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8.5.07

LAS MISAS DE DIFUNTOS

La OGMR trata en su apartados del 379 al 385 sobre la Misas de difuntos.
Dice así: “El sacrificio eucarístico de la Pascua de Cristo lo ofrece la Iglesia por los difuntos, a fin de que, por la comunión entre todos los miembros de Cristo, lo que a unos consigue ayuda espiritual, a otros les otorgue el consuelo de la esperanza”.

Entre las Misas de difuntos, la más importante es la Misa exequial que se puede celebrar todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el Jueves Santo, el Triduo pascual y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua. Debe hacerse una pequeña homilía, excluyendo los elogios fúnebres. Se entiende por Misa exequial (del latín ex-sequi, ex-sequia que significa seguir, acompañar) aquella en la que la comunidad cristiana acompaña a sus difuntos y los encomienda a la bondad de Dios. En sentido estricto sería aquella Misa en la que está presente el difunto recién fallecido o también la primera Misa ofrecida por él.
Si la Misa exequial está directamente unida con el rito de las exequias, una vez dicha la oración después de la sagrada Comunión, se omite todo el rito conclusivo y en su lugar se reza la última recomendación o despedida; este rito solamente se hace cuando está presente el cadáver. También la Misa del primer aniversario del fallecimiento tiene una especial consideración litúrgica.
Así pues, la Misa de difuntos, después de recibida la noticia de la muerte, o con ocasión de la sepultura definitiva o la del primer ani­versario, dice la OGMR que puede celebrarse en la octava de Navidad y en los días en que hay una memoria obligatoria o en una feria que no sea el miércoles de Ceniza o una feria de Semana Santa.
Las otras Misas de difuntos, o Misas «cotidianas», en las que solamente se hace mención del difunto en las oraciones se pueden cele­brar en las ferias del tiempo ordinario en que cae alguna memoria.
Estas Misas se celebran en “sufragio” de los difuntos. Sufragios son, en lenguaje litúrgico, los actos piadosos que se realizan para ayudar a los difuntos.

El Misal exhorta a los fieles, sobre todo a los familiares del difunto, a que participen en el sacrificio eucarístico ofrecido por él, también acercándose a la Comunión. También han de tenerse en cuenta al ordenar y seleccionar las partes de la Misa de difun­tos, sobre todo la Misa exequial, los motivos pastorales respecto al difunto, a su familia, a los presentes.
Finaliza lo dispuesto sobre las Misas de difuntos exhortando a los sacerdotes a que pongan especial cuidado con aquellas personas que asisten a las celebra­ciones litúrgicas y oyen el Evangelio, personas que pueden no ser católicas o que son católicos que nunca o casi nunca participan en la Eucaristía, o que incluso parecen haber perdido la fe. Se recuerda a los sacer­dotes que son ministros del Evangelio de Cristo para todos.
Jesús Luengo Mena, Lector instituido

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy acertada la frase del final, en la que se recuerda a los sacerdotes que todos somos hijos de Dios. Yo personalmente tengo que decir que en la misa de mi suegro el sacerdote estubo muy desafortunado en su celebracion. Pues parecia que te reñia por no ser conocio en su parroquia o porque no habia gente que cantara sus oraciones. Hay que fomentar que la gente este agusto en la casa del Señor, vayas cuando vayas porque se te van las ganar de volver. Un saludo Anubis

Jaimolas dijo...

Hola, Jesús. No sé si me podrías decir con qué palabras exactas el sacerdote bendice a un difunto en el momento de la sepultura en un cementerio. Es para un guión y me gustaría hacerlo con fidelidad al rito.

Muchísimas gracias.

Carlos dijo...

Si deseas misas permanentes o perpetuas para tus seres queridos difuntos o vivos visita:

http://www.misasperpetuas.org/