirial o candelabro, mientras que el acólito que avanza por la parte izquierda colocará la mano derecha en el pie del cirial y la manos izquierda en el nudo. Pura simetría.  
Un tema que detalla muy pormenorizadamente ese Ceremonial es la función del turiferario y la forma de usar el turíbulo. Así, indica que, cuando avanza en la procesión, siempre el primero, el turiferario llevará el incensario con la mano derecha, introduciendo el dedo pulgar en el anillo mayor y con el dedo corazón controlará el anillo menor de la cadena, para levantar la tapa. Si va solo, en la mano izquierda llevara, por su pie, la naveta con el incienso y la cucharilla. Procurará llevar las dos manos a la misma altura. Si van dos acólitos, el que porta la naveta se situará a la izquierda del turiferario, llevando la naveta por su pie con la mano derecha y colocará, al igual que el turiferario, su mano izquierda sobre el pecho.
Al presentar al obispo (o al presbítero que preside) el incensario pueden hacerlo dos acólitos: uno lleva el incensario y a su izquierda el de la naveta, que presenta abierta al obispo, aunque de ordinario, si hay diácono, a éste le corresponde ofrecer la naveta. Si solo hay un acólito llevará ambas cosas: el incensario en la mano izquierda y la naveta con la cucharilla en la mano derecha. El obispo echa por tres veces incienso y, una vez devuelta la cucharilla al ministro, hace la señal de la cruz con su mano derecha sobre el incienso del incensario sin decir nada.
El diácono y/o el acólito, cuando entreguen el incensario al obispo o al presbítero que preside la celebración, lo hacen colocando la parte superior de las cadenas en la mano izquierda de quien lo recibe y el incensario con las brasas en la derecha.
Para finalizar digamos que quien inciensa debe tomar con la mano izquierda y por su parte superior las cadenas que sostienen al incensario y con su mano derecha toma las mismas cadenas cerca del incensario. Debe procurar no balancearse al tiempo que el incensario. La mano izquierda, que sostiene el incensario por su parte superior, estará fija y quieta junto al pecho y el brazo y la mano derecha se moverán con comodidad con los movimientos del incensario, sin extender el brazo. Debe moverse la muñeca sobre todo. Para incensar al presidente de la celebración se debe colocar en el extremo derecho del altar y a una distancia suficiente como para evitar golpear al presidente.
Recordamos que el acólito, cuando inciensa, siempre da tres golpes dobles de turíbulo y tiene asignado (en ausencia de diácono) incensar al presidente, a los concelebrantes, al pueblo y en la consagración a la Hostia y al Vino, en este caso siempre de rodillas. 




5.10.19

Manual de Liturgia.

MI ÚLTIMO LIBRO, PUBLICADO POR LA EDITORIAL ALMUZARA




La Liturgia y la piedad popular son aspectos poco estudiados y conocidos en el mundo de las cofradías. La abundancia de estudios sobre la imaginería, los bordados, el mundo del costal, la orfebrería, los vestidores, la historia de esas corporaciones y otros muchos aspectos de esa realidad multiforme que es la Semana Santa parecen ocultar y perder de vista que todos esos elementos no tienen sentido, pierden su esencia, si se desvinculan del fin al que se dirigen: el culto a sus Titulares. Sin el culto no tendrían sentido, salvo como curiosidad antropológica o tradicional.

En este libro sobre Liturgia el autor aborda todos los elementos litúrgicos que un buen cofrade debe saber, conocimientos que deberían ser imprescindibles para miembros de juntas de gobierno y diputados de cultos, y en general para cualquier católico amante de la Liturgia. Pero no sólo se queda ahí, también Luengo Mena hace incursiones en el Derecho Canónico y otros temas, abordando asuntos como el gobierno de la Iglesia, la situación de los divorciados en la Iglesia, el protocolo eclesiástico y civil y, en definitiva, temas de sumo interés para cualquier católico. Estamos ante un libro completo, redondo, que bien puede convertirse en el manual de referencia para el cofrade comprometido.









6.1.19

EL CABILDO DE LA CATEDRAL I



Vamos a dedicar un par de artículos a explicar y comentar cómo es y que funciones tiene el Cabildo de una catedral. Voy a tomar como referencia a la catedral de Sevilla, ciudad desde la que escribo, pero que puede ser, con adaptaciones, fácilmente extrapolable a otras catedrales.
Ante todo hay que señalar que el Cabildo tiene unos Estatutos por los que se rige, al igual que unas Reglas de coro, que ordenan y regulan las funciones de cada capitular y un Reglamento de Régimen interno.
El Estatuto de la catedral, en su artículo primero define al Cabildo: «El Cabildo de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla es el colegio de sacerdotes, erigido por la Sede Apostólica, al que corresponde celebrar diariamente las funciones litúrgicas con mayor solemnidad en dicha Iglesia; le compete además cumplir aquellos oficios que el derecho o el Arzobispo de Sevilla le encomienden».
Y en su artículo 2 se afirma que «Por ser la Catedral la Sede del Arzobispo de Sevilla, éste goza en la misma de plena jurisdicción, a la que está subordinado el propio Cabildo, en el que tiene la plenitud de facultades que le asigna el derecho, como cabeza que es del mismo». O sea, el arzobispo tiene plena autoridad y jurisdicción sobre el Cabildo, que tiene personalidad jurídica propia tanto civil como eclesiástica.
«El escudo del Cabildo es ovalado en campo de azur: Giralda en oro mazonada de sable y aclarada en azur, en el centro; acostadas dos jarras de azucenas del mismo metal: timbrado de corona real abierta»[1].
El Cabildo de la catedral de Sevilla puede tener un máximo de 35 capitulares, siempre nombrados por el arzobispo. Es frecuente que haya canongías vacantes. El Pleno del  Cabildo elige a su Presidente entre sus miembros en activo, al cual el arzobispo tendrá que confirmar y le conferirá la dignidad de Deán.
Dentro del Cabildo hay algunos canónigos que tienen un especial encargo o dedicación. Por ese motivo no son elegidos sino que son asignados directamente por el arzobispo. Así, podemos citar:
Penitenciario, que tiene el oficio que le asigna el Código de Derecho Canónico, o sea, la facultad ordinaria, no delegable, de absolver en el fuero sacramental de las censuras «latae sententiae» no declaradas, ni reservadas a la Santa Sede, incluso respecto de quienes se  encuentren en la diócesis sin pertenecer a ella, y respecto a los diocesanos, aun fuera del territorio de la misma[2].
Doctoral, que es el asesor jurídico del Cabildo.
Lectoral, que es el asesor del Cabildo en Sagradas Escrituras.
Magistral, que es el asesor teológico del Cabildo.
Prefecto de Liturgia, que es el coordinador último de las celebraciones litúrgicas del Cabildo, así como asesor del Cabildo en la materia.
Maestros de Ceremonias, que son dos y se alternarán en la coordinación de las celebraciones litúrgicas del Cabildo. En ausencia de ambos, hace su oficio el sacristán mayor.
Maestro de Capilla, que es el responsable de las actuaciones polifónicas en los actos corales y de las actuaciones de los Seises, así como asesor del Cabildo en materia de canto litúrgico.
Organista, que es el responsable de la música de los órganos y armonios de la Catedral y del uso de los mismos, así como asesor del Cabildo en materia de órgano.
Sochantre, que es el responsable del canto gregoriano en los actos corales, así como asesor del Cabildo en esta materia.
Cantores, que constituyen la capilla polifónica ordinaria de la Catedral y sostienen el canto antifonal y sálmico en las celebraciones corales, debiéndose designar a uno de ellos, especialmente preparado, para suplir al Maestro de Capilla.
Capellanes Reales de San Fernando que, en número de seis, cuidarán la atención pastoral de la Capilla Real.
También compete al arzobispo conferir las Dignidades de Arcipreste, Arcediano, Chantre, Maestrescuela, Tesorero y Capellán Mayor de San Fernando, que tienen una función puramente honorífica. En algunas festividades pueden usar mitra.
El Cabildo encomendará ad casum el ejercicio de un oficio a una persona debidamente preparada, preferentemente ministro ordenado o instituido, cuando el oficio no pueda ser ejercido por canónigos titulares.
Los canónigos se jubilan preceptivamente a los 75 años de edad, produciendo la correspondiente vacante y quedando en situación de canónigos eméritos.
En otro artículo abordaremos otras cuestiones referidas al Cabildo y su funcionamiento, así como la competencia de los diversos oficios y ministerios.




[1] Estatutos del Cabildo, Artículo 5
[2] CDC 508 § 1

3.12.18

CALENDARIO LITÚRGICO 2019


El pasado domingo 2 de diciembre de 2018 fue primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.
Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés apóstol.
El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del Domingo Pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 
Este año que comienza es Ciclo C, año impar.
En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:
Comienza el Adviento
I Domingo de Adviento: 2 de diciembre de 2018.
La Sagrada Familia: Domingo, 30  de diciembre de 2018. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 13 de enero de 2019.  Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Comienza la Cuaresma
Miércoles de Ceniza: 6 de marzo de 2019.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 14 de abril de 2019.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: 21 de abril de 2019. Comienza el Tiempo Pascual.
Ascensión del Señor: Domingo, 2 de junio de 2019. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 9 de junio de 2019. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual. 
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Jueves 13 de junio de 2019. Fiesta.
Santísima Trinidad: Domingo, 16 de junio de 2019. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 23 de junio de 2019. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 20 de junio de 2019. Solemnidad.
Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 28 de junio de 2019. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: 24 de noviembre de 2019. Solemnidad
La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre, hasta la hora nona en 2019, ya que el día siguiente es II Domingo de Adviento); María, Madre de Dios (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto).
De las dos fiestas de la Virgen, este año 2019 se omite la Natividad (8 de septiembre) por coincidir con el Domingo XXIII del Tiempo Ordinario[1]. La Visitación se celebra en su fecha, 31de mayo.  
Lo mismo sucede con las cuatro fiestas de santos que se celebran como solemnidad: San José (19 de marzo); Santos Pedro y Pablo (29 de junio); Natividad de San Juan Bautista (24 de junio); Todos los santos (1 de noviembre).
En el año 2019, el Tiempo Ordinario comprende 33 semanas, de las cuales las ocho primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 14 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 5 de marzo, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la X semana, el día 10 de  junio, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado  30 de noviembre, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico. Este año se omite la IX semana del Tiempo Ordinario.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios. Solemnidad
- 6 enero: Epifanía del Señor. Solemnidad
- 19 marzo: San José, esposo de la Virgen María. Solemnidad
- 25 julio: Santiago, apóstol. Solemnidad en España
- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María. Solemnidad
- 1 noviembre: Todos los Santos. Solemnidad
- 8 diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Solemnidad
- 25 diciembre: La Natividad del Señor. Solemnidad
Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo. La Iglesia considera como días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.
Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no sólo los de Cuaresma (excepto si coinciden con alguna solemnidad), que puede sustituirse por  cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1249 y siguientes).
LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO
Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.
Misa
Misal Romano.
Leccionario I-C.
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-impar: Ferias del Tiempo Ordinario.
Leccionario IV: Propio de los santos y misas comunes.
Oración de los fieles.
Libro de la Sede.
El resto de Leccionarios, cuando se precisen.



[1] Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario, en su nº 60 dicen que «Si en un mismo día ocurren varias celebraciones [… ] toda solemnidad que sea impedida por un día litúrgico que goce de precedencia se traslada al día más próximo que esté libre […]. Las otras celebraciones se omiten aquel año».

9.8.18

LA ESCLAVINA Y LA MUCETA


Vamos en este artículo a ver en detalle dos elementos de la vestidura eclesiástica muy parecidos, comenzando con la esclavina.

La esclavina es una capa corta que los obispos pueden usar encima de la sotana. Va pegada a los cuellos de la sotana por la parte superior (como un cuello postizo) y llega hasta la altura del codo.
Por la parte del frente de la sotana se abre un palmo. La esclavina es del color de la sotana y lleva un filo de color rubí en el caso de los obispos,  rojo en el caso de los cardenales, y blanco para el Sumo PontíficeCuando los cardenales visten sotanas rojas, o los obispos llevan sotana púrpura es la muceta la que cumple la función de la esclavina, siendo ella del mismo color que la sotana y vistiéndose sobre el roquete
Ya el propio nombre llama la atención: parece que procede de esclavo, por razón del voto o promesa que obligaba a cumplir una peregrinación. De esta forma, quien la usa es alguien que está dispuesto a servir incondicionalmente a la causa a la que voluntariamente se adhiere. En este caso, sería un signo visible de lealtad a esa causa. 
La esclavina surgió por algo práctico: para protegerse del frio, por lo cual era especialmente útil a los peregrinos. Como tal, forma parte del atuendo tradicional del peregrino y de los romeros. Recordemos que, por ejemplo, la imagen del Apóstol Santiago que se encuentra sobre el altar mayor en la catedral de Compostela lleva una esclavina sobre los hombros.
Actualmente, la esclavina es una prenda que indica jurisdicción. Ese es el motivo por el cual el papa Benedicto XVI, al renunciar, determinó que no usaría más la esclavina en su sotana, como símbolo de que no tenía jurisdicción. No es prenda litúrgica.
También la usan los monaguillos en algunas de nuestras hermandades, especialmente en la estación de penitencia.
La prenda más parecida a la esclavina es la muceta, de que vamos a escribir a continuación.
La muceta es una prenda corta que cubre el pecho y la espalda, y que, abotonada por delante, usan como señal de su dignidad los prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesiásticos. Puede tener cogulla (capucha) o no. No es prensa exclusivamente eclesiástica (como las dalmáticas) pues también se usan en el mundo civil, especialmente en los ámbitos universitarios y judiciales.
Suele ser de seda, pero las hay también elaboradas en otra materia. Al parecer deriva de una prenda con capucha que se ponían sobre los hombros, como parte de la capa o adherida a ella, los agricultores o peregrinos para protegerse de las inclemencias del tiempo.  En este sentido tiene un origen similar a la esclavina. La muceta sobre el roquete suelen usarla los obispos cuando toman posesión de alguna diócesis, si  son trasladados de su anterior diócesis a la que inicialmente fueron asignados o en ceremonias no eucarísticas.
En cuanto al color, la papal depende de la estación: en los meses de verano viste una muceta de seda color granate, mientras que en invierno es de terciopelo bermellón con ribetes de armiño (la hay especial, adamascada y con armiño blanco, para el tiempo pascual). 

Los cardenales usan muceta roja y la de los obispos es púrpura. El color de la muceta de los canónigos depende de la diócesis, y suele ser morada o negra. Por privilegio, los párrocos españoles tienen el derecho a usar muceta negra con forro morado rojizo sobre el roquete, con el escudo de su parroquia bordado en uno de sus lados. No obstante, es muy difícil ver hoy día a un párroco que la use. La acompañan con bonete coronado de borla color morado rojizo, llamado «morado de párroco». El historiador Ramón de la Campa da testimonio de haber visto con muceta a don José Ruiz Mantero, don José Álvarez Allende y a don Antonio Rollán García-Donas[1], párrocos sevillanos ya fallecidos.
 En el ámbito universitario, la muceta propia del traje académico español es del color de la Facultad donde se ha obtenido el respectivo grado, salvo la del Rector, que es de terciopelo negro y con abotonadura del mismo color.
Fuente: https://liturgiapapal.org



[1] https://liturgia.mforos.com/1699103/8081163-muceta-de-parroco/

3.7.18

VESTIMENTA CLERICAL


 En este artículo vamos a ver alguno de los elementos de la vestidura clerical menos conocidos. Aunque estemos en tiempo estival, veamos tres prendas de abrigo. 
Comenzamos con la  dulleta. La duletta no es ni más ni menos que un abrigo cruzado con solapas. Se puede usar encima de la sotana para protegerse del frío y la puede usar cualquier clérigo. Siempre es de color negra, salvo la dulleta del Papa, que es blanca. A veces lleva parte del cuello con terciopelo negro.
El tabarro es una capa de lana grande que cubre todo el cuerpo hasta los pies. En su parte superior cuenta con una esclavina de seda y un cuello de terciopelo. Los bordes de la capa y de la esclavina se rematan con un cordoncillo. Sirve para protegerse del frío. Su uso es privativo de obispos, cardenales y del Papa. Puede vestirse encima del hábito piano o del coral.
Antiguamente, era de color violeta para los obispos, y violeta o rojo para los cardenales, y el cordón que lo remataba era dorado. Desde la instrucción Ut sive sollicite de 1969[1] debe ser negra para cardenales y obispos, y no puede llevar cordón dorado. En cambio, el tabarro del papa siempre ha sido rojo y rematado con un cordón dorado.
El ferraiolo es una capa que pueden usan los clérigos en las ocasiones formales no litúrgicas. Se coloca sobre los hombros y llega hasta los tobillos. Por el frente se ata con dos cordones de tela a la altura del alzacuellos. No tiene ningún ajuste ni pliegue. Su color está determinado por el rango del clérigo: los sacerdotes lo usan negro; violeta los protonotarios apostólicos y los obispos; y rojo los cardenales. El Papa no usa ferraiolo. Es de seda para los protonotarios y obispos; los nuncios apostólicos y los cardenales lo usan de seda muaré[2]. En España la llamamos manteo. No es prenda de abrigo sino de etiqueta. Era obligatorio llevarla en algunas ocasiones, como en las audiencias papales, recepciones, visitas oficiales y actos similares. Hoy día no es obligatorio su uso en ninguna circunstancia aunque el Ceremonial de los Obispos  lo contempla como optativo con el uso del hábito piano, para circunstancias solemnes.
La capa pluvial es una capa que se emplea en algunos actos litúrgicos, procesiones, para dar la bendición con el Santísimo, en el oficio coral a veces y en las ocasiones en que esté dispuesto. Su nombre de pluvial hace referencia a su primitiva función de proteger de la lluvia. El color es el propio del tiempo litúrgico o fiesta que se celebre.  
La faja es una prenda eclesiástica que se utiliza para ceñir la sotana, rodeando la cintura y cayendo verticalmente en dos bordes terminados en flecos. Aunque aparentemente sean iguales, tienen sus peculiaridades, como veremos a continuación.
Los seminaristas usan faja de un color que depende de su diócesis. En el mundo hispano es normalmente azul. Los presbíteros y diáconos pueden usar faja color negro. Los capellanes de su santidad, los prelados de honor, los protonotarios y los obispos usan faja color morado que termina en flecos, de seda regular. Los cardenales usan faja color rojo, en este caso elaborada de seda muaré. Los nuncios apostólicos (representantes diplomáticos de la Santa Sede, con rango de embajadores), aunque son arzobispos, pueden usar faja morada pero de seda muaré.
Anteriormente, con el hábito coral los obispos usaban una faja que terminaba no en flecos sino en borlas. En el caso de los cardenales, las borlas eran doradas. En el caso de los nuncios, con el hábito de coro usaban la faja morada de seda muaré con borlas doradas.
La faja del Papa es blanca, de seda muaré, terminada en flecos dorados. En la parte inferior de de la faja se puede bordar su escudo pontificio.
Asimismo, cuando el Papa viste hábito coral puede usar una faja blanca de seda muaré, pero no terminada en flecos sino en borlas doradas. Es obvio decir que las fajas sólo se usan cuando se viste la sotana.
Terminamos comentando que la simplificación de la vestimenta clerical  tras el Vaticano II ha sido promulgada básicamente en tres documentos: En la Instrucción ya citada de la Secretaría de Estado de 31 de marzo 1969 Ut sive sollicite; en la Carta Circular de la Sagrada Congregación para el Clero del 30 de octubre 1970 Por Instructionem, sobre la reforma de la vestimenta del coro y finalmente, una lista más sistemática de las formas de vestir, basada en los documentos anteriores,  se puede ver en el primer apéndice de la nueva Episcoporum Cæremoniale (CE 1199-1210), al hablar del vestido de los prelados.
Fuente: https://liturgiapapal.org/index.php
  [1]Carta de la Secretaría de Estado del Vaticano de 31 de marzo de 1969 Instrucción sobre el vestido, títulos e insignias de cardenales, obispos y prelados.

[2] La seda moaré es una tela brillante que se asemeja al mármol o a las ondas en el agua.