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3.7.18

VESTIMENTA CLERICAL


 En este artículo vamos a ver alguno de los elementos de la vestidura clerical menos conocidos. Aunque estemos en tiempo estival, veamos tres prendas de abrigo. 
Comenzamos con la  dulleta. La duletta no es ni más ni menos que un abrigo cruzado con solapas. Se puede usar encima de la sotana para protegerse del frío y la puede usar cualquier clérigo. Siempre es de color negra, salvo la dulleta del Papa, que es blanca. A veces lleva parte del cuello con terciopelo negro.
El tabarro es una capa de lana grande que cubre todo el cuerpo hasta los pies. En su parte superior cuenta con una esclavina de seda y un cuello de terciopelo. Los bordes de la capa y de la esclavina se rematan con un cordoncillo. Sirve para protegerse del frío. Su uso es privativo de obispos, cardenales y del Papa. Puede vestirse encima del hábito piano o del coral.
Antiguamente, era de color violeta para los obispos, y violeta o rojo para los cardenales, y el cordón que lo remataba era dorado. Desde la instrucción Ut sive sollicite de 1969[1] debe ser negra para cardenales y obispos, y no puede llevar cordón dorado. En cambio, el tabarro del papa siempre ha sido rojo y rematado con un cordón dorado.
El ferraiolo es una capa que pueden usan los clérigos en las ocasiones formales no litúrgicas. Se coloca sobre los hombros y llega hasta los tobillos. Por el frente se ata con dos cordones de tela a la altura del alzacuellos. No tiene ningún ajuste ni pliegue. Su color está determinado por el rango del clérigo: los sacerdotes lo usan negro; violeta los protonotarios apostólicos y los obispos; y rojo los cardenales. El Papa no usa ferraiolo. Es de seda para los protonotarios y obispos; los nuncios apostólicos y los cardenales lo usan de seda muaré[2]. En España la llamamos manteo. No es prenda de abrigo sino de etiqueta. Era obligatorio llevarla en algunas ocasiones, como en las audiencias papales, recepciones, visitas oficiales y actos similares. Hoy día no es obligatorio su uso en ninguna circunstancia aunque el Ceremonial de los Obispos  lo contempla como optativo con el uso del hábito piano, para circunstancias solemnes.
La capa pluvial es una capa que se emplea en algunos actos litúrgicos, procesiones, para dar la bendición con el Santísimo, en el oficio coral a veces y en las ocasiones en que esté dispuesto. Su nombre de pluvial hace referencia a su primitiva función de proteger de la lluvia. El color es el propio del tiempo litúrgico o fiesta que se celebre.  
La faja es una prenda eclesiástica que se utiliza para ceñir la sotana, rodeando la cintura y cayendo verticalmente en dos bordes terminados en flecos. Aunque aparentemente sean iguales, tienen sus peculiaridades, como veremos a continuación.
Los seminaristas usan faja de un color que depende de su diócesis. En el mundo hispano es normalmente azul. Los presbíteros y diáconos pueden usar faja color negro. Los capellanes de su santidad, los prelados de honor, los protonotarios y los obispos usan faja color morado que termina en flecos, de seda regular. Los cardenales usan faja color rojo, en este caso elaborada de seda muaré. Los nuncios apostólicos (representantes diplomáticos de la Santa Sede, con rango de embajadores), aunque son arzobispos, pueden usar faja morada pero de seda muaré.
Anteriormente, con el hábito coral los obispos usaban una faja que terminaba no en flecos sino en borlas. En el caso de los cardenales, las borlas eran doradas. En el caso de los nuncios, con el hábito de coro usaban la faja morada de seda muaré con borlas doradas.
La faja del Papa es blanca, de seda muaré, terminada en flecos dorados. En la parte inferior de de la faja se puede bordar su escudo pontificio.
Asimismo, cuando el Papa viste hábito coral puede usar una faja blanca de seda muaré, pero no terminada en flecos sino en borlas doradas. Es obvio decir que las fajas sólo se usan cuando se viste la sotana.
Terminamos comentando que la simplificación de la vestimenta clerical  tras el Vaticano II ha sido promulgada básicamente en tres documentos: En la Instrucción ya citada de la Secretaría de Estado de 31 de marzo 1969 Ut sive sollicite; en la Carta Circular de la Sagrada Congregación para el Clero del 30 de octubre 1970 Por Instructionem, sobre la reforma de la vestimenta del coro y finalmente, una lista más sistemática de las formas de vestir, basada en los documentos anteriores,  se puede ver en el primer apéndice de la nueva Episcoporum Cæremoniale (CE 1199-1210), al hablar del vestido de los prelados.
Fuente: https://liturgiapapal.org/index.php
  [1]Carta de la Secretaría de Estado del Vaticano de 31 de marzo de 1969 Instrucción sobre el vestido, títulos e insignias de cardenales, obispos y prelados.

[2] La seda moaré es una tela brillante que se asemeja al mármol o a las ondas en el agua.

6.5.18

COMO MOVERSE EN LA PROCESIÓN


 En el artículo anterior hemos visto el orden de la procesión, en este veremos cómo hay que moverse en la procesión. 
Como norma general, se puede decir que los acólitos, diáconos, presbíteros y obispos, al moverse en las funciones litúrgicas, deben hacerlo con el mayor decoro.
Algunos consejos. En primer lugar que el cuerpo vaya erguido, la vista recogida, y el paso grave: sin prisa ni lentitud afectada. Vista recogida quiere decir que no se trata de ir mirando al pueblo de ambos lados ni saludando ni sonriendo a los conocidos.
Una regla a seguir: Únicamente se camina de frente. No deben darse ni pasos laterales ni debe caminarse hacia atrás, aunque sea poco espacio el que hay que recorrer. Para moverse a un lado o para retroceder primero se gira y después se dan los pasos necesarios. 
Mientras se camina, se llevan las palmas de las manos juntas, a la altura del pecho, con el pulgar derecho sobre el pulgar izquierdo, formando una cruz. El pulgar derecho se debe pegar al pecho. A los ministros que porten algún objeto no les atañe esta norma, pero en caso de que el objeto se pueda llevar con una mano, se lleva con la derecha, y la izquierda se coloca sobre el pecho.
Si hubiera que hacer una reverencia, es conveniente que la hagan a la vez todos los que se encuentran en una misma línea. Así, al llegar al altar, si se avanza en procesión de dos en dos, al llegar los dos primeros hacen la reverencia, luego los dos siguientes de la fila y así sucesivamente. Cuando suben al presbiterio para el Evangelio los ciriales, el incensario, la naveta y el diácono para la preparación del incienso y la bendición del diácono antes de la lectura del Evangelio, la reverencia la hacen todos juntos. El orden es así: cirial, naveta, diácono, turiferario, cirial. Mientras que el diácono, naveta y turiferario se acercan al obispo para que ponga incienso y bendiga al diácono, los ciriales se colocan a ambos lados del ambón, enfrentados.
En caso de que una procesión deba de dar la vuelta, quien camina más cercano hacia el lugar hacia donde hay que cambiar el sentido de la marcha debe esperar a que los otros vuelvan a ponerse en su sitio para seguir avanzando; de esta forma se evita que avancen más rápido unos que otros, descomponiendo el orden procesional.  
Fuente: http://liturgiapapal.org/index.php

4.5.18

El orden de la procesión


Vamos en este artículo a ver el orden de la procesión de entrada para una celebración solemne de la Eucaristía, con presencia del obispo.
Como es lógico, las procesiones varían según el número de ministros participantes. Sin embargo, existen algunos principios generales que deben observarse: primero caminan los acólitos, luego los diáconos, después los presbíteros y cierra la procesión el arzobispo con sus ayudantes más directos.
Abre la procesión el acólito que lleva el incensario y la naveta. Un acólito puede llevar el incensario y otro la naveta; ambos caminan juntos. El portador de la naveta se coloca a la izquierda del turiferario. De esa misma forma se colocan para ofrecer la naveta al presidente de la celebración durante la misa cuando este tenga que poner incienso en el incensario.  
En segundo lugar marchan los acólitos que llevan la cruz y los dos ciriales. En las celebraciones presididas por el obispo en su diócesis, puede haber siete ciriales: otros cuatro caminan detrás de dos en dos, y uno más camina detrás de la cruz. Esta posibilidad está en desuso y nunca la he presenciado. La cruz con el Crucificado debe mirar hacia el obispo.
En tercer lugar caminan, de dos en dos, los acólitos que sirven al altar. Les siguen los diáconos, también de dos en dos. Uno de los diáconos debe llevar el Evangeliario un poco elevado (no se debe llevar el Leccionario), que colocará, cerrado, sobre el altar.
Tras los diáconos van todos los concelebrantes, siempre de dos en dos. Si hubiera obispos concelebrantes, caminan después de los presbíteros, de dos en dos. No llevan báculo, pero sí mitra. El báculo sólo lo porta el obispo titular de la diócesis ya que, como norma, los obispos solo pueden usar el báculo en el territorio de su diócesis aunque pueden usarlo en cualquier lugar en donde se celebra solemnemente con el consentimiento del ordinario del lugar (CE 59). En algunas celebraciones todos los obispos pueden usar el báculo, como en las ordenaciones.
Cierra la procesión el celebrante principal en medio del pasillo. Si celebra un obispo, detrás de él pueden caminar los dos diáconos que lo asisten y los ministros de mitra (detrás a su derecha) y báculo (detrás, a su izquierda, ya que el obispo porta el báculo con su mano izquierda). Estos ministros serían acólitos. También puede haber un servidor de los libros, que los porta, y que se situaría en el centro de los otros dos acólitos.
Sobre el lugar que ocupa el maestro de ceremonias no está determinado por los libros litúrgicos. Puede ir al principio de la procesión o bien detrás de los acólitos. Y, más frecuente, detrás del celebrante principal, a su izquierda. Este último es el uso de la liturgia papal. Si hay ceremonieros, caminan al lado del grupo al que te toca coordinar. Por ejemplo, en la liturgia papal el ceremoniero encargado de los acólitos camina a su lado; lo mismo el ceremoniero encargado de los diáconos, y los encargados de los celebrantes.

9.4.18

LOS LIENZOS LITÚRGICOS II


Siguiendo con el artículo anterior, existen otros dos lienzos, menos usados, Me refiero al empleado para cubrir el copón llamado capillo o cubrecopón y al que cubre el cáliz. El  capillo suele ser un lienzo circular de tela dorada o seda blanca, que se usa para cubrir el copón solamente cuando contiene formas consagradas. Su objeto es hacer notar que dentro está el Cuerpo de Cristo, y con ello evitar accidentes derivados del desconocimiento de si las hostias han sido o no consagradas. Su uso no es obligatorio, pero es recomendable por la razón antes señalada. Dado que solo debe cubrirse cuando hay forma consagradas en su interior, al inicio de la misa debe de estar descubierto y se le coloca el velo justo antes de colocarlo en el sagrario, tras la comunión, cuando se va a reservar.
El otro lienzo es el velo del cáliz, que puede ser del color litúrgico del tiempo o bien blanco. Sirve para cubrir todo el cáliz desde el comienzo de la misa hasta el ofertorio; y luego, después las abluciones. No es obligatorio usarlo, pero su uso es loable (OGMR 118).
El conopeo es un velo que cubre el sagrario donde se reserva la Eucaristía. Debe ser de color blanco o del color litúrgico propio del día, nunca de color negro. En algunos casos es de tul y en otros es de una tela más pesada. No debe ser transparente. Si el Santísimo se retira, se quita el conopeo o se levanta. Su uso es opcional, pero en las misas papales siempre se usa,
El gremial (del latín gremium, regazo) es un paño cuadrado del mismo color que los ornamentos a modo de delantal que se pone sobre las rodillas del obispo en las ordenaciones, durante la dedicación de los templos, y durante el lavatorio de los pies en la misa in Coena Domini, la tarde del Jueves Santo. Su uso tiene un sentido práctico: no manchar los ornamentos (casulla o dalmática) con el Santo Crisma que se emplea en las ordenaciones y en las dedicaciones de los templos, ni mojar la dalmática en el lavatorio de los pies.   
La palia es una pieza de tela cuadrada, reforzada de cartón o madera en su interior, que se coloca sobre el cáliz. La parte superior de la palia se puede adornar ricamente. Si tiene forma redonda se llama hijuela. Su uso es optativo. Sin embargo, es muy conveniente usarla para evitar que caiga polvo o algún insecto dentro del cáliz.
Antes de la misa se coloca sobre la patena con la hostia que, a su vez, se coloca sobre el purificador puesto sobre el cáliz. En el Ofertorio se quita para la presentación de los dones y, tras la presentación del vino, se coloca directamente sobre el cáliz. Se vuelve a quitar en el momento de la epíclesis, y se vuelve a colocar tapando el cáliz tras la consagración del vino. Nuevamente,  se quita en el momento de la fracción del pan. Si un diácono asiste a la misa él sería el encargado de ponerla y quitarla; de lo contrario lo hace el sacerdote. Cuando se descubre el cáliz, la palia suele colocarse sobre el purificador para que el sacerdote pueda tomarla con mayor facilidad. 
La bolsa de los corporales es una funda en la cual se guardan los corporales cuando no están extendidos en las celebraciones litúrgicas. Está formada de dos piezas de cartón de forma cuadrada forradas del mismo material y color que los ornamentos, que se unen por la tela por solo uno de sus cuatro bordes. En la forma romana, en cambio, las piezas de cartón se unen por tres de los cuatro bordes.  Su uso es optativo y ha caído en desuso.
Y terminamos con el manutergio. Consiste en un paño con el que el celebrante se seca las manos cuando se las lava en la misa. Hace, pues, oficio de toalla. Debe ser de un material que sea absorbente. Puede llevar bordada una cruz u otro signo litúrgico en un borde, para distinguirlo del purificador, que la lleva en el centro. En algunos lugares se le llama cornijal.

17.3.18

LOS LIENZOS LITÚRGICOS I


Vamos a tratar en un par de artículos  sobre los lienzos, paños y velos que tienen un uso litúrgico.
En primer lugar habría que decir que el uso de cortinas y velos en la Liturgia es una costumbre de tradición del culto judío. Así, por ejemplo, en la entrada del santuario en el templo de Jerusalén se ponía un velo, como señal de reverencia ante el misterio de la la presencia divina. El velo es un signo que nace de la necesidad de no tocar con las manos impuras, cosas sagradas: un símbolo de la pureza espiritual de la necesidad de estar más cerca de Dios. 
Comenzamos por aquellos que son necesarios para la celebración eucarística. El más importante de todos puede considerarse al corporal, porque sobre ese lienzo se coloca el cuerpo y la sangre de Cristo. El corporal es un paño cuadrado, que se extiende durante la misa encima del altar para colocar encima el cáliz, el copón y la patena, que a su vez sostiene la hostia. Su nombre viene del latín corpus, que significa Cuerpo, pues sobre ella va a reposar el Cuerpo del Señor. Debe ser de lienzo de color blanco y es preferible que no lleve decoración (se asimila al sudario), aunque se suele poner una cruz en el centro del lado que estará más próximo al celebrante. También esa cruz se puede usar como referencia a otra que pudiera haber en el mantel, a la mitad, para colocarlo en el centro del altar.
El uso del corporal en la misa es obligatorio (CDC 932§2). Además, se debe usar en la exposición del Santísimo, para colocar encima la custodia o copón. También se coloca sobre una mesita cuando se lleva la comunión a los enfermos. En las concelebraciones se puede usar un corporal más grande.
El corporal se dobla tradicionalmente en nueve secciones iguales. En la misa se extiende sobre el altar en el momento del Ofertorio y se retira tras la Comunión. El modo normal de extender el corporal es el siguiente: Se coge el corporal con la mano derecha y se coloca plano en el centro del altar, aún doblado; se desdobla primero a la izquierda y luego a la derecha, conformándose tres cuadrados; se desdobla la sección más alejada del celebrante, hacia fuera, de modo que queden seis cuadrados; finalmente, se desdobla el pliegue más próximo al celebrante, quedando visibles los nueve cuadrados, y se ajusta el corporal a unos tres centímetros del borde del altar.
Para doblar el corporal se siguen los mismos pasos pero a la inversa: se doblan los tres cuadrados más próximos al celebrante hacia dentro; después los tres más lejanos hacia sí, y finalmente los cuadrados derecho e izquierdo hacia el central. 
También es importante el mantel del altar, que será de color blanco y que puede llevar alguna decoración.  
Su uso es obligatorio para la misa (CDC 932§2 y OGMR 117).
El purificador es un paño rectangular que se suele plegar longitudinalmente y puede adornarse con una cruz u otro símbolo litúrgico estampado en el centro. Su uso es similar al de una toalla y se usa para la limpieza de los vasos sagra­dos, del borde superior del cáliz cuando bebe de él más de un celebrante o de la cruz cuando se besa. Antes de la misa se coloca sobre el cáliz, y encima del purificador se dispone la patena con la hostia de mayor tamaño. En el Ofertorio, antes de preparar el cáliz, se coloca a la derecha del corporal, y de ahí es tomado para ser usado por el sacerdote. Tras las abluciones, se vuelve a colocar encima del cáliz, como al inicio de la misa.

11.3.18

Domingo de Laetare


LITURGIA. EL DOMINGO DE LAETARE. JESÚS LUENGO MENA
La Iglesia celebra cada año, en tiempo cuaresmal, el cuarto domingo de Cuaresma, denominado de «Laetare». Recibe ese nombre por la antífona de entrada de la misa
«Laetare, Ierusalem, et conventum facite omnes qui diligites eam; gaudete cum laetitia, qui in tristitia fuistis; ut exsultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestrae»
(¡Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos!) Son frases tomadas del Cántico de Isaias[1]
Este domingo tiene un carácter especial dentro de la Cuaresma: es un domingo de alegría porque se acercan ya las fiestas pascuales. Veremos la alegría que sintió el pueblo de Israel cuando fue liberado de la cautividad de Babilonia en la primera lectura y celebraremos nuestra salvación por pura gracia de Dios, que, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, como oiremos en la segunda lectura. El Evangelio de Juan nos hará ver la alegría de saber el amor que Dios nos tiene, que envió a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Este don requiere por nuestra parte recibirlo con fe: todo el que cree en Él tendrá la vida eterna, no será condenado. Pero el que no cree en el nombre del Hijo único de Dios, ya está condenado. Los textos, pues, nos hablan también de la alegría.
Los ornamentos para este domingo son de color rosa o morado, el rosa es opcional. El color rosa (que no deja de ser un morado más claro) simboliza alegría, aunque sea una alegría pasajera y efímera.
Este domingo se celebra el segundo escrutinio preparatorio al bautismo para los catecúmenos que en la Vigilia pascual serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias. Otras peculiaridades de este domingo es que puede utilizarse la música instrumental y se puede adornar el altar con flores.
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
Los ornamentos de color rosado surgieron en la Baja Edad Media en el sur de Italia. Se asignan a los domingos Gaudete, III de Adviento, y Laetare, IV de Cuaresma, por ser los penúltimos de cada tiempo señalado: es un respiro en el camino de la austeridad al divisar en el horizonte la gloria que se va a alcanzar.
El color rosa pasó al Caeremoniale Episcoporum y de ahí se extendió su uso, aunque nunca ha sido preceptivo, sino «ad libitum», es decir, a consideración o discreción del celebrante o presidente de la celebración litúrgica.
Este domingo fue llamado también como «Domingo de las Rosas» pues, en la antigüedad, los cristianos acostumbraban obsequiarse rosas. Y de esa costumbre derivó la «Rosa de Oro», allá por el siglo X.
Consiste en que el Santo Padre, en el IV Domingo de la Cuaresma, iba del Palacio de Letrán a la Basílica Estacional de Santa Cruz de Jerusalén, llevando en la mano izquierda una rosa de oro que significaba la alegría por la proximidad de la Pascua. Con la mano derecha, el Papa bendecía a la multitud. Regresando procesionalmente a caballo, el Papa veía su montura conducida por el prefecto de Roma. Al llegar, obsequiaba al prefecto la rosa, en reconocimiento por sus actos de respeto y homenaje. De ahí procede la costumbre de ofrecer la «Rosa de Oro» a personalidades y autoridades que mantenían una buena relación con la Santa Sede, como príncipes, emperadores, reyes. Fue creada por  el papa León IX  en 1049 y consiste en un rosal de oro con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de plata renacentista en un estuche de oropel con el escudo papal. La rosa es bendecida el cuarto domingo de Cuaresma, ungida con el Santo Crisma y se la inciensa, de modo que es un sacramental.
En la actualidad, los papas acostumbran a remitir este símbolo de afecto personal únicamente a santuarios marianos destacados. Por ejemplo, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, (Portugal), recibió una Rosa de Oro de Pablo VI, en 1965, y la Basílica de Nuestra Señora Aparecida (Brasil)  recibió otra concedida por Pablo VI, en 1967 y otra de Benedicto XVI, en 2007. Desde 1956 no se hace entrega de la rosa a ninguna persona.  
Lla «Rosa de Oro» tiene consideración de condecoración  otorgada por el Papa.




[1] Is 66,10-11