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26.1.07

LA LITURGIA Y EL CULTO


“La verdadera formación litúrgica no puede consistir en el aprendizaje y ensayo de las actividades exteriores, sino en el acercamiento a la actio esencial, que constituye la liturgia, en el acercamiento al poder transformador de Dios que, a través del acontecimiento litúrgico, quiere transformarnos a nosotros mismos y al mundo. Claro que, en este sentido, la formación litúrgica actual de los sacerdotes y de los laicos tiene un déficit que causa tristeza. Queda mucho por hacer”.
BENEDICTO XVI.



Para la Iglesia, la liturgia es el culto oficial y público que se tributa a Dios, según definió Pío XII. La renovación litúrgica producida en los últimos años culminó en el Vaticano II, con la Constitución sobre la Sagrada Liturgia "Sacrosantum Concilium" (SC) promulgada por Pablo VI justo cuatrocientos años después de la clausura del Concilio de Trento (4 de diciembre de 1963) devolviéndose a la liturgia su sentido de celebración del misterio pascual. Para la Iglesia posterior al Vaticano II la liturgia es "el ejercicio del sacerdocio de Cristo" (SC 7). Se llaman litúrgicas aquellas celebraciones que la Iglesia considera como suyas y están contenidas en sus libros oficiales y se realizan por la comunidad y los ministros señalados para cada caso como la Eucaristía, los sacramentos en general, la Liturgia de las Horas y los sacramentales. Posteriormente a la SC han ido publicándose otros documentos que aclaran aspectos y la desarrollan, así como advierten de abusos y prácticas no aconsejables. Nos referimos a la la Revisión 2000 de la Institutio Generalis Missalis Romanis y a la Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos titulada Redemptionis Sacramentum (RS).

En definitiva, la liturgia de la cual forma parte el culto no es más que la historia de los acontecimientos salvíficos y el ejercicio del sacerdocio de Cristo. En ningún caso debe considerarse la liturgia ni como la parte externa y sensible del culto divino ni como un conjunto de leyes y preceptos que reglamentan los ritos sagrados. El escaso aprecio que a veces se detecta en algunos sectores del clero y de los fieles por la Sagrada Liturgia entiendo que se debe a la falta de asimilación de lo que en realidad significa la acción litúrgica, queriendo, con excusas de tipo pastorales u otras más peregrinas referidas a la libertad y creatividad, escamotear a los fieles el derecho que tenemos a que se respeten sus signos y sus significados universales.

La liturgia, que emplea un lenguaje simbólico, se vale de fórmulas litúrgicas (lecturas bíblicas, salmos, letanías, cánticos, doxologías, himnos, colectas, etc), de materias litúrgicas (pan, vino, agua, sal aceite, ceniza, fuego, cera, ramos de flores, incienso) y de actitudes y gestos (postraciones, genuflexiones, imposición de manos, señal de la cruz, elevación de manos, etc). Así mismo existen libros litúrgicos, hoy compendiados en el Misal Romano, Leccionario, Libro de la Sede, Libro de Preces y otros.

Solamente son actos litúrgicos las celebraciones que expresan el misterio de Cristo y la naturaleza sacramental de la Iglesia; todo lo demás son actos de piedad.

Desde que en 1570 Pío V impuso la unificación de los libros litúrgicos, en todo Occidente sólo subsisten algunos casos muy contados de liturgias locales: la mozárabe de Toledo (también llamado rito hispano, propia de España) la ambrosiana de Milán y la lionesa de Lyón, habiéndose perdido lamentablemente la isidoriana de Sevilla, que contaba entre sus ritos la ceremonia de la "Seña", efectuada en los Oficios de Semana Santa al canto del VEXILLA REGIS, que consistía en ondear una enorme bandera negra con una cruz roja y que algunos autores consideran como el origen de las actuales banderas de "paso" que llevan las cofradías sevillanas. Tras el Vaticano II, la Iglesia quiere de nuevo "conservar y fomentar, con igual honor, otros ritos legítimos" (SC 4) rompiendo la hegemonía de siglos de la liturgia romana sobre las locales. Los ejemplos actuales más espectaculares de liturgias no-romanas nos llevan a pueblos africanos.

También, la liturgia integra dos facetas que se complementan: la anámesis (memorial de lo sucedido) y la mímesis (la imitación de lo acontecido). Nace así la ritualidad que imita lo que la palabra recuerda (caso de la procesión del Domingo de Ramos y de toda la religiosidad popular). En definitiva, en conocida frase, "aquello que la Palabra lleva al oído, la imagen lleva a la vista". De igual manera, lo que oramos es lo que creemos (la lex orandi es la expresión de la lex credendi), según un axioma ya clásico. El memorial que la liturgia realiza no es mero recuerdo de lo sucedido sino una presencia real que se repite.

Jesús Luengo Mena, Lector instituido.

LAS FIESTAS DEL SEÑOR III


Dos fiestas tienen relación con la Cruz de Cristo.

Una es la de la Invención de la Cruz, que se celebraba el tres de mayo, y que recuerda el hallazgo de la Santa Cruz por la madre del emperador Constantino, Santa Elena, en Jerusalén allá por el año 326. De dicha Cruz se llevó la mitad a Roma y dejó la otra mitad en Jerusalén. Esta fiesta fue suprimida por Juan XXIII en la reforma litúrgica, aunque algunas hermandades la siguen celebrando, por tradición. La palabra invención hay que tomarla aquí en su sentido etimológico más estricto (del latín inventare=encontrar).

La otra es la Exaltación de la Cruz, que celebramos el 14 de septiembre, y que nos recuerda el día en que el emperador Heraclio trasladó la Cruz a Jerusalén tras haberla recuperado del poder de los persas que la tenían en su poder, derrotando al rey Cosroes II en el año 630. Al suprimirse la fiesta de la Invención es actualmente la única fiesta dedicada a la veneración de la Cruz del Señor.

Para terminar con las fiestas del Señor citaremos una de origen claramente oriental, como es la de la Transfiguración del Señor. Fue el Papa valenciano Calixto III quien la extiende a toda la Iglesia en 1457 como acción de gracias por la victoria contra los turcos en Belgrado del año anterior, Se celebra cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el seis de agosto, día en que la noticia de la victoria llegó a Roma.

También debemos citar la fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán, el 9 de noviembre. Ésa es la basílica considerada “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo” tal como reza en su fachada. En ella se celebraron cinco Concilios ecuménicos y tiene su sentido en la sacramentalidad de la Iglesia.

Como fiesta propia de España celebramos la de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Tiene su origen en la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, que solicitan a Pío XII celebrarla como fiesta patronal y se extiende a toda España en 1973. Se celebra el jueves posterior al domingo pentecostal.

Fiestas suprimidas han sido la del Dulce Nombre de Jesús, hoy celebrada como memoria libre el 3 de enero y la de su Preciosísima Sangre, antes el uno de julio.

Jesús Luengo Mena, Lector instituido

LOS LIBROS DE LA BIBLIA

Libros del Antiguo Testamento (46 Libros)

PENTATEUCO (5)- Génesis - Exodo - Levítico - Números - Deuteronomio
HISTÓRICOS (16)
- Josué - Jueces - Ruth - I Samuel - II Samuel - I Reyes - II Reyes- I Paralipómenos o Crónicas- II Paralipómenos o Crónicas - Esdras- Nehemías - Tobías - Judit - Ester - I Macabeos - II Macabeos
POÉTICOS Y SAPIENCIALES (7)
- Job - Salmos - Proverbios - Eclesiastés - El Cantar de los Cantares - Sabiduría - Eclesiástico
PROFETAS MAYORES (6)
- Isaías - Jeremías - Lamentaciones de Jeremías - Baruc - Ezequiel - Daniel
PROFETAS MENORES (12)
- Oseas - Joel - Amós - Abdías - Jonás - Miqueas - Nahúm - Habacuc - Sofonías - Ageo - Zacarías- Malaquías

Libros del Nuevo Testamento ( 27 Libros )

LOS EVANGELIOS (4)
- Evangelio según San Mateo - Evangelio según San Marcos - Evangelio según San Lucas - Evangelio según San Juan

- Hechos de los Apóstoles

CARTAS DE SAN PABLO (13)
- A los Romanos - I a los Corintios - II a los Corintios - A los Gálatas - A los Efesios - A los Filipenses - A los Colosenses - I a los Tesalonicenses - II a los Tesalonicenses - I a Timoteo - II a Timoteo - A Tito - A Filemón
- Carta a los Hebreos
CARTAS CATÓLICAS
- Epístola de Santiago - Epístola I de San Pedro - Epístola II de San Pedro - Epístola I de San Juan - Epístola II de San Juan - Epístola III de San Juan - Epístola de San Judas
- Apocalipsis

25.1.07

LETANÍAS LAURETANAS A LA VIRGEN


Señor. Ten piedad
Cristo. Ten piedad
Señor. Ten piedad
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del Mundo
Dios, Espíritu Santo
Santa Trinidad un solo Dios
Santa María. Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las Vírgenes
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de la Divina Gracia
Madre Purísima
Madre Castísima
Madre y Virgen Madre sin mancha
Madre Inmaculada
Madre amable
Madre admirable
Madre del buen consejo
Madre del Creador
Madre del Salvador
Virgen prudentísima
Virgen venerada
Virgen laudable
Virgen poderosa
Virgen clemente
Virgen fiel
Espejo de justicia
Sede de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Vaso espiritual
Vaso honorable
Vaso insigne de devoción
Rosa mística
Torre de David
Torre de Marfil
Casa de oro
Arca de la Alianza
Puerta del Cielo
Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de los pecadores
Consuelo de los Afligidos
Auxilio de los cristianos
Reina de los Ángeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los Confesores
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los santos
Reina concebida sin pecado original
Reina llevada al cielo
Reina del Sacratísimo Rosario
Reina de la paz
Se responde: Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,Ten piedad de nosotros

Oración: Concede Señor y Dios nuestro, a tus siervos gozar de perpetua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María, líbranos de las tristezas presentes y llévanos a gozar de las eternas alegrías, por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA PARA 2007

Además de los domingos, las fiestas de precepto del año 2007 para España son las siguientes:

1 de enero (lunes)
Santa María, Madre de Dios.

6 de enero (sábado)
Epifanía del Señor

19 de marzo (lunes)
San José, Esposo de la Virgen

25 de julio (miércoles)
Santiago Apóstol, Patrono de España

15 de agosto (miércoles)
La Asunción de la Virgen María

1 de noviembre (jueves)
Todos los Santos

8 de diciembre (sábado)
La Inmaculada Concepción de la Virgen María

25 de diciembre (martes)
La Natividad del Señor

Además cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el Obispo. Cuando en alguna comunidad autónoma por motivos de calendario laboral se presente alguna duda sobre si una determinada festividad conserva o no su tradicional carácter de fiesta de precepto, se debe acudir a la propia parroquia u Obispado para resolver la duda, pues es, en cada caso, el Ordinario del lugar quien decide sobre la dispensa o no del precepto, así como sobre el oportuno traslado de ciertas fiestas de santos patronos.
Fuente: Calendario Litúrgico-Pastoral 2007, pág. 6.
Edita Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia.

20.1.07

EL CANTO EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA


El canto tiene el deseo de hacer participar al pueblo en los actos litúrgicos.

La función de un coro en la celebración litúrgica, al igual que el resto de la música, tiene varias vertientes:

* Función ornamental y artística
* Función dinámica, ya que sirve para unir los corazones.
* Favorece la participación, como consecuencia de lo anterior.
* Tiene una dimensión evangelizadora y misionera.
* Función ministerial, ya que se encuentra al servicio de la acción litúrgica.

Las características que debe cumplir la música litúrgica o ritual como últimamente se la llama deben ser: santidad, bondad de formas y universalidad.

No obstante lo anteriormente dicho, el canto del coro debe tener un principio rector: que no excluya nunca el canto del pueblo, ya que los fieles no vamos a la Asamblea para oír conciertos que otros interpretan sino a participar. No se debe confiar al coro el canto de todo el “propio” y todo el “ordinario” de la Misa excluyendo al pueblo de la participación activa. Hay partes de la Misa que siempre deberían ser cantadas: me refiero a la antífona de respuesta al Salmo y el propio Salmo así como el Sanctus. Recitar el salmo equivale a recitar un villancico en vez de cantarlo. No obstante la falta de salmistas y en general de cantores adecuados hace de esta parte de la Liturgia una asignatura pendiente y sin visos de solución.

En la Misa el pueblo puede cantar: el canto de entrada, la respuesta al saludo inicial, el canto de aspersión cuando lo hay, los Kyries, el Gloria, el Amen conclusivo de la oración Colecta, el salmo responsorial, el Aleluya, el Credo, la respuesta a la Oración de los fieles, durante la presentación de las ofrendas, el diálogo del Prefacio, el Sanctus, las aclamaciones a la Plegaria eucarística con el Amen conclusivo, el Padrenuestro, su aclamación el Cordero de Dios, durante la comunión y en la bendición.

Lo anterior no impide que en ocasiones muy solemnes pueda y deba cantar una coral o capilla e incluso algún solista. También, el rector del templo y el equipo de liturgia o diputado de cultos deben estar coordinados con los cantores, para que no se produzcan interferencias mutuas.

Los principales documentos sobre la música litúrgica que el S. XX nos ha dejado son varios. Podemos citar:

* el motu propio Tra le Sollecitudini de san Pío X (22-11-1903)
* la encíclica Musicae Sacrae disciplina de Pío XII (25-12-1955)
* la Instrucción sobre la Música sagrada de la Sagrada Congregación de Ritos (3-9-1958)
* la Constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, la cual dedica su capítulo VI a la música.
* Como documento postconciliar destacaremos la instrucción Musicam Sacram (5-3-1967)

Para terminar podemos citar también las orientaciones que sobre música litúrgica nos da el Misal Romano (OGMR), el Orden de las Lecturas de la Misa (OLM), la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (OGLH), el Ceremonial de los Obispos y la Instrucción sobre La Liturgia romana y la Inculturación (25-1-1994) así como el Cantoral Litúrgico Nacional, que recoge los principales cantos de la Misa para los diferentes tiempos litúrgicos y otros temas.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

ALGUNAS NORMAS QUE ESTÁN EN VIGOR AUNQUE SON POCO OBSERVADAS

Vamos en este artículo a recordar algunas normas que están en vigor pero cuyo cumplimiento parece haberse olvidado.

El ayuno eucarístico sigue en vigor. “Quien vaya a recibir la santísima Eucaristía ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos una hora antes de la sagrada comunión, a excepción del agua y las medicinas” (CDC nº 919). Se exceptúa a los ancianos, a los enfermos y a quienes los cuidan así como al sacerdote que oficie dos o tres Eucaristías en el mismo día, debiendo guardar el ayuno sólo para la primera Eucaristía.
La abstinencia de carne o de otro alimento dispuesto por la Conferencia Episcopal se debe guardar todos los viernes de año, que tienen siempre carácter penitencial y no sólo los viernes de Cuaresma, como suele creerse. Ayuno y abstinencia serán solamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a los mayores de 14 años y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años. Las respectivas Conferencias Episcopales pueden determinar la manera en que se cumple el ayuno y la abstinencia, y sustituirlo en todo o en parte por obras de caridad y prácticas piadosas. (CDC nº 1251 y siguientes)
La asistencia a la misa dominical y en las fiesta de precepto es obligación de los fieles así como abstenerse de hacer trabajos que le impidan cumplir esa obligación o de disfrutar del merecido descanso, salvando lógicamente las obligaciones laborales ineludibles. De igual manera “todo fiel, después de la primera comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año." Este precepto debe cumplirse durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año” (CDC nº 920).
Jesús Luengo Mena

18.1.07

EL DIACONADO PERMANENTE

Desde el Vaticano II los ministerios ordenados son de tres grados: diaconado, presbiterado y episcopado. Como ministerios instituidos quedan el lectorado y el acolitado, como sustitución de las antes llamadas "órdenes menores". La mayor novedad estriba en la creación del diaconado permanente y su apertura a los varones casados.
Para ser ordenado de diácono se requiere ser varón, mayor de 25 años si se es soltero o mayor de 35 años si se está casado y el consentimiento de la esposa en este caso. Si al ser ordenado se está soltero le afecta el celibato de por vida, si está casado y enviuda no puede volver a casarse.
Antes de ser ordenado de diácono (orden que ya pertenece al clero) hay que ejercer los ministerios de lector y acólito y recibir la formación adecuada que en cada diócesis se imparte, además de ser considerado idóneo y digno para recibirlo. Los documenos exigidos los relaciona el CDC nº 1050. Hoy día el diaconado no tiene necesariamente que conducir al orden presbiterial, aunque todos los presbíteros serán antes ordenados de diáconos.
En cada diócesis hay una delegación diocesana para los ministerios y el diaconado permanente, a cuyo cargo está un delegado. Dirigiéndose a los respectivos palacios arzobispales dan la información adecuada.
Diakonía significa servicio. El diácono es un colaborador del sacerdote y estará al lado del presbítero ayudándole en todo lo referente al misal y al cáliz. Le corresponde proclamar el Evangelio como cosa propia y la oración de los fieles, las moniciones dirigidas al pueblo y reparte la comunión. Si no hay otros ministros hace lo de los demás. También da la bendición con el Santísimo.
Su vestidura propia es la dalmática y llevan la estola cruzada del hombro izquierdo a la cintura.

13.1.07

LA RELIGIOSIDAD POPULAR: ALGUNAS MANIFESTACIONES.

La religiosidad popular es un tema muy manido y que no goza de excesivos entusiasmos últimamente. Bueno es reproducir unas líneas de Benedicto XVI sobre el tema escritas cuando era nada más (y nada menos) que cardenal Ratzinger: “La religiosidad popular es el humus sin el cual la liturgia no puede desarrollarse. Desgraciadamente muchas veces fue despreciada e incluso pisoteada por parte de algunos sectores del Movimiento Litúrgico y con ocasión de la reforma postconciliar. Y sin embargo, hay que amarla, es necesario purificarla y guiarla, acogiéndola siempre con respeto, ya que es la manera con la que la fe es acogida en el corazón del pueblo, aun cuando parezca extraña o sorprendente. Es la raigambre segura e interior de la fe”. Magníficas palabras para valorar ese fenómeno de la religiosidad popular uno de cuyos elementos más destacados son las hermandades y cofradías. El recientemente publicado “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos ilustra sobradamente sobre las formas de culto y especialmente sobre las prácticas de la piedad popular. Las formas de culto de las hermandades y cofradías, en su vertiente devocional más generalizadas, se resumen en novenas, septenarios, quinarios y triduos, teniendo siempre como centro celebrativo la Eucaristía.

La novena es un ejercicio piadoso que dura nueve días, dedicado generalmente a la Virgen María y a otros santos y santas, así como a devociones particulares. Muchas de las novenas tiene indulgencias y la única novena que no era de devoción sino litúrgica fue la prescrita por León XIII en el año 1895 dedicada al Espíritu Santo para preparar la Pentecostés. Hay solamente dos Hermandades sevillanas que hoy en día celebran novenas a sus Cristos titulares: se trata de las Hermandades de Pasión y la de san Isidoro. En siglos pasados sin embargo era bastante frecuente el dedicar novenas a los Cristos.

El septenario es un ejercicio de siete días especialmente dedicado a la Virgen en sus advocaciones dolorosas, como recuerdo de los siete dolores que padeció la Virgen al contemplar los padecimientos de Cristo ante la Cruz, la Crucifixión, la Muerte en la Cruz, la Lanzada, el Descendimiento (Quinta Angustia), la Piedad y el Entierro.

Los quinarios parecen tener su origen en el recuerdo de las cinco llagas de Cristo (manos, pies y costado) y son específicos para el culto a Cristo, aunque no faltan Hermandades que dediquen quinarios a la Virgen, como la Soledad de san Lorenzo, o las Hermandades de la Estrella y el Cachorro, que hacen quinario conjunto al Cristo y a la Virgen.

El triduo se suele dedicar a la Virgen, sin ser exclusivo ya que, por ejemplo, la Hermandad del Valle dedica sendos triduos a sus imágenes titulares del Cristo de la Coronación y de Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro. Tres son las personas de la Trinidad y tres los días que conforman el Triduo Pascual. Se dedican también Triduos al Santísimo.

Podemos citar además la costumbre piadosa, muy extendida, de la visita de los viernes a templos con imágenes muy devocionales, como ocurre en Sevilla con el Gran Poder o al Cautivo de San Ildefonso por parte de muchos sevillanos, que se incrementa considerablemente en los viernes de Cuaresma. Otros santos de devoción popular (Santa Rita, San Pancracio, Santa Marta, San Nicolás, etc) también tiene sus propias tradiciones.

El Vía Crucis cuaresmal y el Vía Lucis, su equivalente pascual, son otras formas de devoción muy queridos por las Hermandades, especialmente el ejercicio del Vía Crucis en el cual se recorren los momentos más sobresalientes de la Pasión y Muerte de Cristo a través de sus catorce estaciones. De igual forma, en la Cuaresma, están bastante extendidas las meditaciones sobre el Stabat Mater y sobre las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, difundidas estas últimas en el S. XVII sobre todo gracias al tratado que sobre dicho tema escribió san Roberto Belarmino. EL sermón sobre las Siete Palabras es fuente importante de reflexión durante los días cuaresmales.

No podemos dejar de nombrar la señal de la cruz. Hacer la señal de la cruz es el gesto fundamental del cristiano. Santiguarse es aceptar a Cristo en nuestra vida, reconocernos discípulos suyos. Si además utilizamos el agua bendita para santiguarnos nos trae recuerdos del bautismo. En definitiva es una profesión de fe en el Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hacer la señal de la cruz equivale a ponernos bajo la protección del Señor, equivale a un escudo que nos protege de las tribulaciones diarias y nos anima a seguir adelante.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

LAS FIESTAS DEL SEÑOR II

Las fiestas del Señor admiten una triple clasificación: fiestas que celebran un misterio salvífico (Pascua, Ascensión, Pentecostés, Navidad y Epifanía); fiestas devocionales como la del Sagrado Corazón de Jesús y fiestas ideológicas tales como el Corpus o Cristo Rey. Vamos a ver las que se celebran dentro del Tiempo ordinario.

La fiesta de la Presentación del Señor (Candelaria) es actualmente una festividad cristífera y así la ha retomado últimamente la liturgia, aunque su componente mariano (Purificación de la Virgen a los cuarenta días del parto) ha tenido bastante peso y era considerada antes de la reforma litúrgica como fiesta mariana. Es también una de las más antiguas celebrándose en Jerusalén a fines del S. IV y en Occidente se celebra desde el S. VII introducida por el papa Sergio I. La Purificación ya se celebraba en el rito judío a los 40 días del parto, o sea, en la cuarentena. Ese día, para cumplir la Ley Mosaica, los varones primogénitos debían ser ofrecidos a Dios y presentados en el Templo. Jesús lo fue ante el anciano Simeón . La fecha cristiana es la del dos de febrero (40 días después de Navidad) y conjuntamente recordamos la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen (hay que entender esta purificación en lo referido a María como un trámite puramente "legal" para cumplir con la ley mosaica). Es la fiesta de la Candelaria, así llamada por la velas que se encienden ritualmente ese día para indicar que "Cristo es la luz de las naciones". En Jerusalén era la fiesta del Hypapante, del encuentro referido al encuentro del Señor con Simeón y Ana.

La Anunciación del Señor el 25 de marzo (nueve meses antes del parto, que será el 25 de diciembre) es hoy solemnidad del Señor habiendo sido antes fiesta de la Virgen, pero con una gran contenido mariano. La Iglesia ha celebrado este misterio en Adviento, fijándolo posteriormente, por razones cronológicas, nueve meses antes del Nacimiento y así se celebra ya desde fines del S. VII. Actualmente la solemnidad se llama Anunciación del Señor. El contenido de esta fiesta hace referencia al momento de la concepción divina de Jesús en el seno de María.
Siete días después de Pentecostés, o sea, el domingo posterior a Pentecostés se celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad (extendida por Juan XXII en 1334 a toda la Cristiandad). Es una solemnidad de tipo ideológico que pretende llevarnos al umbral mismo del principal misterio de la teología.

Al jueves siguiente, hasta hace poco, la Iglesia celebraba la solemnidad del Corpus Christi, ahora pasada al domingo siguiente, fiesta de origen claramente medieval. No obstante, en algunas ciudades como Toledo o Sevilla continua saliendo la solemne procesión en jueves, debido al gran arraigo popular de la celebración, procesión a la que se suman representaciones de todas las hermandades de penitencia, gloria y sacramentales de la ciudad. Su nombre es el de Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hay dos hechos que influyeron en la creación de esta fiesta: las revelaciones de la beata Juliana de Lieja y el milagro eucarístico acaecido en Bolsena (que resumido consiste en la caída milagrosa de la Sagrada forma de gotas de sangre al dudar un sacerdote de la presencia real de Cristo en la Eucaristía al oficiar misa junto al lago de Bolsena) lo cual hizo aumentar mucho el fervor eucarístico que se produce a partir del S. XII. El papa Urbano IV mediante la Bula “Transiturus” el 11 de agosto de 1264 la extiende a toda la Iglesia centrándola en un culto popular.

El viernes posterior al domingo II después de Pentecostés celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fiesta de origen devocional y popular desde el S. XVII, extendida a toda la iglesia en 1856 por Pío IX y dándole Pío XI la máxima categoría litúrgica en 1928. Los pilares de esta fiesta la ponen las monjas benedictinas santa Gertrudis y santa Matilde al propagar la devoción a las llagas de Cristo en la época medieval pero es santa Margarita María de Alacoque (muerta en 1690) la que da un impulso definitivo a esta devoción con sus visiones del Sagrado Corazón de Jesús. Su significado teológico tiene como telón de fondo la caridad y el amor de Cristo a los hombres simbolizados en su corazón.

También celebramos como solemnidad del Señor la de Cristo Rey, en el último domingo del tiempo ordinario y como conclusión del año litúrgico. Esta solemnidad la instituyó Pío XI en 1925 mediante la Encíclica “Quas primas” para afirmar en nuestra sociedad secularizada la soberanía de Cristo y tuvo sus detractores entre círculos liturgistas por considerarla superflua ya que a Cristo se le honra como rey del Universo a lo largo de todo el año litúrgico.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

5.1.07

TABLA DE PREEMINENCIA DE LOS DÍAS LITÚRGICOS

Dentro del calendario litúrgico existe un orden de precedencia, de importancia, que se dispone en el NUAL. Esta tabla es la siguiente:

1.- Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor.
2.- Natividad del Señor, Epifanía, Ascensión y Pentecostés.
Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, Miércoles de Ceniza, Semana Santa (de lunes a jueves) y la Octava de Pascua.
3.- Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María y de los Santos.
4.- Solemnidades propias tales como
Solemnidad del Patrono principal del lugar (sea pueblo o nación)
Solemnidad de la Dedicación y aniversario de la iglesia propia.
Solemnidad del Titulo de la iglesia propia.
Solemnidad bien del Título, Fundador o Patrono principal de una Orden o Congregación.
5.- Fiestas del Señor
6.- Domingos del tiempo de Navidad y del tiempo ordinario.
7.- Fiestas de la Virgen y de los Santos.
8.- Fiestas propias (Patronos, Dedicación de la catedral, Fundadores, etc)
9.- Ferias de Adviento que van del 17 al 24 de diciembre, ferias de Cuaresma y octava de Navidad.
10.- Memorias obligatorias
11.- Memorias obligatorias propias (Patronos secundarios de un lugar, otras Memorias inscritas en cada Diócesis, Orden o Congregación)
12.- Memorias libres
13.- Resto de los días feriales (Adviento hasta el 16 de diciembre, Navidad desde el 2 de enero al sábado posterior a Epifanía, ferias del tiempo pascual fuera de la octava y todas las ferias del tiempo ordinario).

DOCUMENTOS SOBRE LITURGIA

CANTORAL LITÚRGICO NACIONAL. Barcelona 1994.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Madrid, 1992.

CODIGO DE DERECHO CANÓNICO. Madrid, 1986.

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA. Principios y orientaciones. Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos. BAC-documentos nº 24. Madrid 2002

EL CALENDARIO. Cuadernos Phase nº 80. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona 1997.

INSTRUCCIONES PARA APLICAR LA SACROSANCTUM CONCILIUM. Cuadernos Phase nº 120. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 2001.


NORMAS UNIVERSALES SOBRE EL AÑO LITÚRGICO Y SOBRE EL CALENDARIO (NUALC) promulgadas por la Sagrada Congregación de Ritos (21/3/1969)

ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO. 3ª Edición. Comentario de J. Aldazábal. Dossier CPL nº 106.Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 2005.

REDEMTIONIS SACRAMENTUM. Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Cuadernos Phase nº 143

SACROSANCTUM CONCILIUM. Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia.

BIBLIOGRAFÍA SOBRE TEMAS LITÚRGICOS

AA.VV, Celebrar los Santos, Centro de Pastoral Litúrgic, Dossier CPL nº 13, Barcelona, 1987

AA.VV, El Calendario, Cuadernos Phase nº 80, Barcelona 1997

AA.VV, Celebrar las fiestas de María, Dossiers CPL nº 28, Barcelona, 1995

AA.VV, Paso a paso. Itinerario de fe para Hermandades y Cofradías, PPC, Madrid 2005.

ALDAZABAL, José, Gestos y Símbolos, Centro de Pastoral Litúrgica, Dossier CPL nº 40, Barcelona, 1997

ALDAZABAL, José, Vocabulario básico de liturgia, Centro de Pastoral Litúrgica. Biblioteca Litúrgica nº 3, Barcelona 1996

ALDAZABAL, José, Ministerios de Laicos, Dossiers CPL nº 35, Barcelona, 1993

AUGÉ, Matías, Liturgia, Historia, celebración, Teología, Espiritualidad, Barcelona, 1995

CASTELLANO, Jesús, El Año litúrgico, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1994

CENTRO DE PASTORAL LITÚRGICA, EL Libro del Monaguillo, Colección Celebrar nº 59

ELLIOT, Peter J, Guía práctica de liturgia, EUNSA 2004

FÁBREGA GRAU, Ángel, Santoral Completo, La hormiga de oro, Barcelona, 1990

FARNÉS SCHERER, Pedro, Directorio del Año litúrgico, Editorial Regina, Barcelona, 1987,

FLORES, Juan Javier, Las fiestas del Señor, Ediciones San Pablo, Madrid 1994

INSTITUTO DE LITURGIA SAN ISIDORO, Orientaciones para Ministros de Altar (Acólitos), Sevilla, 1995

LÓPEZ MARTÍN, Julián, La liturgia de la Iglesia, BAC, Madrid, 1994

LLIGADAS, J Y GOMÍS, Joaquín, la Misa dominical paso a paso, Dossiers CPL nº 16, Barcelona, 1995

MARTIMORT, Aimé G, La Iglesia en Oración, Editorial Herder, Barcelona 1992

PEDRO, Aquilino de, La Misa, Liturgia y Espiritualidad, Ediciones San Pablo, Chile, 1997

RATZINGER, Joseph, El espíritu de la Liturgia. Una introducción, Ediciones Cristiandad, 2001

SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA, El equipo de animación litúrgica, Madrid, 1989

URDEIX, Joseph, Los objetos de uso litúrgico, Centre de Pastoral litúrgica, Barcelona, 2004.

30.12.06

ORACIONES MARIANAS: EL AVE MARÍA

AVE MARÍA

Dios te salve María
llena eres de gracia
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén


AVE MARÍA (Latín)

Ave María,
gratia plena,
Dominus técum;
benedicta tu in muliéribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta María, Mater Dei,
ora pro nobis peccatóribus
nunc et in hora mortis nostrae.
Amen.

LA VENERACIÓN A LA VIRGEN: PARALITURGIAS

Independientemente de las fiestas propias de la Virgen la piedad popular ha recurrido a numerosas prácticas piadosas no litúrgicas que hay que tomarlas como muestras del cariño popular que su figura despierta en el pueblo cristiano. Estas prácticas brotan de la fe y del amor del pueblo que considera a María no sólo como Madre de Dios sino también como Madre de todos los hombres. La Iglesia exhorta a todos sus hijos a aumentar su piedad con ejercicios piadosos que aprueba y recomienda tal como la Congregación para el Culto Divino ha dejado dispuesto en numerosas Decretos y Cartas circulares siempre teniendo como referencia a la liturgia que debe ser la fuente de inspiración y punto de referencia de estos actos piadosos.
Dentro del variado repertorio de prácticas piadosas en el culto a la Virgen podemos señalar el sábado (sabatina), los triduos, septenarios y novenas, el mes de María, el Ave María, el Ángelus y el Regina Caeli, la Salve, el Rosario, las Letanías, el escapulario del Carmen y las medallas.
El mes de María es tradicionalmente el mes de mayo, mes en el cual el pueblo cristiano tiene un recuerdo especialmente mariano. Como cae gran parte en tiempo pascual hay que enfocarlo entendiendo a María como el fruto más perfecto de la Pascua, ya que Ella fue la llena de Pascua y si hay alguien que ha recibido plenamente el don del Espíritu es María.
El Ave María es sin duda la oración dedicada a la Virgen más popular y extendida en todo el orbe católico. La primera parte de la oración recoge el saludo del ángel, del enviado del Señor, en el momento de la Anunciación. Es una alabanza en la que usamos las mismas palabras del embajador de Dios. Es Dios mismo quien, por mediación de su ángel, saluda a María (Lc 1, 28). "Llena eres de gracia, el Señor es contigo". A continuación se añade el saludo de santa Isabel: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". Isabel dice estas palabras llena del Espíritu Santo (Lucas 1, 42), y así se convierte en la primera persona dentro de la larga serie de las generaciones que llaman y llamarán bienaventurada a María. Después, el Avemaría continúa con nuestra petición: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. María nos entrega a Jesús, su Hijo, que muere por nosotros y por nuestra salvación en la cruz y, desde esa misma cruz, Jesucristo nos da a María como Madre nuestra (Juan 19, 26-28); María es Madre de Dios y Madre nuestra, y por eso podemos confiarle todas nuestras preocupaciones y peticiones, porque sabemos que Dios no le va a negar nada (Juan 2, 3-5) y al mismo tiempo confiamos en que tampoco nos lo va a negar a nosotros si es para nuestro bien. El papa Juan Pablo II nos explica claramente el contenido del saludo de Isabel a su prima en la Carta Encíclica “Redemptoris Mater” (nº 12) y asimismo el Catecismo de la Iglesia católica, en sus números 2676 y 2677 nos ilustran suficientemente sobre el contenido y significado de la oración mariana más bella y conocida.
El Ángelus tiene una estructura sencilla y está inspirado en las Escrituras. Recibe ese nombre por ser esa palabra en latín por la que comienza la oración. El Ángelus es "una invitación a conmemorar el misterio pascual, pues a partir de la noticia de la Encarnación del Hijo de Dios, pedimos ser llevados por su Pasión y su cruz a la gloria de su Resurrección" (MC 41). Pablo VI en la Marialis Cultus lo recomienda especialmente pues santifica los distintos momentos de la jornada ya que se debe rezar tres veces: en la mañana, mediodía y tarde aunque el rezo al mediodía es el más extendido. Es una invitación a los hombres a hacer una alto en su trabajo y consagrarlo al Señor con la oración. En tiempo pascual se sustituye por el Regina Caeli.
La Salve Regina es una oración muy antigua pues ya existía en el siglo XI. La Salve es una oración que gusta por su brevedad y sencillez, por su ternura y profundidad, en la que se entrelazan de modo admirable la tristeza del peregrino y la esperanza del creyente. Comienza con un saludo a base de sucesivos piropos: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve”. Enseguida la nombramos con el mejor titulo que posee: Madre y además, misericordiosa. Vida, dulzura, esperanza son piropos de cariño destinados a ganarnos su benevolencia. Continuamos pidiendo su mediación: “A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. La Madre es nuestra abogada, la que siempre nos ampara: “Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”. Si la Virgen no nos ayuda y ampara ¿Quién lo hará? A continuación le hacemos la única petición que contiene la oración: “y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Termina la oración con una coda: ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! La coda, atribuida a san Bernardo, es el broche final y la despedida de esta hermosísima oración que concluye de modo magistral pronunciando simplemente el nombre de María.
El Rosario es una práctica piadosa definida como el Salterio de la Virgen y que tiene una índole evangélica como compendio de todo el Evangelio. El Catecismo nos dice que en su origen fue una sustitución popular de la Oración de las Horas. Es la devoción mariana por excelencia y el papa Pablo VI lo recomienda muy especialmente en la MC: "Favorece la oración contemplativa, que es a la vez alabanza y súplica, y han ensalzado su eficacia a la hora de promover la vida cristiana y el empeño apostólico" (MC 42). Históricamente se atribuye su invención a santo Domingo de Guzmán aunque ya se conocía antes su existencia y consistía en el rezo de 150 Ave Marías, como un salterio mariano paralelo a los Salmos que son también el mismo número. Fue el dominico Alano de la Roche quien difunde la anterior atribución y le da gran difusión. Al principio sólo se rezaban Ave Marías, después se introducen la meditación de los misterios, aportación hecha por los cartujos. Alano de la Roche añade el Padrenuestro y propaga la fórmula de quince Padrenuestros y cincuenta Ave Marías. Finalmente fue el papa Pío V quien le dio la forma actual en la Bula "Consueverunt Romani Pontífices" con los quince misterios (gozosos, dolorosos y gloriosos) y el Padrenuestro ya las Ave Marías. Ya en el S. XVII el jesuita español Arias hace mención al uso de la jaculatoria final y del Gloria añadiéndose también en ese siglo las letanías. El papa León XIII, denominado “Papa del Rosario”, ha promulgado varias encíclicas sobre esta devoción y nos dice que el rezo del Santísimo Rosario ha proporcionado grandes beneficios a la Cristiandad. Muy recientemente el papa Juan Pablo II en su carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” publicada el 16 de octubre de 2002 añadió al rezo del Rosario los misterios luminosos como aportación de un Papa mariano por excelencia. Esta devoción ha originado históricamente el nacimiento de múltiples hermandades dedicadas a su promoción contando nuestra ciudad con uno de los mayores especialistas en este tema cuyo libro sobre el Rosario en Sevilla, citado en la bibliografía, recomendamos a todos los lectores.
Terminamos con la recomendación del papa Pablo VI en la MC: "Por su naturaleza, el rezo del Rosario exige una recitación tranquila y un ritmo reflexivo que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca que nadie de Él, y le ayude a descubrir sus insondables riquezas" (MC 47). Los misterios son: Gozosos (lunes y sábados), Dolorosos (martes y viernes), Gloriosos (miércoles y domingos) y Luminosos (jueves).
La adjudicación de días concretos a cada grupo de misterios no es algo inamovible y debe adaptarse a los tiempos litúrgicos. Quiérese decir con eso que, por ejemplo, si un día de Navidad cae en viernes no es propio decir los misterios dolorosos por ser un día claramente gozoso.
Las letanías, aunque popularmente así se considere, no forman parte del rosario ni son un colofón del rezo del mismo sino una oración independiente. La prescripción del papa León XIII de concluir el rezo del rosario con el canto de las letanías durante el mes de octubre hizo que los fieles asociaran las letanías como una parte final del rezo del rosario. Las letanías son pues, por sí mismas, un acto de culto propio a la Virgen pudiendo ser canto procesional o formar parte de otros actos cultuales. Las primitivas letanías de la Virgen eran las que se cantaban en el italiano santuario de Loreto (de ahí su nombre de Letanías Lauretanas) y Clemente VIII las declaró como las únicas que merecían tal nombre siendo el papa Sixto V quien aprobó las originales en el año 1587. Hoy día la Sagrada Congregación de Ritos es la competente para aprobar las modificaciones habiendo aparecido otras letanías posteriores.
Los escapularios son otro elemento de la piedad popular mariana, especialmente el del Carmen. Su extensión es universal y es un “signo exterior de la relación especial filial y confiada, que se establece entre la Virgen Reina y Madre del Carmelo, y los devotos que se confían a Ella con total entrega y recurren con toda confianza a su intercesión maternal”, tal como el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos indica claramente.
Las medallas, que los fieles gustamos de llevar colgadas al cuello, son asimismo testimonio de fe, signos de veneración a la Virgen María y expresiones de confianza en su protección maternal.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido y Vicette de Hermano Mayor de Jesús Despojado

26.12.06

LA INCENSACIÓN

El rito de incensación expresa reverencia y oración. La materia que se coloca en el incensario debe ser incienso puro o en caso de agregarle alguna sustancia se debe procurar que la cantidad de incienso sea mucho mayor.

En cuanto a la forma de incensar siempre ha de hacerse con movimientos dobles únicamente. Antes y después de incensar se debe hacer una inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa. Con tres movimientos dobles se inciensa: el Santísimo Sacramento (que ha de hacerse de rodillas), la reliquia de la Santa Cruz, las imágenes del Señor que estén expuestas solemnemente (en besamanos por ejemplo), los dones para el sacrificio, la cruz del altar, el Evangelario, el cirio Pascual, el ministro celebrante y el pueblo (donde se incluyen las autoridades que estén presentes de manera oficial y el coro). Con dos movimientos dobles se inciensa en el resto de los casos. Antes y después de la incensación se debe hacer una reverencia profunda a la persona u objeto que se inciensa, a excepción del altar y los dones para el sacrificio de la Misa.

En la Misa se puede incensiar durante la procesión de entrada; al comienzo de la Misa para incensiar primero a la cruz si está sobre el altar y si no lo está cuando pase ante ella, después al altar; en la procesión y proclamación del Evangelio al Evangeliario; en la preparación de los dones, que se inciensan las ofrendas, el altar, la Cruz, al Obispo o presbítero, a los concelebrantes y al pueblo. También se inciensa, de rodillas, en el momento de mostrar la hostia y el cáliz, después de la consagración. En la bendición con el Santísimo Sacramento se le inciensa durante el momento mismo de la bendición, colocándose el turiferario ante el altar de rodillas como en la consagración. Las imágenes se inciensan sólo al comienzo de la celebración, no en el ofertorio.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

15.12.06

LOS SIGNOS DE REVERENCIA: LAS POSTURAS

La Ordenación General del Misal Romano (OGMR) da unas normas claras de las posturas corporales que hay que adoptar durante la Eucaristía. Para el Misal Romano "la postura uniforme, seguida por todos los que toman parte en la celebración, es un signo de comunidad y unidad de la Asamblea" (OGMR nº 42).

Las posturas corporales que el Misal Romano indica(OGMR 43) son las que resumimos a continuación:

* DE PIE estaremos desde el canto de entrada hasta el final de la oración Colecta; durante la lectura del Evangelio y el canto del Aleluya que le precede; durante la profesión de Fe (Credo) y la oración de los Fieles; desde que empieza la oración de las ofrendas hasta la consagración; después de la consagración hasta después de la comunión y desde la oración de después de la comunión hasta que el sacerdote abandona el altar. Todas las oraciones deben oírse de pie como actitud de respeto y buena disposición. Esta generalizada la costumbre (errónea) de oír sentados la oración sobre las ofrendas.

* SENTADOS estaremos durante las lecturas que preceden al Evangelio, incluido el Salmo responsorial; durante la homilía; mientras se hace la preparación de los dones en el ofertorio y a lo largo del silencio posterior a la comunión.

* DE RODILLAS estaremos solamente durante la Consagración, aunque por razones de edad, incomodidad del lugar o aglomeración que lo impida se podrá estar respetuosamente de pie.

Fuera de las posturas propias de la Misa hay otras posturas reverentes que pasamos a relacionar. Se pueden adoptar dos clases de posturas corporales: la inclinación y la genuflexión.
La inclinación indica reverencia y honor a las personas o a lo que representan y puede ser de dos tipos: inclinación de cabeza e inclinación de cuerpo o profunda, se hace desde la cintura. La inclinación de cabeza se le hace al nombre de Jesucristo, de la Virgen y del santo en cuyo honor se celebra la Misa. Se debe hacer reverencia profunda en el Credo o Símbolo al iniciarse las palabras “ Y por obra del Espíritu Santo...” arrodillándonos si es la Solemnidad de Navidad o la fiesta de la Anunciación del Señor. Asimismo la bendición presidencial que concluye la Misa se debe recibir con inclinación de cabeza.
La inclinación de cuerpo o reverencia profunda se le hace al altar cuando no está allí el Santísimo; también se debe hacer inclinación profunda cada vez que se sirva al obispo o se pase por delante de él; se hace antes y después de las incensaciones y en algunas otras ocasiones en que está dispuesto. Deben hacer inclinación profunda al altar que simboliza a Cristo y no al sacerdote como equivocadamente se hace a veces todas aquellas las personas que suban al presbiterio para realizar alguna función como por ejemplo los lectores o los que van a hacer las peticiones de la Oración Universal de los Fieles, que vulgarmente llamamos preces, tanto al llegar como al marcharse.

La genuflexión se hace siempre con la rodilla derecha llevándola hasta el suelo y significa adoración. Por ser signo de adoración está reservada al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la liturgia del Viernes Santo.

En resumen, se debe hacer genuflexión cada vez que pasemos por delante del Santísimo Sacramento e inclinación profunda al altar todos los que se acercan al presbiterio o se alejan de él (por ejemplo los que se han acercado para hacer alguna lectura o petición).
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

LAS FIESTAS DEL SEÑOR: NATIVIDAD

Un ciclo o importante del año litúrgico se nuclea en torno a la festividad de la Natividad del Señor, fiesta fija, que celebramos el 25 de diciembre, Navidad.
La Iglesia celebra el Nacimiento desde el año 336, por disposición del papa san Julio I aunque en realidad no se sabe con exactitud la fecha del Nacimiento (en cualquier caso parece ser que fue unos años antes de los que normalmente consideramos) y ni siquiera si fue o no en invierno. Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta construye santa Elena la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el S. IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos y que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que tenía su templo romano en el Campo Marzo y que el emperador Adriano impuso.

El elegir esta fecha (solsticio de invierno) tiene un simbolismo. Al acabar el otoño el sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y justamente al comenzar el invierno comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, Sol naciente que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar. Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del Sol (fiesta pagana) los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y Sol que ilumina a todos los hombres. Se introduce y generaliza posteriormente la costumbre romana de la Misa de medianoche (la tradicional Misa del Gallo), que se empezó celebrando en la basílica romana de Santa María la Mayor (basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén).

La Navidad es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente la figura de san Francisco de Asís cuando en el año 1223 hace representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular y que las cofradías sevillanas montan con gran cariño en época navideña. La cena navideña en familia, la asistencia a la Misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy entrañables y queridos por el pueblo cristiano.

Hoy en día, sin embargo, se está dando justo el fenómeno contrario de lo que fue el origen de la Navidad. Si los primitivos cristianos tuvieron la valentía de "cristianizar" una fiesta pagana, (inculturación en términos antropológicos) hoy en día nuestra sociedad secularizada está "paganizando" una fiesta religiosa, convirtiendo los días navideños en época de consumo desenfrenado y vacación frívola, perdiendo el sentido de celebración religiosa.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

LOS MINISTERIOS LAICALES: EL LECTORADO

Los Ministerios Laicales que hoy día pueden instituirse han quedado reducidos a dos: Lectorado y Acolitado. Etimológicamente, la palabra acólito procede del griego y significa compañero, derivada a su vez de la voz camino, en referencia al camino que se recorre en compañía. La figura del acólito está recogida desde tiempos pretéritos en los rituales celebrativos de la iglesia, no en vano hay documentos del siglo XVII en los cuales se hace ya referencia a su figura, funciones y atuendo. En cuanto a las cofradías hay también referencias en las mismas fechas con funciones similares a las de hoy.
Mediante el motu propio Ministeria Quaedam (15-VIII-72) el papa Pablo VI suprimió el subdiaconado y las cuatro órdenes menores (Ostiariado, Lectorado, Exorcistado y Acolitado), estableciendo en su lugar los ministerios antes citados de Lectorado y Acolitado. Se establece así una frontera clara y diáfana entre ministerios ordenados (que se confieren mediante la imposición de manos) y los demás ministerios, que pueden ser instituidos o simplemente confiados a los laicos, de manera estable u ocasional (caso típico del que sale a leer o a decir unas preces en una ceremonia concreta).
Centrándonos en los ministerios laicales instituidos diremos que se instituyen en una ceremonia litúrgica que establece a un varón como lector, salmista o al servicio del altar como ayudante del sacerdote, como ministro extraordinario de la Comunión y de la Exposición del Santísimo. Esta institución la hace el obispo o el superior de una Orden religiosa generalmente dentro de la Misa. Al lector se le hace entrega de una Biblia y al acólito de patena con pan y cáliz con vino, simbolizando su función.

Las funciones del Lector son :

Proclamación de la palabra, excepto el Evangelio.
Salmista.
Director de canto.
Intencionista en la Oración de los fieles.
Monitor o comentador.
Catequista litúrgico.
Instructor de lectores ocasionales.
Puede ser confiado a mujeres en ciertos casos.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

2.12.06

EL LECCIONARIO

En lo referente a las lecturas de la Misa (OLM) las lecturas de la Biblia que la Iglesia propone a lo largo de todo el año litúrgico se hallan recogidas en los diversos tomos de que consta el LECCIONARIO.
Como criterios generales observados al elegir los textos podemos decir que en los domingos y fiestas se proponen los textos considerados más importantes, a fin de que se cumpla lo que la SC (nº 51) dispone referente a que en un ciclo, en este caso de tres años, se lean a los fieles las partes más relevantes de la Sagrada Escritura. Esto se debe a que la mayoría de los cristianos practicantes suelen tener contacto con la palabra de Dios fundamentalmente en la misa dominical. El resto de la Escritura que no se lee los domingos o fiestas está asignado a los días feriales, siguiendo otros criterios ya que la serie ferial se desarrolla en dos años (pares e impares) durante el tiempo ordinario y en un solo ciclo anual durante los tiempos llamados fuertes, o sea, Adviento-Navidad, Cuaresma y Pascua.

El Leccionario se halla dividido en varios tomos:

* Tomos I, II, III (Ciclos dominicales y fiestas A,B,C)
* Tomo IV: Lecturas para las ferias del T.O “per annum”.
* Tomo V: Lecturas para el Propio y Común de los Santos y difuntos.
* Tomo VI: Misas Votivas y por diversas necesidades.
* Tomo VII: Lecturas para las ferias de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua.
* Tomo VIII: Rituales.
Para las Misas con niños puede existir un Leccionario propio, si así lo acuerda la Conferencia episcopal. En España este leccionario está publicado haciendo el Tomo IX. También han aparecido para las Misas votivas de la Virgen María un Misal con su correspondiente Leccionario. También existe uno especial que contiene el Evangelio de las fiestas más solemnes denominado “Evangelario”, libro que se porta en alto en la procesión de entrada (cuando la hay) y que recibe una especial veneración y respeto.

Para los domingos del Tiempo Ordinario hay establecido un ciclo de TRES AÑOS, conocido por las letras A, B y C. Aquí se procura que la primera lectura tenga relación con los Evangelios, que son también los sinópticos. En el año A se lee el evangelio de Mateo, el año B se lee a Marcos y el año C a Lucas. Dividiendo el año en curso por el número tres si da de resto cero (división exacta) corresponderá a año C. A partir de ahí se deduce que cuando el resto de la división sea uno será año A y si el resto es dos será año B. La Misa dominical comprende pues tres lecturas, que son obligatorias: la primera, del Antiguo Testamento, excepto en Pascua, que es de los Hechos de los Apóstoles; la segunda, del apóstol, o sea, de las cartas y del Apocalipsis, y la tercera evangélica.

Para el Leccionario ferial cada misa tiene dos lecturas, tomadas la primera del Antiguo Testamento o del Nuevo (en el tiempo pascual se toma de los Hechos de los Apóstoles como ya dijimos) y la segunda siempre es del Evangelio. En el tiempo ordinario, en las ferias de las treinta y cuatro semanas, las lecturas evangélicas se distribuyen en un solo ciclo, que se repite cada año. En cambio, la primera lectura se reparte en dos ciclos, que se leen en años alternos: el ciclo I en años impares, y el ciclo II en los pares. En el Leccionario de los santos hay que distinguir una doble serie de lecturas: la del propio de los santos, siguiendo las solemnidades, fiestas y memorias contenidas en el calendario; y la del común de los santos. En el primer caso se trata de textos propios o más adecuados para la celebración de cada santo, y en el segundo de repertorios de lecturas distribuidas de acuerdo con las diferentes categorías de santos (mártires, pastores, vírgenes, etc.).

En los tiempos fuertes de Adviento, Cuaresma y Pascua, las lecturas son siempre las mismas todos los años, habiendo sido elegidas de acuerdo con las características propias de cada uno de estos tiempos litúrgicos. En el tiempo pascual el leccionario ferial toma la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles y el evangelio que se lee es el de San Juan. Los domingos pascuales se lee como primera lectura los Hechos de los Apóstoles y de segunda la primera carta de san Pedro (ciclo A), la primera carta de san Juan (ciclo B) y el Apocalipsis (ciclo C). Los evangelios escogidos nos relatan las apariciones de Cristo Resucitado y pasajes escogidos del Buen Pastor y oración del Señor tras la última cena. Como se observa no hay lecturas del Antiguo Testamento para subrayar que estamos en un tiempo nuevo.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido.