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2.10.22

LAS POSTURAS Y LOS SIGNOS LITÚRGICOS

 Tras el paréntesis vacacional reiniciamos con una serie de artículos que trataran sobre las posturas, los gestos y los signos de reverencia que se emplean en la Liturgia.

Y comenzamos recordando las posturas corporales que hay que tener en la misa.

La Ordenación General del Misal Romano –OGMR– da unas normas claras de las posturas corporales que hay que adoptar durante la Eucaristía. Para el Misal Romano La postura corporal que han de observar todos los que toman parte en la celebración, es un signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para celebrar la sagrada Liturgia, ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad de todos los participantes[1]. De lo anterior se deduce que una postura unánime es también un signo de comunión. 

Las posturas corporales que el Misal Romano indica son las que resumimos a continuación:

* DE PIE Los fieles estén de pie: desde el principio del canto de entrada, o mientras el sacerdote se acerca al altar, hasta el final de la oración colecta; al canto del Aleluya que precede al Evangelio; durante la proclamación del mismo Evangelio; durante la profesión de fe y la oración de los Fieles; y también desde la invitación Orad hermanos que precede a la oración sobre las ofrendas hasta el final de la Misa, excepto en los momentos que luego se enumeran[2].

* SENTADOS En cambio, estarán sentados durante las lecturas y el salmo responsorial que preceden al Evangelio; durante la homilía, y mientras se hace la preparación de los dones en el ofertorio; también, según la oportunidad, a lo largo del sagrado silencio que se observa después de la Comunión.

* DE RODILLAS Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración. La costumbre de algunas personas de permanecer de rodillas durante toda la Plegaria Eucarística debe respetarse.

¿Qué costumbres no respetan estas normas? Pues, por un lado, está la costumbre casi generalizada de permanecer sentados durante la oración sobre las ofrendas. Hay que ponerse en pie al Orad hermanos, no después. Todas las oraciones de la misa se escuchan de pie, que es la postura propia del orante, salvo durante la consagración.

En la consagración, que muchas personas tiene por costumbre permanecer de pie sin motivo aparente, hay que arrodillarse en la primera epíclesis (invocación al Espíritu Santo) y ponerse de pie en la aclamación que la remata, que tiene tres fórmulas que ofrece  el Misal: Este es el sacramento de nuestra fe, dice el presidente y respondemos con la aclamación Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Si el que preside dice: Aclamad el misterio de la redención, la asamblea aclama: Cada vez que comemos de este pan y  bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Y si dice: Cristo se entregó por nosotros la aclamación de la asamblea es:

Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.

Las aclamaciones se dicen de pie, no se puede aclamar de rodillas. De pie es la postura propia para aclamar, como el Aleluya,

Recordamos que también en la vida civil nos ponemos de pie tras un concierto para aplaudir a la orquesta, una representación teatral,  tras el gol de nuestro equipo o una buena faena de un torero.

 

 

 

 



[1] OGMR 42

[2] OGMR 43

11.6.22

LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

 Comenzamos aclarando que, litúrgicamente, la solemnidad está trasladada al domingo, por lo tanto este año de 2022 se celebrará el domingo 19 de junio. La solemnidad es una fiesta variable, que depende del domingo de Pentecostés. Antes de la reforma litúrgica, se celebraba a los diez días después de la solemnidad de Pentecostés. No obstante, en Sevilla y en otras ciudades, como Toledo y Granada, continua saliendo la solemne procesión en jueves, debido al gran arraigo popular de la celebración, procesión a la que se suman representaciones de todas las instituciones y hermandades de penitencia, gloria y sacramentales de la ciudad. Su nombre es el de Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Es una fiesta de origen medieval. Hay dos hechos que influyeron en la creación de esta fiesta: las revelaciones de la beata Juliana de Lieja y el milagro eucarístico acaecido en Bolsena (Viterbo, Italia) en 1263 que consistió en la caída milagrosa de la Sagrada Forma de gotas de sangre al dudar el sacerdote de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, cuando oficiaba misa junto al lago de Bolsena, lo cual hizo aumentar mucho el fervor eucarístico que se produjo a partir del siglo XII.  El papa Urbano IV, mediante la Bula Transiturus de hoc Mundo de 11 de agosto de 1264, la extendió a toda la Iglesia, centrándola en un culto popular. Así pues, la festividad del Corpus se remonta al año 1264, cuando el papa Urbano IV la instituyó por la Bula, siendo Aragón el primer reino español en celebrarla.

La solemnidad se centra en la adoración de la eucaristía en la que Cristo está presente verdadera, real y sustancialmente. Una presencia que se prolonga fuera de la misa en el sagrario. No tiene el mismo sentido que las procesiones eucarísticas que llamamos de «impedidos», en las cuales, de manera solemne, se lleva la comunión en tiempo pascual a los enfermos que la pidan. En el Corpus no se reparte la comunión, es un acto de adoración y reconocimiento de la presencia real y verdadera de Cristo en la Sagrada Forma.

Ese día la colecta se dedica, obligatoriamente, para la caridad.

Peculiar de ese día y la octava, en la catedral de Sevilla, es el baile de los niños seises, con vestidos rojos, ya documentados desde 1508 pero tal como hoy los conocemos datan de 1613 como 10 niños que bailan ante el Santísimo gracias al clérigo Mateo Vázquez de Leca, quien constituyó una fundación para tal fin. En 1665 se incorporó este baile a la Inmaculada y en 1695 se introdujo en el triduo de carnaval. El baile que interpretan los seises, con forma de villancico, aun siendo un sólo baile, tiene como cuatro partes: introducción (con genuflexión descubierta la cabeza), estribillo, copla y repetición del estribillo. El estribillo termina siempre con el toque de castañuelas por parte de los niños seises.

En la liturgia de esa solemnidad es característica la Secuencia Lauda, Sion, Salvatorem que se lee o canta actualmente antes del Aleluya. En la Liturgia actual sólo han quedado cuatro Secuencias: de la Pascua, Pentecostés, Virgen de los Dolores y la del Corpus. La Dies Irae para las misas de Requiem de difuntos se suprimió tal vez por su sentido apocalíptico.

Y termino con una anécdota referida precisamente a la Secuencia.

El papa Urbano IV dispuso que se compusiera un Oficio, como también lo propio a la Misa de la solemnidad. Solicitó a los más brillantes teólogos que elaboraran una composición en honor del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo y la presentaran días después, con el fin de escoger la mejor. Célebre se hizo el episodio ocurrido durante la sesión. El primero en exponer su obra fue fray Tomás de Aquino. Serena y tranquilamente, desenrolló un pergamino y los circundantes oyeron la declamación pausada de la Secuencia compuesta por él.

Fray Buenaventura, franciscano, al escuchar aquella composición de fray Tomás tomó su composición y la rasgo en dos. Los demás teólogos lo imitaron, rindiéndole tributo de esta manera a fray Tomás de Aquino con su hermosa composición. Dicha composición es la que comienza así:

Alaba, Sión, a tu Salvador;

alaba a tu guía y pastor

con himnos y cánticos.

 

5.6.22

PENTECOSTÉS: SIGNIFICADO Y LITURGIA.

 A los cincuenta días después de la Pascua la Iglesia celebra, como solemnidad, Pentecostés, la venida del Espíritu sobre el Colegio Apostólico presidido por la Virgen y que en Andalucía tiene su plasmación festiva con la romería del Rocío, el lunes de Pentecostés (la Blanca Paloma).

También Pentecostés es una fiesta judía, en la cual el pueblo de Israel conmemora la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley en el monte Sinaí, la Alianza de Yahvé con el pueblo judío a los cincuenta días de su salida de Egipto.  Al principio se llamaba fiesta de la cosecha o de los primeros frutos, celebrándose a los 49 días de Pascua, y al incluir los rabinos en el cómputo de días el mismo día de Pascua la llamaron fiesta de los cincuenta días que es lo que en definitiva significa en griego Pentecostés. En España la llamamos también Pascua granada, términos que al igual que el de Pascua florida para Resurrección son inequívocamente agrícolas. 

En la Iglesia Católica sólo es festivo actualmente el domingo de Pentecostés, habiéndose suprimido primero la octava desde 1970 en que pasó a tres días y posteriormente sólo al lunes, día grande en el Roció. El sentido actual de la fiesta de Pentecostés hay que enmarcarla como final del ciclo pascual, como colofón de la cincuentena y no como una segunda Pascua. Hay que evitar que parezca una fiesta aparte, sin relación con el ciclo pascual del cual se convierte en su final. No es tampoco una fiesta del Espíritu Santo, muy presente ese día, sino la culminación de ese único gran día festivo que es la Pascua.

La recientemente pasada solemnidad de la Ascensión del Señor, que antes se celebraba a los 40 días de la Pascua, se pasó al domingo siguiente, y era uno de los «tres jueves que resplandecen más que el sol», junto al Jueves Santo y al Corpus Christi. En la actualidad hay cuatro domingos consecutivos con solemnidades importantes del Señor relacionadas con el ciclo de Resurrección: Ascensión, Pentecostés, Santísima Trinidad y Corpus, estas dos últimas ya en el llamado Tiempo Ordinario. Asimismo, en España se celebra el jueves posterior a Pentecostés la fiesta de Jesucristo como Sumo y Eterno Sacerdote, introducida para España en 1973. Estamos pues en la época más densa del ciclo de las fiestas del Señor.

La liturgia nos ofrece en Pentecostés Misa para la vigilia y para el día. En el leccionario del día la primera lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles: «Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar». Hermosísimo es el salmo: «Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra». Todas las lecturas hacen referencia al Espíritu que se nos envía. El evangelio de Juan nos presenta a Jesús apareciéndose en el Cenáculo y exhalando su aliento sobre los apóstoles. Característica de este día es la lectura de la invocación al Espíritu Santo en la llamada «Secuencia» que comienza: “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo”, que se lee antes del Evangelio. Con Pentecostés se acaba el tiempo pascual y comienza la segunda parte del Tiempo Ordinario, que nos llevará a un nuevo Adviento.

Las vestiduras de los ministros (casulla y estolas) ese día son rojas. Terminamos relacionando los siete dones y los frutos del Espíritu Santo. Como dones: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, y Temor de Dios. Los frutos del Espíritu Santo: Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Longanimidad, Bondad, Benignidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia y Castidad.

¡Que el Señor los derrame en abundancia sobre nosotros!

29.5.22

EL RITO DE LA INCENSACIÓN III

Terminamos esta serie de artículos sobre la incensación con unos consejos prácticos dirigidos al turiferario.

El turiferario debe tener en cuenta que el incienso siempre lo pone el sacerdote que preside y lo pondrá antes de cada momento en que tenga que usarlo. Así pues, el turiferario ofrecerá en los momentos oportunos el incensario al sacerdote. Debe saber que el sacerdote bendecirá el incienso recién impuesto, sin decir nada, por lo que debe esperar a este rito para retirar o entregarle el incensario.  De igual forma el turiferario (sea diácono o acolito) siempre hará reverencia a la persona que vaya a incensar, antes y después de realizada la acción –sólo incensará, si procede, al sacerdote, al pueblo y en el momento de la ostensión del Pan y el Vino recién consagrados. No debe hacer reverencia en el momento de ofrecer el incensario para que se ponga incienso sino solamente cuando va a incensar, excepto si sirve al obispo. Si hay presencia de diácono, el turiferario se limitará a pasárselo en los momentos oportunos y en este caso su misión se limita transportar el incensario, darlo y retirarlo. También debe saber que, salvo los momentos prescritos para incensar, el resto del tiempo no debe mover el incensario.
Hacemos un recorrido por su servicio en el supuesto, el más frecuente, de que no haya diácono.
a) En la sacristía ofrecerá el incensario al sacerdote para que éste ponga incienso.
b) En la procesión de entrada, el turiferario abre marcha. Lleva el incensario con su mano derecha, moviéndolo de atrás para adelante, siempre en el sentido de la marcha y nunca de derecha a izquierda, para evitar golpear a otros. Su mano izquierda irá colocada en el pecho. A su izquierda va el portador de la naveta.
c) Al llegar al presbiterio hace reverencia al altar y sube por su izquierda, colocándose en un lugar discreto. Al llegar el sacerdote le ofrece el incensario para que ponga incienso y se lo entrega para que el sacerdote inciense al altar, la cruz y las imágenes. Acabado el rito recoge de manos del sacerdote el incensario y se retira a su sitio.
d) En el momento del Aleluya el turiferario se acercará de nuevo al sacerdote y se lo ofrecerá para que ponga incienso. En el momento preciso se dirigirá al ambón encabezando la procesión del Evangelio y se situará a la derecha del sacerdote –o diácono– para entregárselo cuando lo pida para incensar al Evangelio, tras las palabras «Lectura del Santo Evangelio según ...». Después lo recoge y se retira. Debe moverlo moderadamente durante la proclamación del Evangelio.
e) Una vez preparadas las ofrendas procede su incensación. En este momento el turiferario se acerca al sacerdote para que ponga incienso. El sacerdote incensará a las ofrendas, a la cruz y al altar, por ese orden, A continuación, entregará el incensario al acólito turiferario. Éste incensará al sacerdote con tres golpes dobles (su nombre técnico sería tres ductus de dos ictus cada uno). Posteriormente incensará a los concelebrantes, si los hubiese, y después, dirigiéndose al centro del presbiterio y cara al pueblo lo incensará, siempre con tres golpes dobles. Primero al centro, luego a la izquierda y finalmente a la derecha. Acabado el rito se retira a su sitio.
f) El último momento del empleo del incienso en la celebración eucarística llega en el momento de la consagración. Tras el santus el turiferario se colocará de rodillas delante del altar e incensará en el momento de la elevación (ostensión) del Pan y del Vino, también con tres golpes dobles. Se levantará tras la elevación del cáliz de manera que en la frase «Este es el sacramento de nuestra fe» y la posterior aclamación del pueblo esté ya en pie. Después se retira a su sitio.
g) Desde ese momento solamente interviene si hay Salve o se canta algún himno a una imagen expuesta solemnemente, ofreciendo el incensario al sacerdote para que inciense a la imagen mariana y retirándolo posteriormente.
h) En la procesión de salida procede igual que en la de entrada.
Como hemos visto, salvo al Santísimo que se le inciensa de rodillas, en los demás casos siempre es de pie.

 

 

18.5.22

EL RITO DE LA INCENSACIÓN II

 No es fácil precisar exactamente cuándo se introdujo el incienso en la Liturgia de la Iglesia. No hay pruebas disponibles que muestren su uso durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, aunque hay referencias de su empleo en el Nuevo Testamento. Lucas, al inicio de su Evangelio, habla sobre el nacimiento de Juan Bautista y escribe:

 En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. 7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. 8Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, 9según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. 

También los Reyes Magos ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra.

La primera referencia de su uso en el servicio de la Iglesia se encuentra en Seudo-Dionisio Areopagita, teólogo y místico bizantino del siglo V y VI. El uso tardío del incienso entre los cristianos tal vez se debió para que el pueblo no lo asimilara como un culto pagano.  

El incienso es un sacramental, utilizado para santificar, bendecir y venerar. El humo del incienso es símbolo del misterio de Dios.

El rito de incensación expresa reverencia y oración. La materia que se coloca en el incensario, debe ser incienso puro o si se le agrega algo, procúrese que la cantidad de incienso sea mucho mayor.

En la misa se usa en estos momentos:

a) durante la  procesión de entrada

b) al comienzo de la misa, para incensar el altar, la cruz y la imagen que esté expuesta de manera solemne

c) para la procesión y al Evangeliario en la proclamación del Evangelio

d) en la preparación de los dones, para incensar las ofrendas, cruz y altar, al obispo o presidente de la celebración,  a los concelebrantes y al pueblo

e) en el momento de la ostensión de la hostia y el cáliz, después de la consagración.

f) En la procesión de salida. Si se canta la Salve u otro himno a una imagen solemnemente expuesta también se la inciensa.

También se usa incienso, como se describe en los libros litúrgicos, a saber:

a) en la dedicación de una iglesia y de un altar

b) en la consagración del sagrado crisma, cuando se llevan los óleos benditos

c) en la exposición del Santísimo Sacramento con la custodia

d) en las exequias de los difuntos.

Además, el incienso se emplea de ordinario, en las procesiones de la Presentación del Señor, del Domingo de Ramos, en la Misa en la Cena del Señor, de la Vigilia pascual para incensar al cirio pascual (se colocan cinco granos de incienso en el Cirio Pascual).

e) en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; en la solemne traslación de las reliquias, y en general, en las procesiones que se hacen con solemnidad.

En Laudes y Vísperas solemnes se puede incensar el altar, al Obispo y al pueblo, mientras se canta el cántico evangélico.

El obispo,  si está en la cátedra, o en otra sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie; el diácono le presenta la naveta y el obispo o presidente toma, de ordinario, tres cucharaditas de incienso, lo coloca en el turíbulo y bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. Después, el diácono recibe el incensario de manos del acólito y lo entrega al obispo para que inciense las ofrendas, la cruz y el altar. Antes y después de incensar, se hace inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa; se exceptúan el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa.

Sobre la manera de incensar, se hace así: con tres movimientos dobles se inciensa al Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas solemnemente, también las ofrendas, la cruz, el Evangeliario el cirio pascual, el obispo o el presbítero celebrante, la autoridad civil que por oficio está presente en la sagrada celebración y el pueblo, sí como el cuerpo del difunto.

Con dos movimientos dobles se inciensan  las reliquias e imágenes de los santos expuestos para pública veneración.

El altar se inciensa con movimientos  sencillos de la siguiente manera

a) Si el altar está separado de la pared, el  obispo lo inciensa pasando alrededor del mismo

b) Si el altar está unido a la pared, el obispo,  mientras va pasando, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar. Si la cruz está sobre el altar o cerca de él, se inciensa antes que el mismo altar, de no ser así,  el obispo la inciensa cuando pase ante ella. Las ofrendas  se inciensan antes de la incensación del altar y de la cruz. El Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas.

Las reliquias y las imágenes sagradas expuestas a la  veneración pública se inciensan después de la incensación del altar. En la misa, sin embargo, únicamente  al inicio de la celebración.

El obispo, tanto en el altar como en la cátedra, recibe la incensación estando de pie, sin mitra, a no ser que ya la tenga. El diácono o el acólito inciensa después a todos los concelebrantes al mismo tiempo. Por último, el diácono o el acólito inciensa al pueblo desde el sitio más conveniente. 

El que preside la Nación, y que viene por oficio a la sagrada celebración, donde existe la costumbre, es incensado después del obispo.

4.5.22

EL RITO DE LA INCENSACIÓN (I)

En una serie de tres artículos vamos a analizar el rito de la incensación. Comenzaremos diciendo que el incienso es una sustancia aromática que se obtiene de ciertos árboles resinosos y se emplea principalmente con fines de culto religioso. La palabra también se utiliza para señalar el humo o perfume que surge cuando se quema el incienso. Del latín «incendere» deriva incensario, y de la raíz griega «thus» proviene turíbulo y turiferario.

 SU USO EN LAS CIVILIZACIONES ANTIGUAS

Las religiones han empleado desde hace mucho tiempo el incienso en sus ceremonias litúrgicas. Heródoto ya da noticias de su uso entre los asirios y babilonios, mientras que en relieves egipcios se representa a los reyes y dioses recibiendo el incienso, como signo de honor y respeto.

 Estos incensarios, con forma de brazo humano, sostenían un cuenco lleno de carbón. El oficiante seleccionaba las bolitas de resina de un pequeño compartimento situado a lo largo y las echaba en el cuenco. Los faraones llegaban incluso a cultivar árboles de incienso, o se importaban las resinas para los templos y tumbas egipcias. Al incienso se le atribuían múltiples propiedades, como la fertilidad o la capacidad de dar la vida.

El incienso significa reverencia y oración, pero en un nivel más profundo evoca incluso la presencia real de la divinidad mediante la creación de la «fragancia de los dioses»[1].

 Los romanos también quemaban incienso y perfumes en sus ritos domésticos durante las celebraciones privadas como bodas y funerales, pero también para solicitar favores o dar las gracias a los dioses.

 EL INCIENSO EN EL PUEBLO JUDIO

El uso del incienso entró extensamente al ritual judío, en el cual se utilizaba especialmente en relación con las ofrendas eucarísticas de aceite, frutas y vino o los sacrificios incruentos. Por mandato de Dios, Moisés construyó un altar del incienso (Éx. 30), sobre el cual se quemaban las especies y gomas más dulces, y la función de la renovación diaria se le encomendó a una rama especial de la tribu levítica (1 Crón. 9,29). El incienso aparece en el Talmud y se menciona numerosas veces en la Biblia. La utilización del incienso en el culto judío continuó mucho después del comienzo del cristianismo y fue una influencia evidente en el uso de la Iglesia católica en las celebraciones litúrgicas.

 Así lo narra el libro del Éxodo: Harás un altar para quemar el incienso; lo harás de madera de acacia. 2Medirá medio metro de largo por medio metro de ancho; será cuadrado y tendrá un metro de alto. De él arrancarán unos salientes. 3Revestirás de oro puro la parte superior, sus lados y sus salientes, y le harás alrededor una cenefa de oro. 4Debajo de la moldura, a sus dos costados, le harás dos anillas, por las que se meterán los varales para transportarlo. 5Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro. 6Colocarás el altar delante del velo que tapa el Arca del Testimonio y delante del propiciatorio que cubre el Testimonio, donde me encontraré contigo. 7Aarón quemará sobre él incienso aromático; lo quemará cada mañana, cuando prepare las lámparas; 8también lo quemará al atardecer, cuando Aarón encienda las lámparas. Será un incienso perpetuo, de generación en generación, ante el Señor. 9No ofreceréis sobre él incienso profano, ni holocausto, ni ofrendas, ni derramaréis sobre él libación alguna. 10Una vez al año Aarón hará la expiación sobre los salientes del altar; con la sangre de la víctima expiatoria hará sobre él expiación una vez al año en vuestras sucesivas generaciones. Este altar será muy santo para el Señor».

 



[1] http://www.historiayarqueologia.com/2016/09/el-incienso-en-el-antiguo-egipto-algo.html

19.3.22

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

 

Estamos en tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua. La Iglesia nos propone la trilogía cuaresmal: ayuno, oración y limosna.

A los días penitenciales y sus normas específicas el Código de Derecho Canónico (CDC) les dedica los cánones del 1249 al 1253. Veamos que nos dice.

1249 Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

1250  En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.

1251  Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. (El Sábado Santo se recomienda).

1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

Así pues debemos considerar como penitenciales todos los viernes del año, no solo los de Cuaresma. La abstinencia y el ayuno pueden ser dispensados por el obispo y, a veces, por el párroco (CDC 1245).

La Iglesia define el ayuno como tomar una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Están excluidos del ayuno y la abstinencia, aparte de los ya excluidos por su edad, también aquellos que tienen problemas mentales, los enfermos, los frágiles, mujeres en estado o que alimentan a los bebés de acuerdo a la alimentación que necesitan para criar, trabajadores de acuerdo a su necesidad, invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente causando enemistad u otras situaciones morales o imposibilidad física de mantener el ayuno.

La abstinencia de comer carne a veces el pueblo la identifica con la palabra vigilia (hoy es vigilia, se oye decir), aunque en sentido estricto la vigila es una noche en vela pasada en oración que antecede a una fiesta. Recordamos que el viernes 25 de marzo de 2022 celebramos la Anunciación del Señor y, por ser solemnidad, no hay que guardar la abstinencia.  

Para finalizar puntualizamos que, dado que la ley del ayuno es única e indivisible, una vez quebrantada (culpable o inculpablemente), se podría seguir comiendo sin que por ello se cometiera una nueva falta. No sucede lo mismo con el precepto de la abstinencia, ya que se faltaría a ella cuantas veces se quebrantara ese día.

 

 

23.12.21

LA NAVIDAD

 Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera. (Antífona de entrada de la misa de la noche)

La iglesia considera a la Navidad como la fiesta más importante después de Pascua de Resurrección y ambas solemnidades celebran octavas. Tiene su tiempo propio, que dura desde Navidad hasta la festividad del Bautismo de Jesús –que celebramos al domingo siguiente a la Epifanía–.

En la Iglesia, la celebración más antigua después de la del Misterio Pascual es la memoria del Nacimiento del Señor y sus primeras manifestaciones, que se realiza en el tiempo de Navidad […] El tiempo de Navidad va desde las primeras vísperas de Navidad hasta el domingo después de Epifanía, o después del 6 de enero, inclusive[1].

En el día de Navidad los sacerdotes pueden celebrar la Eucaristía tres veces, siempre que sea en su hora propia –a medianoche, en la aurora y en el día, circunstancia que se volverá a repetir solamente el día de los difuntos.

En torno al Nacimiento, fiesta fija que celebramos el 25 de diciembre, se nuclea un tiempo fuerte, el tiempo de Navidad. La Iglesia la celebra desde el año 336, por disposición del papa san Julio I, aunque en realidad no se sabe con exactitud la fecha del Nacimiento –en cualquier caso parece ser que fue unos años antes de los que normalmente consideramos por determinados indicios– y ni siquiera sabemos con seguridad si fue o no en invierno. 

Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta santa Elena construyó la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el siglo IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que tenía su templo romano en el Campo Marzo, fiesta pagana que el emperador Adriano impuso al Imperio.

La elección de esta fecha –solsticio de invierno– tiene un simbolismo. Al terminar el otoño el sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y justamente al comenzar el invierno comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, sol naciente, que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar.  Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del sol –fiesta pagana– los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y sol que ilumina a todos los hombres. Posteriormente se introdujo y generalizó la costumbre romana de la misa de medianoche –la tradicional misa del Gallo–, que comenzó celebrándose en la basílica romana de Santa María la Mayor –basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén–.

El color litúrgico es el blanco.

La Navidad es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente la figura de san Francisco de Asís cuando en el año 1223 hizo representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular y que las familias en la intimidad de su hogar, las parroquias, entidades y cofradías sevillanas montan con gran cariño en época navideña.  La cena navideña en familia, la asistencia a la misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy queridos por el pueblo cristiano.

Hoy en día, sin embargo, se está dando justo el fenómeno contrario de lo que fue el origen de la Navidad. Si los primitivos cristianos tuvieron la valentía de cristianizar una fiesta pagana, –inculturación en términos antropológicos– hoy en día nuestra sociedad secularizada está paganizando una fiesta religiosa, convirtiendo los días navideños en época de consumo desenfrenado y vacación frívola, perdiendo el sentido de celebración religiosa. 

 [1] Normas Universales sobre el Año Litúrgico (NUAL) 32,33.

5.12.21

UNA BELLA TRADICIÓN DEL TIEMPO DE ADVIENTO EN EL OLVIDO: LAS MISAS RORATE

La misa Rorate es una misa votiva en honor a la Santísima Virgen, celebrada en el Adviento. Su nombre se refiere a las palabras del introito que empieza con las palabras: rorate caeli desuper (rocíen los cielos arriba) tomada de Isaías (45,8)[1]. Esta misa se caracteriza porque se celebra antes del amanecer y porque la iglesia permanece a oscuras, sólo iluminada por las velas del altar y por las que portan los fieles. La tradición era celebrarla durante los sábados de este tiempo litúrgico, tomando el formulario de la misa de sancta Maria in Sábato. En algunas partes incluso se solía celebrar no sólo los sábados, sino varios días de la semana o, incluso, todos los días de semana, también como misa votiva en honor de Nuestra Señora. El sacerdote lleva vestiduras blancas.

Durante la misa, junto al altar, se pone una vela adornada con una cinta blanca, que simboliza a María, mientras que los fieles llevan velas encendidas, que iluminan la oscuridad del templo y constituyen un símbolo de la esperanza a la llegada de Cristo.

Esas misas han caído en desuso en los últimos años en muchos lugares, pero en algunas naciones continúan celebrándose.

En la audiencia del 14 de diciembre de 2016, el papa Francisco se refirió a esas misas al señalar: El tiempo de Adviento es la ocasión particular para profundizar nuestra fe, para abrir nuestros corazones a las necesidades de los otros y para vivir mejor nuestra vocación cristiana. Para cumplir estos compromisos, los ayuden la oración cotidiana, la contemplación de la Palabra de Dios, la participación en la Misa matutina Rorate y los ejercicios espirituales de Adviento.

La particularidad de estas misas es que son celebradas poco antes del amanecer, porque el Adviento espiritualmente es la espera de la Luz que se hizo hombre y nació en Belén para dispersar las tinieblas. 

Los fieles portan las velas, no solo para iluminar el lugar, sino como símbolo de que la unión de muchas luces individuales repele la oscuridad y las tinieblas. La luz que recibieron en su bautismo no la esconden, como dice Jesús en el Evangelio de San Mateo, sino que sirve para iluminar.

Al final de la Misa se empieza a ver el sol, que ya sube. Amanece un nuevo día, en símbolo que al final del Adviento recordaremos el Nacimiento del Sol que nace de lo alto, como llamó Zacarías a Jesús.

El papa Benedicto XVI recordaba que en el tiempo de Adviento, por la mañana temprano, se celebraban con gran solemnidad las misas Rorate en la iglesia aún a oscuras, sólo iluminada por la luz de las velas. La espera gozosa de la Navidad daba a aquellos días melancólicos un sello muy especial.

¿Se pueden celebrar Misas Rorate en la forma ordinaria? Sí, desde luego. No hay ninguna norma que prohíba celebrar la misa al amanecer, y sin encender luces. Tampoco hay una norma que proscriba a los fieles sostener velas durante la Eucaristía.

¿Cómo se celebraría una Misa Rorate en la forma ordinaria? Programándola al amanecer; no encendiendo las luces del templo; y pidiendo a los fieles que lleven velas encendidas. Se usaría el formulario del Común de Santa María Virgen propio del Adviento (OGMR 376). Y se usarían vestiduras litúrgicas blancas o moradas (OGMR 347)[2].



[1] Rorate, caeli, desuper, et nubes pluant justum, aperiatur terra, et germinet Salvatorem ( Cielos, destilad desde lo alto la justicia, | las nubes la derramen, | se abra la tierra y brote la salvación, | y con ella germine la justicia. | Yo, el Señor, lo he creado).

[2] Fuente: https://liturgiapapal.org/index.php/manual-de-liturgia/ritos-durante-el-a%C3%B1o/574-las-misas-rorate.html

29.11.21

EL CALENDARIO LITÚRGICO 2022

 

El domingo 28 de noviembre de 2021 es primer domingo de Adviento, dando pues comienzo un nuevo Año Litúrgico.

Cada año litúrgico comienza siempre en las vísperas del  domingo más próximo al 30 de noviembre, fiesta del apóstol San Andrés.

El domingo pascual, núcleo del año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea, reunido el año 325, que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. La  Pascua de Resurrección es, por lo tanto, una fiesta variable y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) con su final en la solemnidad de Pentecostés y el tiempo cuaresmal (cuarenta y cuatro días atrás si contamos desde el Miércoles de Ceniza al Jueves Santo), además de las solemnidades dependientes del Domingo Pascual y de Pentecostés: Ascensión, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón. 

Este año que comienza es Ciclo C, año par.

En este nuevo año litúrgico, las festividades móviles quedan establecidas así:

Comienza el Adviento

I Domingo de Adviento: 28 de noviembre de 2021.
La Sagrada Familia: Domingo, 26 de diciembre de 2021. Fiesta.
Bautismo del Señor: Domingo, 9  de enero de 2022.  Fiesta. Finaliza el tiempo de Navidad y comienza el Tiempo Ordinario, primera parte.
Comienza la Cuaresma

Miércoles de Ceniza: 2 de marzo de 2022

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor: 10 de abril de 2022.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: 17 de abril de 2022. Comienza el Tiempo Pascual.

Ascensión del Señor: Domingo, 29 de mayo de 2022. Solemnidad.
Domingo de Pentecostés: 5 de junio de 2022. Solemnidad. Termina el Tiempo Pascual y se reanuda el Tiempo Ordinario, segunda parte.
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Jueves 9 de junio de 2022. Fiesta.

Santísima Trinidad: Domingo, 12 de junio de 2022. Solemnidad
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Domingo, 19 de junio de 2022. En Sevilla se mantiene la procesión y Liturgia el jueves anterior, 16 de junio de 2022. Solemnidad.

Sagrado Corazón de Jesús: Viernes, 24 de junio de 2022. Solemnidad
Jesucristo, Rey del Universo: Domingo 20 de noviembre de 2022. Solemnidad

 

La Natividad del Señor (25 de diciembre), Epifanía del Señor (6 de enero), Transfiguración del Señor (6 de agosto) y Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) tienen fecha fija, al  igual que las solemnidades y fiestas de la Virgen María: Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios (1 de enero) y Asunción a los Cielos (15 de agosto).

En el año 2022 el Tiempo Ordinario comprende 34 semanas, de las cuales las ocho primeras se celebran antes de Cuaresma, comenzando el 10 de enero, lunes siguiente a la fiesta del Bautismo del Señor, hasta el 1 de marzo, día anterior al Miércoles de Ceniza. Se reanuda de nuevo el tiempo ordinario con la IX semana, el 6 de junio, lunes después del domingo de Pentecostés, hasta el sábado 26 de noviembre de 2022, vísperas del I Domingo de Adviento del nuevo Año Litúrgico.

Para 2022 el número áureo es el 9; Epacta: XXVII; Letra dominical: b; Letra del Martirologio: H.

 

FIESTAS DE PRECEPTO EN ESPAÑA
- 1 enero: Santa María, Madre de Dios.

- 6 enero: Epifanía del Señor.

- 19 marzo: San José, esposo de la bienaventurada Virgen María.

- 25 julio: Santiago, apóstol.

- 15 agosto: La Asunción de la Virgen María.

- 1 noviembre: Todos los Santos.

- 8 diciembre: Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María.
- 25 diciembre: La Natividad del Señor.

Todos los días anteriores se celebran como solemnidad.

 Cada diócesis debe añadir las fiestas que acuerde el obispo. La Iglesia considera como días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.

Recordamos que son días de abstinencia TODOS los viernes del año, no sólo los de Cuaresma (excepto si coinciden con alguna solemnidad), que puede sustituirse por  cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales. Ayuno y abstinencia son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia obliga a todos los mayores de 14 años en adelante y la del ayuno a los mayores de edad hasta los 59 años (CDC cánones 1249 y siguientes).

 

LIBROS QUE SE UTILIZAN DURANTE ESTE AÑO

Liturgia de las Horas
Volumen I, II, III y IV.

Misa
Misal Romano.
Leccionario dominical I-Año C
Leccionario II: Ferias de Tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Leccionario III-Año par: Ferias del Tiempo Ordinario.

Leccionario IV: Propio de los santos y misas comunes.

Leccionario V: Para las misas rituales y de difuntos
Leccionario VI: Para las misas por diversas necesidades y votivas

Oración de los fieles.

Libro de la Sede.